Jhorlin, el joven que convirtió el sonido de las 'balas' en una obra de arte

Mayo 08, 2017 - 01:21 a.m. Por:
Valentina Echeverry Segura / Especial para El País 
Jhorlin

Jhorlin Silva Campaz, de 24 años, pasa la mayor parte de su tiempo en el Teatro Esquina Latina, en el barrio San Fernando Viejo. También se dedica a la música y a su familia. Su mayor sueño, manejar las tres artes en escena: la música, la danza y el teatro. Hoy, pertenece a la planta de esta compañía teatral donde ejerce como actor profesional.

Foto: Bernardo Peña / El País

Surgir entre las adversidades, en medio de la guerra y la violencia, no es fácil para nadie. Sin embargo, para Jhorlin Silva Campaz lo fue. Con tan solo 24 años logró convertirse en un actor profesional del Teatro Esquina Latina, luego de ser desplazado por la violencia en La Tola, Nariño.

Su infancia era como estar en medio de una juguetería, cuando la decisión más difícil era escoger entre un ‘transformers’ o un muñeco ‘max steel’. Nunca imaginó todo lo que algún día podía pasar. Bueno o malo.

Cuando Jhorlin era niño se la pasaba divirtiéndose, en medio de la nada, pues La Tola, en ese entonces, no era reconocido por el mapa colombiano.

A ‘Cache’ o ‘Cachetón’ (como lo llamaban en su pueblo) le gustaba montar en potrillo, navegar con el canalete y estar con su familia: su mamá, su papá y sus cuatro hermanos.

Pero esa no era la única familia que tenía. Las señoras del pueblo lo consideraban como el niño de la casa, inclusive le pedían que les bailara, creándole todo el escenario propicio.

Su vida tomó un giro completo a medida en que fue creciendo, pues el sector de La Tola fue descubierto y se nombró como municipio. Por esta razón, la policía llegó al lugar a prestar seguridad. Esto hizo que la guerrilla enfocara sus ojos en el pueblo, inclusive generando un gran enfrentamiento en el 2001, donde acabaron con gran parte de La Tola.

Jhorlin y su familia, en aquel momento, se encontraban refugiados, pues ya se les había advertido que la guerrilla iba a llegar al lugar.

“Nos sentíamos amenazados, pues mi papá era un empresario y mi mamá manejaba un supermercado. Ya nos tenían analizados. En ese momento mi papá estaba escondido porque lo estaban buscando”, relata.

Luego de este enfrentamiento, la guerrilla decidió apartarse, pues al pueblo arribaron helicópteros de la policía disparando desde arriba, cuenta el joven, y en ese momento, las personas no sabían para donde ir ya que corrían riesgo en cualquier lugar.

Sin embargo, la guerrilla regresó. Se tomó la casa de Jhorlin, dañaron sus pertenencias familiares, destruyeron las fotos de su infancia e iban a prenderle fuego a la vivienda.

Eso para este grupo armado no fue suficiente. Empezaron a pedirle vacunas a su familia y a matar parte del ganado de la finca que tenía su papá. Querían apoderarse de todo.

Las esperanzas en La Tola se agotaban. También los recursos para sobrevivir. Fue ahí, cuando una ‘amenaza’ los impulsó a tomar rumbo hacia Cali.

Jhorlin

Actuar, para Jhorlin es una salida a todos los problemas. El arte es una alternativa para resignificar su vida, dice este joven desplazado de La Tola, Nariño.

Foto: Bernardo Peña / El País

Silva cuenta que “en el 2006 llegamos a la ciudad, pero a mi papá le tocó quedarse porque no podíamos perderlo todo. Constantemente la guerrilla lo cuestionaba y lo amenazaba. En varias ocasiones quisieron acabar con su vida”.

A los dos años, cuando por fin las cosas estaban resueltas, su padre decidió trasladarse a Cali para estar con su familia, pero sufrió un infarto y falleció.

La infancia de Jhorlin tuvo dificultades, tanto para él como para su familia. No todo le salió como él hubiese querido. Sin embargo, como por arte de magia se le atravesó en su camino el ‘Teatro Esquina Latina’ para llenar de color y alegría su vida.

Al comienzo era muy tímido por el choque cultural que vivió al cambiar a una ciudad.

Sin embargo, era un joven autónomo, pues le tocaba estar a cargo de sus hermanos por las ocupaciones de su madre. Eso para él no fue un impedimento, porque desde pequeño se le inculcó la independencia y la responsabilidad.

Gracias a su profesora, Martha Lucía Hurtado, se pudo vincular al grupo del Teatro Esquina Latina ‘Arriba el Telón’ de la Comuna 1.

Jhorlin no sabía qué era el teatro. Inclusive ese primer día, él nunca lo va a olvidar. Luis Alberto, un joven que marcó su proceso, fue el que le dio el impulso para vincularse al grupo.

“A los cuatro meses, logré presentarme ante 300 personas y fue gratificante para mí, ya que pasaba de no poder exponer en mi salón, a sostener un personaje frente a un gran público”, cuenta.

Hoy, diez años después, Jhorlin pertenece a la planta artística del Teatro Esquina Latina y es un actor profesional.

Su trabajo se centra en la Comuna 13, especialmente en el sector de Calipso, dirigiendo un grupo de teatro de base llamado ‘Metamorfosis’.
Se encarga de proyectar a los jóvenes de la zona y de mostrarles el teatro como una alternativa de vida. Él lo considera un camino para alejarse de la violencia y de los problemas.

No solo busca crear artistas, sino personas íntegras, que tengan claridad sobre su futuro. Y no hay nada mejor que lo haga Jhorlin, pues esa fue la manera para que pudiera desahogarse y reflejar una persona sin timidez, sin líos y sin obstáculos. Todo frente a un escenario.

Simplemente sonriéndole a la vida, como tanto lo sabe hacer.
Orlando Cajamarca, director del Teatro Esquina Latina, dice que “este proyecto de teatro nace hace más de 40 años y desde muy temprano decidimos hacer un trabajo en sectores vulnerables como alternativa de uso de tiempo libre. El arte definitivamente es una herramienta fundamental de transformación social”.

Cajamarca cuenta que hace más de 15 años todas las obras del Teatro Esquina Latina están enfocadas en tres temas: medio ambiente, la salud como bienestar y la paz como un estado de convivencia y de armonía.
Este Teatro trabaja en sectores vulnerables de Cali, especialmente en comunas como la 13, la 14, la 15 y la 21.

En estas comunidades se forman grupos teatrales con niños, jóvenes y adultos. Así se va creando una red de teatro comunitario instalado en diferentes territorios, en donde se capacita a las personas para que puedan ser multiplicadoras de información.

“Cali además tiene que preocuparse por el entorno, ya que nosotros somos el punto de atracción turístico, cultural y económico. Por ende trabajamos como ciudad-región, en sectores como Candelaria, Pradera, Florida, Corinto y La Cumbre. Tenemos una cobertura directa de 400 jóvenes”, afirma el Director y Dramaturgo del Teatro Esquina Latina, una de las instituciones teatrales más importantes de la región.

Jhorlin describe al Teatro Esquina Latina como la “clave para alejar a los chicos de contextos de violencia. También lo es para evitar que se involucren con ella. El arte sirve para ocupar la mente, los tiempos libres y hacer las cosas desde otro punto de vista”.

De esta forma, la cultura fue el camino para que ‘Cache’ pudiera resignificar su vida. Ahora no solo es actor, también es músico empírico tradicional del pacífico y estudia en el Sena.

Su aspiración a futuro es seguir trabajando con las comunidades y poder manejar con exactitud las tres artes en escena: la música, la danza y el teatro. Desde ya, se está formando para ello y es un ejemplo a seguir para muchos jóvenes.

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