La madre Laura, primera santa colombiana, tiene familiares en Cali

Mayo 11, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Meryt Montiel Lugo | Reportera de El País
La madre Laura, primera santa colombiana, tiene familiares en Cali

De izq. a der: Carlos, Miguel Ángel Montoya (papá), Alberto, Miguel, Juan Manuel, Sofía (mamá), María Cecilia (q.e.p.d.) y Sofía Teresa.

Mientras Alberto Montoya lee la autobiografía de su tía abuela, Carlos carga imagen de la religiosa en la billetera.

Son descendientes directos de la primera colombiana que se convertirá en santa, pues su abuelo, Juan de la Cruz Montoya Upegui, era hermano de la Madre Laura.Carlos y Alberto Montoya, residentes en Cali desde que eran muy niños, son hijos de Miguel Ángel Montoya, sobrino de la religiosa antioqueña que este domingo será canonizada por el papa Francisco en una ceremonia que tendrá lugar en la Plaza de San Pedro, en Roma. Los demás hermanos Montoya Lozano viven en otras ciudades: Sofía, en Bogotá, y Juan Manuel, el menor de todos, en Pasto. El orgullo que sienten estos sobrinos nietos de la Madre Laura y sus familiares, es muy grande, ya que, como dice riendo Hilda Marina Guerrero, esposa de Alberto Montoya y fans número uno de la Madre Laura, “en todas las familias hay de todo, ¿usted me entiende no?, pero, ¿quién en Colombia tiene una santa en la familia?”. En un apartamento al sur de Cali, en el barrio Las Vegas, donde un sobrio altar en honor a la Madre Laura da la bienvenida a los visitantes, El País conversó con los descendientes de la fundadora de las Misioneras de María Inmaculada y Santa Catalina de Siena, más conocidas como las hermanas ‘lauritas’. De los hermanos que viven en la capital del Valle, el más veterano, Carlos Montoya, de 79 años, fue quien tuvo la oportunidad de conocer en vivo y en directo a la Madre Laura, en Medellín, cuando él apenas tenía 6 años. “Ella estaba sentada en una silla, ya era una mujer robusta, como aparece ahora en la prensa. A mí me llevaron para que la conociera y me contaban sobre todo lo que había hecho: que había ido a evangelizar a los indios y todo”.De lo poco que rememora este pensionado es que la visita se celebró en un cuarto a media luz porque ya estaba anocheciendo, “a ella la veía alta, grande; me habló, pero hablaba pasito, porque ya era vieja, yo creo que ya en esa época no se movía de esa silla de ruedas”.Los dos hermanos Montoya Lozano confiesan que en realidad en su familia no es que se hablara mucho de la Madre Laura, pero que cuando se referían a ella hablaban de la tía monja, de lo que hizo, de sus salidas a enseñarles a los indios.¿Pero, ustedes, hoy le oran mucho a la Madre Laura?Alberto, es el primero en responder: “Orar no. Yo soy poco practicante de la religión, casi nunca voy a misa, pero sí me comunico con la Madre Laura, en mi interior”.Sin embargo, este excontador público y pensionado, por la noticia de la canonización de su tía abuela, se motivó a leer la autobiografía de la religiosa. Compró el libro por “$38.500 en la librería Atenas” y sus lecturas, sumadas a sus conocimientos de antaño, le permiten hoy hablar con propiedad sobre la sufrida vida de la futura santa, desde que era una niña.“A su papá (Juan de la Cruz) lo mataron cuando ella tenía 2 años. Era un médico conservador. Como ella era de piel morena y su hermana (Carmen) era blanca, preferían a la hermana que a ella. No contó siquiera con el cariño de su abuelo, quien la dejaba a un lado, ella se mantenía era con la sirvienta o sola. Le gustaba jugar con las hormigas, le ayudaba a cargas las hojitas. En ese tiempo fue cuando empezó a orar, a comunicarse con Dios, desde pequeña. La mandaron donde unas tías y ellas le hacían la guerra. Cuando quiso estudiar en la Normal los abuelos y tíos le decían que ¡cómo iba a estudiar¡ La vida de ella fue tremenda”. Luego cuando salió de la Normal, continúa Alberto, con una prima de ella dirigieron un colegio y al año la sacaron. La mamá la acompañó para ir a la selva en mula. Les decían: ¿cómo van a irse así? ¡Y se fueron donde los indios! La Madre Laura los defendió y les enseñó respetando su cultura. A ella le decían ‘madre, ahí vienen unos indios desnudos’ y ella respondía: ¿acaso nosotras vinimos a ver cuerpos desnudos? Vinimos a ver almas”. Con una risa pícara, Carlos, el veterano, revela “que ahora que la van a canonizar sí le reza” a la Madre Laura. Pero asegura que desde que la nombraron beata (2004) él carga con la imagen de su tía abuela en su billetera (y saca de su bolsillo la evidencia) y que también tiene estampas de la religiosa en “dos escritorios, debajo del vidrio, en la asociación donde yo voy, la Asociación de pensionados de Icollantas”.No a Roma, sí a JericóJosé Luis Montoya, hijo de Alberto, en medio de la charla, trae a colación una reflexión del periodista Julio Sánchez Cristo, en la ‘W’ hace pocos días: en medio de tanta gente de Colombia que irá a Roma para la canonización, Presidente, políticos, autoridades civiles, eclesiásticas, ¿irá algún familiar de la Madre Laura? José Luis se pregunta y responde también él mismo: “¿El Estado o la Iglesia se dieron a la tarea de buscar quiénes eran los familiares? No, no se hizo”.La verdad es que con la noticia de la canonización, han aparecido familiares de la Madre Laura por doquier. Pero como expresa Carlos, en tono jocoso, “si no son Montoya Lozano, entonces no son”.De todos modos, dice el joven ingeniero industrial, “el árbol genealógico de la Madre Laura está por aquí, por el lado de mi abuelo Miguel Ángel Montoya, hijo de Juan de la Cruz Montoya, el hermano de la Madre Laura”. Es que ellos fueron tres hermanos, precisa José Luis: La Madre Laura, Juan de la Cruz y Carmen. Ni la Madre Laura ni Carmen tuvieron descendencia, entonces quedaron solo los hijos de Juan de la Cruz. Juan de la Cruz tuvo siete hijos y de esos quien tuvo familia grande fue Miguel Ángel. Prácticamente, la descendencia de la Madre Laura por el lado de los Montoya somos nosotros, no hay nadie más”.Los hermanos Montoya y sus familias no estarán en Roma el domingo para la canonización de su tía abuela, pero sí esperan estar en Jericó, el 26 de mayo para el cumpleaños de la Madre Laura. La más entusiasmada es doña Hilda, esposa de Alberto, “hincha furibunda” de la religiosa desde antes de su beatificación. Por eso, se despide de El País con la promesa de traer de Jericó un recuerdo de la Madre Laura, no sin antes mostrar su felicidad porque, “¿Quién en Colombia tiene una santa en la familia?”.

CONTINÚA LEYENDO
Publicidad
VER COMENTARIOS
Publicidad