Cali, la Capital Mundial de la Salsa... y del turismo 'mochilero'

Cali, la Capital Mundial de la Salsa... y del turismo 'mochilero'

Febrero 25, 2018 - 07:55 a.m. Por:
Alda Livey Mera Cobo, reportera de El País 
Mochileros en Cali

Jennifer Ramos muestra las acomodaciones de cama individual en su hostal. Los nidos, más angostos que estos, son como camarotes elevados al aire en un mezanine, con tarifas aún más económicas. Los dibujos son el aporte artístico de los viajeros.

Bernardo Peña / El País

En los últimos años, el 30 % de los visitantes de Cali pasó de la maleta a la mochila a la espalda y del hotel al hostal. Hoy es la capital de jóvenes turistas que vienen a vivir la experiencia de la salsa y la rumba caleña.

Usted se los encuentra en las calles de San Antonio, tradicional barrio que se está llenando de hostales de bajo costo que atraen a mochileros o
‘backpackers’, en especial argentinos, europeos y norteamericanos.


Así, graneadito graneadito, en 2017 sumaron más de 60.000 nuevos visitantes a la ciudad, según cifra de Cotelvalle citada por la Secretaría de Turismo de Cali.

Esos albergues alternativos son los preferidos de huéspedes cuyas edades oscilan entre los 20 y los 25 años de edad, aunque también los hay de 30 y hasta 35 años. “El perfil es de estudiantes que acaban de salir de la secundaria o el ‘high school’ y sus padres les dicen: ‘bueno, te doy un año sabático para que vayas a conocer el mundo y luego regresas para que hagas lo que yo quiero’”, explica Jennifer Ramos, una de tres socios del hostal Zanahoria, en San Antonio.

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Allí hay habitaciones compartidas con capacidad para 38 personas, en camarotes individuales a $23.000 la noche y/o hasta cama doble para parejas, entre $32.000 y $40.000. Todo permanece lleno, pero más apetecidos resultan los ‘nidos’ a $16.000. Como su nombre lo indica, es la nueva invención de la acomodación económica: un camarote unipersonal y angosto, elevado sobre una especie de mezanine, dotado de conector internacional, lámpara y una cortina corrediza para garantizar “la privacidad”.

Si quieren algo más cómodo, están las cápsulas, que son camarotes de dos niveles, en una habitación compartida, pero separados por pared de madera, un poco más anchos que los nidos, y confortables, con persiana frontal.

Este tipo de hospedajes abundan ya en Juanambú, Granada, Miraflores, San Fernando y son los preferidos por el turista mochilero porque le permite cocinar sus alimentos, lavar su ropa y llegar en moto y hasta en bicicleta.

E incluso, les dan facilidades como que los hospeden con su mascota. El Hostal Zanahoria permite incluso compartir la cama con el animal. “He tenido huéspedes que viajan hasta con una rata”, revela Jennifer Ramos, socia del mismo, por lo que usa métodos de desinfección especiales.

También hace la diferencia que es un hospedaje amigable con el medio ambiente: solo permite preparar alimentos veganos, los camarotes son de madera reciclada, pero – una paradoja–, es permitido fumar.

Mochileros en Cali 1

Lara Dolezalek-Frese aprovechó su paso por Bogotá para conocer Cali. Rodrigo Loyola, chileno, incluyó la ciudad en su ruta por Colombia.

Bernardo Peña / El País

A los mochileros lo que los atrae es la salsa. Llegan buscando clases gratuitas de ese ritmo frenético y eufórico, o espectáculos del mismo, porque les encanta observar a los caleños hacer gala de su vocación pachanguera y estilo para bailar ‘arrebatao’.

Lo dice Lara Dolezalek-Frese, una alemana que está de intercambio en Bogotá hace siete meses. “Si vienes a Colombia, Cali es una ciudad que debes visitar”, afirma sonriente mientras disfruta del sol y la brisa de San Antonio. Le acompaña Rodrigo Loyola, un turista chileno que acaba de conocer en el Hostal El Patio, el único con calificación de 9,7 en ‘Booking’ y precios desde $20.000, destaca ella.

Lara, Rodrigo y otros visitantes más de El Patio ya tomaron clases gratis de salsa con profesores muy amables, fueron a bailar a La Topa Tolondra –pese a ser martes, lo encontraron lleno de extranjeros– y subieron al Cerro de las Tres Cruces y ‘al Cristo’ (Cristo Rey), donde les gustó ver tanta gente haciendo deporte.

“Nos pareció súper rico, los caleños son muy amables, la ciudad es muy bonita, en el hostal nos han atendido muy bien, los dueños son muy simpáticos”, dice Lara en perfecto español añadiendo que lleva tres días y quizás se quede un tiempo más.

Estos valores agregados hacen que muchos lleguen de paso y terminan quedándose hasta dos meses. Una ciudadana española vino por dos días, y prolongó su estadía una semana.

Cali y Colombia es un punto de partida para los mochileros que empiezan a recorrer Suramérica de norte a sur. O de llegada para los que arrancan desde el sur y empiezan su viaje de regreso, explica Carolina Martínez, propietaria del Hostal Lulo, sitio preferido de franceses y argentinos.

Como una joven pareja gaucha, Elián Garipez y Elizabeth Tenuto, que subía por Suramérica, y en Ecuador pensaban viajar directo a Cartagena, pero unos chicos colombianos les dijeron que era ‘pecao’ no conocer Cali. Y se quedaron cuatro noches.

De regreso de Cartagena, volvieron a hacer escala en Cali y se llevaron la impresión de una ciudad cálida, limpia, mucho más barata que La Heroica, y tranquila. “Mucha gente nos decía que Cali era violenta, peligrosa, quizás hay una sobrepreocupación por ello”, dice Elián al contar que fueron al estadio, compraron frutas en la galería Alameda, caminaron por El Peñón, subieron al Cerro de las Tres Cruces...

Hay quienes cuestionan que el turismo de mochila no le deja mayores ganancias económicas a la ciudad. Uno de los administradores de los hostales visitados sostiene que los ingresos son variables, pero en promedio les puede dejar utilidades netas de dos a tres millones de pesos mensuales.

Los consultados coinciden en que el hostal es una tendencia de mucha ocupación, e incluso, admiten que se mueve más en eventos culturales como el Petronio que en la Feria de Cali, porque el Festival es gratuito.

“El huésped extranjero no invierte tanto en eventos de la Feria, como sí lo hace el colombiano que viene de Medellín o Bogotá a conciertos y desfiles”, comenta Carolina Martínez, quien también recibe visitantes nacionales en su hostal Lulo. Tampoco asisten a los grandes espectáculos ni consumen en los restaurantes reconocidos.

La secretaria de Turismo de Cali, Martha Lucía Villegas, destaca el aumento de visitantes, pues Cotelvalle reportó un promedio de 4000 huéspedes por semana en 2017 en Cali, para un estimado de unos 208.000 visitantes, y el 29,1 % se hospedó en hostales, es decir, más de 60.000.

La funcionaria admite que así el aporte económico del turista de hostal no sea tan grande, “ellos son importantes porque están conociendo la ciudad, son multiplicadores que le dan visibilidad a esta capital y le cuenten al resto del mundo qué pasa en Cali”.

Villegas argumenta que así los consumos del turista mochilero no sean tan significativos, igual mueven la economía: por ejemplo, compran los alimentos en una tienda, supermercado o galería; caminan mucho, pero también viajan en MÍO y en taxi.

En su opinión, no le hacen competencia ni le quitan mercado a los hoteles, porque son un segmento específico, distinto al huésped del turismo de reuniones (congresos, seminarios, eventos, etc.) o vacacional.
El primero gasta en promedio US$360 diarios (alojamiento, transporte, alimentación, etc.); el vacacional consume menos de US$150, mientras que el de hostal está por debajo de US$50 al día.

Lara Dolezalek-Frese y Rodrigo Loyola lo confirman: la alemana dice que al día, tiene presupuestado no gastar más de US$25. Para el chileno, US$30 diarios es su techo.

“El turista de hostal busca es tener una experiencia, construir un destino por tres días, así terminen quedándose un mes, pero todos los visitantes son positivos porque mueven el empleo y la economía. Para nosotros es importante que toda la gente quede contenta con la ciudad y vaya a multiplicar lo que conoció con otros países”, sostiene la Secretaria de Turismo.

Mochileros en Cali 2

Elián Garipez y Elizabeth Tenuto, de nacionalidad argentina, estuvieron en Cali, primero, de paso hacia Cartagena, y luego, de vuelta a su país.

Bernardo Peña / El País

Hay más hostales

Según Hola Colombia, la agremiación de hostales, en Cali tenemos 99 de estos albergues alternativos, de los cuales hay 16 agremiados como Hola Valle.

Hola Valle está haciendo un trabajo importante en acreditación y capacitación para que los demás entren a la normatividad turística y se unan al gremio.

La mayoría están formalizados, pero no todos cumplen con la normatividad de turismo.

La Secretaría tiene cuatro puntos de información turística en Cali y en 2017 se atendieron 5091 visitantes que solicitaron información.

“Vamos a fortalecer estos puntos de información, porque nos interesa que todos tengan la misma narrativa o discurso de ciudad al
de los hoteles, promoviendo los mismos sitios y eventos”, dijo la secretaria de Turismo de Cali, Martha Lucía Villegas.

Esta semana La Secretaría de Turismo lanzará su nueva página web, con la información de sitios turísticos, museos, puntos de información, precios, horarios, sitios para conocer.

¿Por droga?

Los detractores del turismo de mochila critican que algunos de estos visitantes vienen a Cali en busca de drogas a buen precio para consumir. “Muchos vienen a fumar marihuana al piso”, dice un residente de San Antonio.

Un administrador de los hostales consultados revela que en su albergue no es permitido fumar cigarrillo ni ningún otro tipo de sustancia, pero que sí observa que cuando recibe huéspedes extranjeros, los expendedores de alucinógenos comienzan a merodear tratando de buscar clientes.

También reconoce que a veces sí llegan visitantes bastante “descachalandrados” y “malolientes” y cuando dicen que van a buscar precios más bajos que los nuestros, los dejo que se vayan. “También los he tenido, pero como el sitio permanece organizado y bien limpio, ellos mismos se van rápido”, cuenta.

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