La historia de los adultos mayores desprotegidos de Cali

Marzo 25, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
La historia de los adultos mayores desprotegidos de Cali

En el ancianato San Miguel, unos 350 adultos mayores tienen atención integral, pese a las dificultades económicas de la institución. Sin embargo, muchos adultos mayores viven en la indigencia y el Estado tampoco les tiende la mano.

Los relatos de Rogelio, Graciela y Jesús Antonio, tres de los ancianos que padecen y se sobreponen a las adversidades en Cali.

Le dieron burundangaRogelio Góyez vende dulces en el centro de Cali, hace más de diez años. Fue pintor de brocha gorda y trabajador de obra blanca. Él narró cómo le echaron burundanga para robarle su mesada. “Hace unos cuatro meses, salí de primero del banco, ese día estoy para cruzar la 13, me encuentro un tipo y me dice: vea... estaba fumando y me echó el humo encima... Me dice: yo soy tinterillo y ahora en diciembre van a hacer un aumento, para anotarlo. Yo le dije, ah bueno. Me dijo, lo invito a tomar un tinto por acá... Ya yo estaba grogui, me fui con él, me tomé ese café y me dijo: camine para acá que está la oficina. Me llevó hasta el CAM, me sentó por allá, yo ya estaba casi inconsciente. Me dijo: páseme la plata, yo la tenía en los zapatos, me desamarré y se la pasé, los $150.000 que me habían pagado. Me dijo: camine que allá queda la oficina y arrancó a correr, y yo medio inconsciente sin saber qué hacía, corrí, pero ahí se me cayó el carné, la cédula, y no supe más de mi vida. Estuve dos días en el hospital inconsciente”.‘Cosiendo’ la vejezGraciela Ramírez Arias: “Trabajé muchos años en alta costura, pero llegó el momento en que esa actividad se desmoronó mucho y me quedé sin trabajo. Yo vivía por Granada y me perdí de las personas con las que había trabajado en boutiques y tiendas y quedé muy sola, sin nada que hacer, sin perspectiva, entonces dije que no me podía encerrar en una pieza a que me mate la depresión, todavía tengo muchas energías , he vivido con los años de acuerdo a como me van llegando y con mucho ánimo de servirle a la gente. Una persona vinculada al ancianato San Miguel me trajo para acá porque aquí hay mucho trabajo que hacer, y así fue, porque hay mucha costura. Todavía coso, es mi escape, tengo que estar haciendo algo. Soy representante de los usuarios. No tengo familia aquí, algunos en Ibagué, otros en Bogotá...”“Toda la vida bebí y fumo cigarrillo”Jesús Antonio Morantes fue mensajero por 27 años en agencias de publicidad de Bogotá. Se vino para Cali porque el frío le hacía daño, puso un taller de tapicería de carros con un amigo, pero dice que “eso se acabó cuando cogieron a los Rodríguez y a los del cartel y se acabó la plata”. Vivía en una pieza en Bataclán, una invasión que está en las faldas del Cerro de las Tres Cruces. Tiene 86 años y no tiene familia, pero dice que no se siente tan viejo como la gente cree, porque “puede que por dentro esté podrido, pero por fuera me siento bien”.“Toda la vida bebí trago y primero quise dejar el cigarrillo y no lo he podido dejar, el trago sí”. Todavía se fuma diez cigarrillos al día. “Me dicen que lo deje y yo digo a quién se lo voy a dejar, si no tengo a nadie”. “No me satisface la comida, no me provoca, yo me tomo un tinto y quedo lleno, soy muy aficionado al tinto y al cigarrillo. Hice quinto de bachillerato, soy apicultor, tengo mi cartón y lo perdí por borrachera”.

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