Investigan caos en el reparto de la boletería de la Feria de Cali

Enero 09, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Investigan caos en el reparto de la boletería de la Feria de Cali

Uno de los puntos que más polémica a generado para la Feria de Cali 2011 es el cobro para ingresar a una parte de la gradería, que el año pasado era completamente gratis.

Por segundo año consecutivo la distribución de la boletería para entrar a los eventos fue el ‘lunar’ de la Feria de Cali. Al menos esa es la opinión que miles de caleños han expresado por diferentes medios.

Por segundo año consecutivo la distribución de la boletería para entrar a los eventos fue el ‘lunar’ de la Feria de Cali. Al menos esa es la opinión que expresaron miles de caleños a través de la página web de El País, así como de las redes sociales, Facebook y Twitter.La dificultad para que la gente consiguiera boletas fue advertida por Federico Arboleda, propietario del portal Feriadecali.com, quien el 22 de diciembre escribió: “Cómo se supone que un millón de personas reclame unas pocas boletas (13 mil entradas a las graderías), en unas pocas oficinas (Corfecali), por solo unas pocas horas (el 23 y 24 de diciembre)”.Tal vez esa fue la razón que disparó las quejas, más de 700, que llegaron en cinco días a los distintos portales de Internet de los medios de comunicación.Frente a esa avalancha de reclamos, Leobardo Amú, director de Corfecali y responsable de la Feria, respondió que “tengo que reconocer con vergüenza que fracasamos en la logística para la boletería”. Fue lo primero que dijo en la entrevista realizada el viernes pasado.Según Amú las cosas comenzaron a salir mal desde mediados de diciembre, cuando el alcalde Jorge Iván Ospina rechazó los diseños originales de la boletería. El director de Corfecali contó que fue tanta la improvisación que la propia Nigeria Rentería, secretaria general de la Alcaldía, casi renuncia.“Me llamó llorando el 21 de diciembre, porque el impresor de las boletas (Publiflor), le dio un ultimátum: Si no se mandaba la orden de impresión ese día, no habría boletas y el Alcalde sólo iba a revisar los nuevos diseños en la tarde”, narró Amú, quien agrego que “me tocó mandar a imprimir sin el visto bueno de Ospina y asumir la responsabilidad por lo que pudiera pasar después”.Sólo el 23 de diciembre llegaron las primeras boletas a Corfecali. Eso explica por qué en los puntos donde la misma Alcaldía anunció que se entregarían, nunca hubo las boletas. La respuesta de Amú ante la pregunta de cómo se repartió la boletería gratuita, revela la magnitud del ‘despelote’: “2.500 para las familias de los artistas, 640 para Orlando Chicango, presidente del Concejo, es lo que recuerdo, las demás no tengo la cuenta”.La situación no pasaría de ser una falla de logística, producto de la falta de planeación de Corfecali y los cambios de última hora del Alcalde, sino fuera porque la Fiscalía ha recibido varias denuncias de personas que se sienten afectadas por una presunta estafa, ya que pagaron por sus puestos en graderías, pero no les permitieron ocuparlos. También indaga por tráfico de influencias y contratos sin el lleno de los requisitos de ley, entre otros.La Contraloría anunció que en marzo dará a conocer el resultado de su auditoría fiscal sobre Corfecali y el manejo de recursos estatales durante la Feria. Y la Procuraduría investiga si hubo dolo o negligencia en las actuaciones de los funcionarios públicos involucrados.Feria de contradiccionesLas presuntas irregularidades se habrían configurado aprovechando la autorización que dio el alcalde Ospina para que Corfecali comercializara el 31,5% de las boletas de los eventos de la Feria. Permiso que no se informó ampliamente a la comunidad y que va en contravía con el lema de la Alcaldía, “una feria para todos”. Al respecto Amú señala que se firmaron dos contratos de arrendamiento permitiendo la comercialización de 6.000 del total de 19.000 puestos de las graderías cada día. “Uno con Martín García por 1.080 puestos, el 10 de diciembre, y otro por 5.000 puestos con Colboletos, el 20 de diciembre; al final ellos vendieron las boletas juntos, hicieron una alianza”.El valor de los contratos, según consta en las copias que le entregó el Director de Corfecali a este medio, se pacto así: Por sus 1.080 cupos García se comprometió a pagar $30 millones y a dar 500 mercados valorados en $20.000 cada uno. A Colboletos se le exigieron $100 millones y 2.700 mercados de $20.000 cada uno. Todo esto más el IVA.Lo que quiere decir que Corfecali recibió un total de $194 millones por un negocio que, según los cálculos, habría dejado $660 millones de ingresos a los dos contratistas (si se toma el precio de $110.000 en que se vendía el combo de boletas para cuatro eventos) y que pudo hacer directamente, ya que tenía las graderías montadas, las boletas impresas y los Guardas Cívicos disponibles para controlar el acceso a la zona.Otro de los cuestionamientos a estos contratos es la forma como se hicieron. No hubo una selección objetiva, a través de alguno de los mecanismos que existe en la Ley (licitación, concurso público, etc.) que le asegure al Estado la satisfacción de una necesidad con la mejor oferta posible. De hecho, no se identifica una necesidad imperiosa en este caso que motive la contratación directa.Como si esto fuera poco, todavía no hay claridad en la forma como los arrendatarios cancelaron el valor de los contratos, ni con qué garantías (pólizas) ampararon los mismos, ni cuánto cancelaron de impuestos por lo que vendieron. Hasta el cierre de esta edición ni en la Secretaría de Hacienda, Subdirección de rentas del Municipio, ni en Sicali, pudieron certificar el pago de los mencionados tributos.En su defensa el Director de Corfecali explica que “con esos contratos resolvimos la presión que teníamos de grandes empresas y el sector turístico, quienes estaban interesados en comprar boletas”, y agrega Amú “sobre la selección le digo que fueron los contratistas quienes me llamaron y manifestaron el interés que tenían en este negocio, y como nadie más lo hizo, pues los escogí a ellos. Además, tengo plenos poderes para contratar sin ningún límite y como no es conmigo, desconozco qué pólizas tienen los señores o si ya pagaron los impuestos”.Por su parte, Martín García y Carlos Fernández, propietarios de Colboletos, aclararon que “los impuestos se están terminando de liquidar, pues hubo un error en el conteo de las boletas vendidas, eso debe quedar listo la próxima semana”.También dijeron que sí pagaron el valor de los arriendos y enviaron los recibos. Entre esos papeles entregaron un contrato diferente a los dos que Amu le entregó a El País. En dicho documento aparece como socio un tercero de nombre René Carrejo.Sobre este punto Amú dijo que desconocía que tipo de alianza tenían García y Colboletos con terceras personas.Un ‘carrusel’ y otras atraccionesLas quejas por la mala distribución de las entradas de la Feria no paran allí. Los investigadores manejan varias hipótesis entre las que consideran probable que se hayan cometido otros delitos tales como reventa y tráfico de boletería.Un caso que llamó la atención de las autoridades fue la retención de una persona que el día del desfile inaugural fue descubierta revendiendo boletas.Heraldo Paz, funcionario de Sicali, dio aviso a la Policía, que condujo al revendedor a una estación. Allí, cuando se le iban a decomisar las boletas, el detenido se identificó con un carné de Colboletos.Carlos Fernández, vocero de esa empresa, negó cualquier vinculación con ese caso judicial. “Yo mismo le pedí a la Policía que le quitara las boletas y le mostré que tenía una camiseta de un color diferente a las mías”, explicó Fernández.Otro de los casos que se investiga es el vivido por el concejal Milton Castrillón, quien compró 50 entradas directamente a Corfecali.El cabildante consignó $2,5 millones en la cuenta #001509439 del banco de Occidente, por instrucciones de Amú y luego recibió sus boletas. Si embargo, el 25 de diciembre, día del desfile inaugural, cuando llegó a ocupar sus puestos en una de las graderías, no lo dejaron ingresar.Lo extraño es que esto sucedió cuando Corfecali ya había entregado la venta de boletería a los dos contratistas, quitándoles posibles clientes, razón por la cual tanto Martín García como Carlos Fernández de Colboletos, se mostraron sorprendidos e inconformes.Para los investigadores existe la sospecha de que se pudo dar un ‘carrusel’ con la boletería de los eventos. “Este delito se configura cuando se imprime un mayor número de boletas de lo que le cabe a un espectáculo. Por ejemplo, un teatro con capacidad para mil personas, se imprimen dos mil boletas, se sacan a la venta en taquillas oficiales y a la par de los revendedores. Como toda la boletería es válida, logra entrar quien llegue temprano al evento, los demás se quedan afuera”, explicó una fuente de la oficina de Rentas.Con el ‘carrusel’ el que más perdería es el mismo Municipio, pues deja de recibir el impuesto a los espectáculos públicos, que es el 20% sobre el valor de venta de las boletas. Por esta razón es que el funcionario de Sicali persiguió al revendedor en el Salsódromo, para identificar qué tipo de boletas estaba ofreciendo y ubicar si el carrusel era con las entradas que regaló la Alcaldía o con las que vendía Colboletos.

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