La caleña detrás de una de las misiones que explora Marte

Octubre 01, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Valentina Valencia / Especial para El País

Con la historia de Diana Trujillo, El País inicia su serie 'De los caleños se habla bien' para destacar a esos coterráneos que brillan en el exterior. La científica habla de su sueño de estar en la Nasa.

Marte fue noticia nuevamente esta semana, luego del anuncio de la Nasa de que hay evidencias que demuestran que allí  hay agua líquida. 

En el Planeta Rojo hay actualmente cuatro misiones recogiendo información  que permite llegar a cada nuevo descubrimiento .

Una de las misiones más desarrolladas y la última que ha sido enviada a Marte es Rover Curiosity. La líder de este trabajo  es Diana Trujillo, una caleña,  ingeniera aeroespacial  de 32 años  que ahora vive el sueño por el que muchos la llamaban “loca”. 

Ella dice que en Marte podría existir la respuesta definitiva sobre el origen del hombre  o  la solución a los problemas de sequía que se viven alrededor del mundo. 

“La diferencia entre lo que hemos anunciado el lunes y lo que hemos encontrado antes es que en el pasado hablábamos de: ‘hubo agua en Marte en algún momento’ y ahora es: ‘sí hay agua en Marte’. Hemos cambiado el tiempo en el que estamos hablando. Este nuevo hallazgo potencia la probabilidad de que sí exista vida. Yo estoy casi segura de ello”, cuenta la científica, diputada del Departamento de Ingeniería del Rover Curiosity. 

De acuerdo con la caleña, la reciente información que se ha obtenido del planeta rojo se resumen en que  “el agua es líquida. En ella hay moléculas de sal con agua cristalizada.  En ciertos momentos del año estas moléculas se calientan y el agua se descarga porque está a más de   10 grados fahrenheit. En el momento que se obtuvieron las fotos que evidencia la presencia de agua en Marte la temperatura era menos de 10 grados. Por eso se evidencia el agua sólida. Hasta el momento no podemos establecer cuánta es la cantidad de agua que existe en Marte”. 

“Rover Cusiosity tiene un itinerario.  Esperamos contar con suerte para que en esos horarios  en que el robot monitorea se logre evidenciar que hay vida, de lo contrario no lo veremos. El tipo de vida que nos podemos llegar a encontrar no es como ‘aliens’, por ejemplo, pero probablemente sí son bacterias o microbios”, explica.

Rover Curiosity es el único robot que tiene la posibilidad de recolectar muestras físicas del planeta rojo. 

Se despierta y duerme,  simulando a un ser humano. 

La única latinoamericana que hace parte de estas misiones espaciales cuenta con emoción el día a día de este “vehículo”, como ella lo llama, el cual ayudó a construir y ahora cuida como si fuese su propio hijo.

“Él se  levanta a las 8:00 a.m. y se acuesta a las 6:00 p.m. Lo volvemos a  despertar  a las 12:00 a.m y de nuevo lo dormimos  a las 2:00 a.m. Así logra recolectar constante  información con sus brazos. Él también tiene muñecas, codos, antebrazos y dedos. En cada uno de sus cinco dedos tiene diferentes herramientas que nos permiten explorar a Marte con más precisión. Por ejemplo, es el único robot de las cuatro misiones que puede realizar excavaciones, en uno de sus dedos tiene lo que comúnmente conocemos como taladro”.

Con este robot, que llegó el 5 agosto del  2012 a Marte, después de un viaje de más de ocho meses, comenta Diana, se han realizado seis excavaciones que han demostrado que en el planeta rojo existen minerales como el hidrógeno, oxígeno y carbono. Esta misión estaba pronosticada para una duración de dos años,  pero se espera que  Curiosity dure diez años más en Marte. 

Para esta científica, que desde pequeña soñó con trabajar en la Nasa, llegar a liderar la misión Rover Curiosity no ha sido una tarea fácil. 

“Siempre le dije a mi papá: quiero ser astronauta y trabajar en la Nasa. Él, al siguiente día de haberme graduado del colegio Los Cañaverales, me envió a Estados Unidos. Yo llegué aquí con el firme propósito de hacer realidad mi sueño. Y eso que sólo llegué con 300 dólares en el bolsillo y sin saber hablar inglés”, comenta entre risas. 

Diana recuerda que todos se burlaban de ella por querer ser una mujer científica. 

“Yo amo a mi papá, pero en algún momento  le dije:  voy a aplicar a la Nasa. Él me contestó: no te vayas a decepcionar, pero yo sé que no te van a escoger, yo realmente no lo creo. Para mí eso fue súper duro, porque  dije: ¿por qué no? Tengo un cerebro igual que los demás, he estudiado, estoy preparada. Recuerdo que cuando me comenzaron a decir que no iba a ser capaz, comencé a leer las biografías de todas las mujeres que han sido científicas y han llegado a la Nasa. Siempre tuve razones para seguir soñando”, relata.

Comenta que trabajar en la Nasa ha sido la posibilidad perfecta para romper con los estereotipos con los que las mujeres a veces tienen que convivir. Como que son poco calificadas para desarrollar labores de gran importancia, o peor aún: que las mujeres no son capaces de hacer historia, como lo está haciendo ella liderando esta misión espacial. 

Diana cuenta entre suspiros que no viene a Cali hace ya dos años. Dice que extraña poder conducir su carro, parar en algún lado y comer la comida típica del Valle, la que extraña “como un verraco”.

Les recomienda a los niños y jóvenes que sueñan con ser astronautas que jamás abandonen su sueño. Que sean obstinados y luchen cada día. 

Que escriban en un papel: quiero ser astronauta, quiero ser astronauta.   Que peguen ese papel en el baño, en sus cuartos, en sus pupitres, en todas partes y no paren de repetirlo. Porque eso fue lo que ella hizo hace ya varios años para dejar ser “una niña con inseguridades y convertirse en una mujer que confía en si misma”.

 

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