La mujer que rescató los sueños de una comunidad

La mujer que rescató los sueños de una comunidad

Septiembre 25, 2017 - 11:30 p.m. Por:
Aura Lucía Mera y Beatriz López
María Victoria Córdoba

María Victoria Córdoba de Piedrahíta (izq.) creó la Fundación CreeSer en el 2008 para atender la población más vulnerable del sector Altos de Menga, en el norte de Cali. Allí, los menores reciben atención que complementa su formación escolar.

Giancarlo Manzano / El País

El último semáforo de la Avenida Sexta se transforma en la vía a Dapa: autos, motos, bicicletas y buses, pasan raudos. La urbanización El Bosque es una más, de clase media alta, con sus casas bonitas, árboles y glorietas.

Nadie mira hacia la colina. Se sabe que el sector hacia arriba se denomina Altos de Menga, nombre sonoro y aristocrático que recuerda los enormes latifundios y algunas haciendas que alguna vez existieron.

El choque con la realidad es abrupto y desconcertante. En ese pie de monte, como una gran metástasis silenciosa se esparce sin control una de las invasiones ilegales más grandes, caóticas y pluriétnicas que alguien puede imaginar.

Durante más de 40 años ha crecido en forma vertiginosa, ante el silencio cómplice de diferentes administraciones que jamás prestaron atención al levantamiento de cambuches y “viviendas” de caña menuda y cartón, sin agua potable, sin alcantarillado y falta de energía.

El último censo que hizo la Fundación CreeSer, con la ayuda de la Universidad San Buenaventura en el 2014, fue de 1200 a 1300 familias. Se cree que la población ha aumentado en más de 10.000 o 15.000 habitantes, y está conformada por desplazados del Chocó, Buenaventura, Cauca, Valle y Nariño, la mayoría indígena y mestiza.

Aumenta la migración afro descendiente y hasta venezolana (actualmente hay la solicitud de admisión para 20 personas del vecino país).

Hambre, promiscuidad, maltrato infantil, desempleo, rebusque, pandillas irreconciliables, fronteras invisibles, abuso de menores, embarazos de adolescentes, padres desconocidos, mamás jóvenes sin brújula ni norte, incapaces de controlar hijos que crecen en medio el caso y del hambre.

La utopía de Mariana

Ese fue el panorama que encontró Mariana Cobo Piedrahíta, a sus 16 años, cuando el colegio privado llevó a toda la clase a visitar esa otra Cali, tan desconocida entonces. Quedó tan impactada que una idea obsesiva, una utopía irrealizable se le metió en el corazón. Llevó a su abuela María Victoria Córdoba Zawadsky de Piedrahíta a conocer y recorrer la montaña invadida, a palpar el desamparo y abandono de sus moradores.

María Victoria le dijo que la ayudaría y se comprometió a que el sueño de una Fundación se hiciera realidad y que esos niños sin esperanzas ni futuro, pudieran cumplir sus metas y sus sueños. ‘Toya’, como le dicen sus compañeras de colegio, cumplió la promesa. Mujer de armas tomar que siempre le ha hecho frente a la vida y a todas las circunstancias.

En una casita de la ladera comenzó a funcionar la Fundación CreeSer, en el 2008, después alquilaron una casa más amplia en El Bosque, cuyo arriendo inicial fue de $650.000. La meta era alta y el desafío todo un reto. Nada de paternalismo ni gotitas de leche para calmar el hambre de conocimiento y el físico.

La Fundación solamente aceptaría niños que estudiaran en las escuelas de la invasión, que no fueran desertores y que cada familia se comprometiera a unirse al proyecto. El fin es complementar la educación escolar y prepararlos para competir en el mundo, la posibilidad de cumplir los sueños irrealizables de unos niños, cuyo único futuro era la desesperanza, el rebusque y hasta la delincuencia.

Plan Padrinos 

Fueron comienzos difíciles. Contra viento y marea. Las familias de Altos de Menga miraban la Fundación con desconfianza. María Victoria y las profesionales que facilitaron las universidades Javeriana y San Buenaventura, para hacer allá la pasantía, subían a menudo hasta la loma para buscar a la gente. “Había el temor de que la guerrilla o Bienestar Familiar les quitaran los hijos”, recuerda.

Invitaron a varios padres de familia para explicarles el propósito de la Fundación. En una de esas reuniones una mujer negra se le enfrento a María Victoria y le dijo: “usted, que es rica, ¿por qué hace esto?”. Ella contestó: “porque yo tuve oportunidades y en lugar de quedarme en casa jugando cartas o viendo novelas, devuelvo lo que recibí ayudando a otros”.

Hubo un cambio integral en los niños y sus familias. Entraron a esas puertas que se abrían para enseñarles a respetarse a sí mismos y a llegar a ser “hombres y mujeres de bien”. Muchos de los primeros jóvenes no cumplieron las bases pedagógicas y los principios de la Fundación, y murieron en peleas de bandas.

María Victoria como una locomotora imparable, se dedico a conseguir financiación de la Fundación. Creó el Plan Padrinos, donde cada miembro se compromete a donar mensualmente $135.000 por cada niño. Sus amigos se ven a gatas para decirle que no. Pero quizás la mayor ayuda es la participación del gran benefactor, el español Óscar Cabrera, presidente del BBVA, quien se enamoró de la Fundación y le dona $90 millones al año.

Los otros aportantes son: Totto, Alquería (que suministra toda la leche), Cine Colombia y la familia Córdoba-Piedrahíta, propietaria de la Clínica Versalles, es decir, hermanos, hijos y nietos de María Victoria pagan cumplidamente su cuota mensual. Carvajal donó $30 millones para el gran concierto de música clásica que se realizó con los niños de la Fundación en la Sala Beethoven. “Estaba la loma entera”, afirma ‘Toya’ con emoción.

Planes futuros

A lo anterior se suman los fondos obtenidos en los show-room, con la venta de trabajos manuales que tejen las señoras del costurero de los martes, que preside María Victoria. En cambio, las manualidades que elaboran las mujeres de la comunidad, como canastos, correas de cuero, etc., contribuyen a aliviar sus propias necesidades económicas. Lo otro es la tienda de ropa de segunda, que está en el primer piso de la sede de El Bosque.

Es que cada vez cuesta más el mantenimiento de la Fundación. La triple alimentación diaria de 220 niños, el salario de 5 personas que hacen el oficio de cocina y aseo y las 10 profesionales, 3 coordinadoras: una académica, una psicosocial y otra administrativa; 7 psicólogas (6 en práctica profesional y una psicóloga líder), que dictan los cursos extraescolares, pedagogía psicosocial, acompañamiento pedagógico, ciencia y tecnología, formación cultural y ciudadana, formación artística y lúdica.

Son diez los niños egresados que hoy son técnicos licenciados. No existe un solo caso de adolescentes embarazadas, mientras en la alta montaña las estadísticas marcan el 20 % de este problema.

Entre los planes a futuro está la compra de un lote, al pie de la montaña, para construir un mega colegio con capacidad de 800 alumnos. “Está casi todo listo, pero no adelanto nada, es mejor cruzar los dedos”, dice esta mujer que fue capaz de devolver la dignidad y la esperanza a toda una comunidad abandonada del Estado y de la sociedad.

La formación recibida por los niños de los Altos de Menga, incluye un esfuerzo por mejorar su autoestima. Se ha creado un hermoso vínculo entre los alumnos del exclusivo y cercano Colegio de la Colina, donde estudian jóvenes de clase alta y los pequeños de las Fundación. Se cruzan proyectos académicos, culturales y deportivos y se ha creado tal hermandad y respeto entre unos y otros, que las profesoras lo consideran como uno de los más grandes logros de la institución.

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