La mitad de la población ocupada en Cali vive del 'rebusque'

Abril 05, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
La mitad de la población ocupada en Cali vive del 'rebusque'

Trabajadores como el que se observa en la gráfica se ven a diario en las calles de Cali. En la ciudad hay 556.000 personas que laboran en la informalidad.

La informalidad es el mercado laboral en el que se mueve la mitad de la población caleña. Las migraciones hacen que las cifras aumenten. La ciudad tiene 556.000 personas en esa condición.

La informalidad laboral, aquella  que se desarrolla  al margen de las reglamentaciones laborales y tributarias del  país, no deja de crecer en las ciudades. Cali tiene hoy 556.000 personas en esa condición, un número que equivale al 47% del total de la población ocupada.

Entre ellos figura Rafael Valencia, un plomero que reside en el barrio El Vallado. Afirma que “le va bien”, pues  es su propio “jefe”  y logra ingresos por encima de $950.000 al mes porque siempre lo llaman sus clientes habituales. 

Sin embargo, Rafael —quien llegó desde La Plata, Huila hace ocho años— admite que su futuro “le preocupa” porque  no cotiza a salud ni pensiones.  Su esposa —quien es empleada doméstica— y sus dos hijos están afiliados al régimen subsidiado de salud, Sisbén. Y eso lo tranquiliza un poco.   

En igual condición están Nelson Tovar y su compañera Rosa María, quienes son nativos de Nariño, y también forman parte del ‘ejército’ de informales que existe en Cali. Residen en un pequeño apartamento arrendado en el barrio República de Israel, y están dedicados al mantenimiento de lavadoras a domicilio de lunes a sábado.

No tienen hijos y tampoco cotizan a la seguridad social. Cuando se enferman van al puesto de salud del barrio. Su mayor preocupación es que la motocicleta en la que se desplazan se vare o que les roben sus herramientas.

 “Ganamos entre $30.000 y $40.000 por cada servicio, y hacemos hasta tres o cuatro por día”, dinero el que dicen, “no lo devengan ni algunos profesionales”. Tales personas, por negligencia o no, enfrentan peligros, pues no tienen vinculación al sistema de riesgos laborales.  

Frente a tal situación, el analista del Banco de la República, Julio Escobar, señala que “por fortuna las últimas medidas del Gobierno están protegiendo sobre todo a las empleadas del servicio doméstico en cuanto a seguridad social”.

 Pero, aún hay miles de ellas que no gozan de ese amparo legal, ya que muchas   planchan, limpian apartamentos, y cuidan niños  por horas, por una tarifa que pactan con quienes las contratan.

Según la más reciente  medición del Dane, el número de trabajadores formales en Cali y Yumbo  pasó de 570.000 —entre noviembre del 2013 y enero de 2014— a 624.000,  mientras los informales saltaron de 551.000 a 556.00. Es decir, que en ese período hubo 5000 personas más bajo esa condición. 

 Por ello la tasa de informalidad representa el 47,11% de la fuerza laboral de Cali compuesta por 1.180.000 personas. Hay tendencia a bajar, pues en el 2013 estaba en un 49%.

  Para Escobar, el fenómeno  de los informales se explica por las permanentes migraciones de familias desplazadas desde la Costa Pacífica, Buenaventura, Cauca, Nariño y el Huila.

 “Es una situación muy complicada, porque Cali sigue siendo una ciudad receptora de inmigrantes y un sueño de progreso para muchas personas pobres sin educación, que finalmente terminan en el ‘rebusque’”, añade.  

De allí que muchos de esos inmigrantes vivan en asentamientos subnormales (invasiones) y deriven su sustento de las ventas de semáforo, en las plazas de mercado, o laborando como meseros por horas en restaurantes que venden los tradicionales almuerzos  o  ‘corrientazos’.

Hace poco, Ana María Rebolledo, directora de Acodres Valle, el gremio de los restaurantes,  indicó que ese sector sí es un gran creador de puestos de trabajo, porque en promedio un restaurante pequeño opera con 7 personas. 

Pero a la vez reconoce que la contratación generalmente no es formal. Solo los restaurantes grandes, de franquicia, o de cadena tienen contrataciones directas.

Frente a lo que viene ocurriendo, el presidente de la Cámara de Comercio de Cali, Esteban Piedrahita, admite que “la economía colombiana, como muchas otras en desarrollo, no genera suficientes empleos de calidad y la gente debe recurrir a la ocupación informal. Es costoso generar empleo formal y requiere niveles de productividad, que por los bajos niveles de formación de muchos colombianos no se obtienen”.

Igual teoría ha planteado John James Mora, director del observatorio Laboral de Cali y Jefe del Departamento de Economía de la Icesi, al señalar que pese a la recuperación del mercado laboral, todavía hay  muchos retos pendientes. 

Presión al mercadoEl constante  fenómeno de la informalidad no solo es una presión para el mercado laboral  de Cali, sino para el propio ordenamiento urbano, pues muchas de las personas en esa condición viven en invasiones. Por ejemplo,  a enero de este año, había en la ciudad 446.000 personas laborando por cuenta propia, la  mayoría sin seguridad social. Entre ellos hay vendedores puerta a puerta, mecánicos, mensajeros y hasta  un oficio hasta hace poco conocido: el de los paseadores de perros.  Todas esas  personas viven del pago de unas tarifas que ellos siempre  pactan con quienes los contratan por horas o días. Dentro de esa composición también hay unas 200.000 personas sin remuneración, o del hogar.

Por un lado, acercar la brecha que existe entre empleadores y academia, para formar el recurso humano que la región demanda, y por otra parte, mejorar la calidad de las ocupaciones.

Un ejemplo de ello es el de Yolanda Mora, quien estudió secretariado ejecutivo en Roldanillo,  pero ante la falta de un empleo y de más capacitación, terminó como manicurista en las tardes en un centro comercial del sur de Cali. La mañana la dedica en ocasiones a vender celulares en un Sanandresito. 

 “Es complicado, pero tengo un hijo y debo sostenerlo. Solo tengo el apoyo de una hermana donde ahora vivo”,  señala. 

Otros se dedican a abrir pequeños negocios de subsistencia como la venta de ropa, bisutería y perfumería —muchas veces con préstamos de familiares y amigos— porque no consiguen un empleo formal, o no tienen la suficiente formación educativa. 

De allí que Gabriel Velasco, gerente seccional de la Asociación Nacional de Empresarios, Andi, señale que “la informalidad es una de las mayores preocupaciones del sector. Es una competencia desigual y desleal que afecta dramáticamente el desarrollo y los resultados generales de las empresas”.

Con base en todo lo anterior, el gran desafío es que  los 556.000 trabajadores informales que existen en Cali pasen a engrosar el mercado formal del empleo. La tarea no es fácil, aunque el mercado laboral sigue mejorando.

Los avances del empleo Hasta hace algunos meses, Cali era una de las ciudades con mayor desempleo en Colombia. Pero esos indicadores han ido mejorando a la par con la situación económica y la llegada de más inversión a la región. Tanto que el reciente informe del Dane ubicó a la capital del Valle con una tasa de desocupación de 12,8 % entre diciembre del 2014 y febrero pasado, 1,4 puntos menos que en igual lapso del año anterior. Eso significa que hoy la fuerza laboral de la ciudad es de 1.180.000 personas, superior. El sector del comercio, restaurantes y hoteles fue el que más le aportó al empleo de Cali-Yumbo con 44.000 personas más ocupadas, pues se pasó de 347.000 trabajadores a 391.000, en el periodo analizado. Sin embargo, Gabriel Velasco, gerente seccional de la Andi, recalca que “la industria es unos de los sectores que ha influenciado positivamente este indicador, con la llegada de algunas, el ensanche de otras y a raíz del fortalecimiento y crecimiento de la producción”. Una tendencia que se espera siga por el resto del año, aunque la informalidad seguirá presionando.
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