La caleña que pasa sus días ayudando a gatos y perros

Abril 27, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción El País
La caleña que pasa sus días ayudando a gatos y perros

En una ciudad donde los casos de abandono animal se cuentan por miles, Erika Betancourt pasa sus días ayudando a gatos y perros en busca de hogar.

En una ciudad donde los casos de abandono animal se cuentan por miles, Erika Betancourt pasa sus días ayudando a estos animales en busca de hogar. Súmate a #PorCaliLoHagoBien.

Erika Betancourt tenía cinco años cuando rescató por primera vez a un cachorro.

Sus padres, quienes rechazaban la idea de tener animales en la casa, tuvieron que ceder ante la terquedad de aquella niña menuda, pues tan pronto devolvían al cachorro la calle, ella lo tomaba entre sus manos, lo arropaba bajo algún trapo viejo y apretando el paso lo llevaba hasta su habitación.  

Ni los regaños ni las advertencias lograron torcer la voluntad de Erika, pues Ricky, el perrito cabezón con patas de canguro, se quedó a vivir en el patio de su casa.

“El vínculo que nos unía era muy especial. Si en la noche lo escuchaba aullar de frio, agarraba mis cobijas, llegaba hasta el patio y me acostaba junto a él”. 

Esa pequeña victoria bastó para que en ella germinara un cariño más profundo hacia los animales, uno más sincero, pues sentía que había algo especial en hacerse responsable por la vida de otro ser. Por eso, muy pronto, empezaron a llegar los gatos. Decenas de gatos.

A sus catorce años, Erika ya descendía por los muros empinados de los caños que emergen cada tanto entre las calles del distrito de Aguablanca buscando felinos abandonados.

Muchos mininos que habían sido arrojados a los canales en bolsas plásticas, costales o cajas de cartón, ni siquiera habían abierto los ojos. La niña llegaba entonces a su casa con los zapatos envueltos en una gruesa costra de lodo, y con una camada de gatos ruidosos y hambrientos entre sus brazos.

Nunca fue su intención adoptar a cuanto gato rescataba de la calle, solo quería brindarles un poco de seguridad y cariño hasta que encontraran una buena familia con la cual gastar en plenitud cada una de sus siete vidas.

-Si los gatos se van a quedar, vas a ser tú quien tendrá que comprarles todo lo que les haga falta-, le había dicho su padre, quien no tardó en adivinar las intenciones de aquella niña testaruda.

Como la mesada que recibía no le alcanzaba para alimentar a todos sus huéspedes, Erika recurrió a los árboles frutales que crecían en su patio para ganar algo más de dinero. Con la ayuda de su madre, rellenaba bolsitas con mango maduro, mango biche y naranja para vender en su colegio.

Todas las frutas se esfumaban antes de terminar la jornada escolar, y solo hasta entonces, Erika se sentaba complacida en un pupitre a contar el dinero con el que podría darles de comer a todos los gatos.

Hoy, a sus 26 años, aquella niña obstinada sigue haciendo cuanta cosa se le ocurre para ayudar a los gatos que deambulan por las calles de Cali.

Ya sea sumándose como voluntaria a jornadas de esterilización u organizando eventos culturales donde espera la donación de alimentos, Erika nunca ha abandonado su vocación de rescatista ni su labor como promotora de la adopción animal.

Tan solo el lunes de la semana pasada cuatro mininos de pelaje atigrado fueron acogidos en su casa, luego de haber pasado varios días a sol y agua.

“Lo más doloroso es que las personas los tiran a los caños o potreros tan pronto nacen, por eso deben pasar por una etapa de cuidado muy intensiva antes de ser puestos en adopción”, cuenta, mientras dice que le es imposible calcular cuántos gatos rescata al año.

“Son demasiados. En una semana pueden ser dos, cuatro o nueve, y todos, absolutamente todos, necesitan darse en adopción”.

Esta labor, en apariencia invisible, pero evidentemente agotadora, es muy importante en una ciudad donde los casos de abandono animal son situaciones que se repiten todos los días a lo largo de todos los años.

Según las cifras que maneja Zoonosis, tan solo en el 2014 fueron avistados cerca de 12.200 animales callejeros, de los cuales 10.700 eran perros y 1.500 eran gatos.

Erika y Carolina Mora se conocieron gracias a Midori, un gato callejero de cuello blanco y orejas negras. Erika lo ofreció en adopción y Carolina le brindó su hogar. Las dos jóvenes coincidieron en su afecto hacia los mininos y su preocupación por brindarles lo mejor, así que empezaron a trabajar juntas.

En septiembre del 2015, Erika, Carolina y cuatro personas más, tuvieron la idea de organizar un encuentro exclusivo donde los gatos fueran el centro de atención.

[[nid:530787;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/04/festigato-org.jpg;left;{(Izq-der) Tatiana Ortega, Erika Betancourt y Carolina Mora son tres de las organizadoras de Festigato.Foto: Anthony Bocanegra | Especial para El País.}]]

Un espacio donde se pudiera incentivar la adopción gatuna, y en donde los amantes de los felinos encontraran todo para sus mascotas preferidas; desde los más típicos accesorios, hasta charlas especializadas sobre comportamiento y cuidado felino.  

“Y nació Festi Gato como un espacio para beneficiar a la comunidad gatuna de Cali. Ese día (30 de abril), en la Universidad del Valle (sede Meléndez), cerca de 200 gatitos serán dados en adopción, estaremos recibiendo donaciones y vamos a estar capacitando a los adoptantes”, dice Carolina, quien es interrumpida animosamente por Erika, “también va a estar Midori. Y va a regalar muchos besos”. 

Festi Gato es un evento organizado por Black Cat, Gatuno, Nuevo aliado, Pet Studio y cuenta con el apoyo de la Universidad del Valle.El encuentro se desarrollará el sábado 30 de abril, a partir de las 8:00 a.m. en la Universidad del Valle, sede Meléndez.Jornadas de esterilización, puntos de adopción gatuna, zona de picnic felino, charlas especializadas, venta de accesorios y estudios fotográficos para tu mascota, serán algunas de las actividades que encontrarás para hacer en Festi Gato.Si desea más información sobre el evento, encuéntrela en Plan Ciudad.
VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad