Invasiones profanan santuario de Farallones de Cali

Abril 01, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Invasiones profanan santuario de Farallones de Cali

Daño. Hace cinco años el paisaje que se observaba en este sector del corregimiento de Los Andes era de total espesura, según sostienen los pocos vecinos que lo habitaban desde antes que se diera la declaratoria de parque natural. El panorama se ha modificado.

Se habrían apoderado de buena parte de las quince mil hectáreas que Cali tiene dentro del parque natural, al parecer, bajo la mirada complaciente de las autoridades.

"Siempre he vivido por estos lados, pero aquí donde construí me quedé porque ya no tengo alientos de seguir mudándome. Desde el principio me molestaron pidiéndome permisos y escrituras, pero eso aquí no se usa, no se necesita. Ya nadie me volvió a decir ni a pedir nada”.Directa y con desparpajo la septuagenaria Carmenza Mina da razón del porqué habita en una casa levantada al borde de la vía que de Cali lleva a Peñas Blancas, junto a Quebrada Honda, en el corazón del Parque Nacional Natural Farallones de Cali.Pero enmudece cuando se le pregunta cuánto y a quién le pagó por la media plaza que ocupa, al tiempo que se le antepone la denuncia de la Superintendencia de Notariado y Registro que se conoció esta semana acerca de que las tierras del parque se las están robando los particulares . Entonces zanja la incipiente discusión sobre cómo se asentó allí: “Sin tener que decirle a nadie”.Su casa, sin vecinos aparentes, está hecha de retazos de madera, ladrillo, lámina de zinc y algunos lienzos de plástico, mimetizada por el polvo de la vía y el cada vez menos espeso bosque del corregimiento de Los Andes.A unos cientos de metros, Juan Morales, recio y corpulento octogenario que se asentó desde los años 60 en una propiedad transada con escrituras con uno de los ocho dueños de predios que él reconoce como los únicos que habían entre los cerros que se divisan desde su casa, sostiene que su vecina está entre los cientos de invasores que los Farallones vienen padeciendo desde que “no hay autoridad en estas colinas”.Su tajante afirmación se recrudece y va más allá. “Es que si la hubiera yo no tendría por qué estar aquí, porque la ley que declaró el parque natural anuló los títulos de propiedad y sigo aquí”.Quien se declara ‘huésped arrimado’ de Farallones se refiere a las disposiciones tomadas por el Gobierno Nacional hace más de cuatro décadas, cuando el desaparecido Instituto Colombiano de Reforma Agraria, Incora, hoy Instituto Colombiano para el Desarrollo Rural, Incoder, dispuso que terrenos baldíos de la Nación en zona boscosa pasaran a constituir el Parque Nacional Natural Farallones de Cali.Sin embargo, sólo 15.000 hectáreas de las 206.000 que constituyen el parque están en zona rural de la capital vallecaucana. El resto lo conforman territorios de los municipios de Dagua y Jamundí y Buenaventura.Morales hace gala de historiador y acude a su memoria, precisando que fue “por allá a mitad de 1968” cuando se declaró el parque. Pero se enfoca en su denuncia.“Las invasiones siempre se han dado. Pero desde hace unos cinco años se incrementaron. Mire, todo ese filo y la falda que se ve allá, que el ganadero Mafla vendió al Municipio de Cali, hasta ese sitio conocido como Morroplancho, lo ha invadido gente de toda calaña, aquí han venido a ofrecerme armas, incluso ametralladoras”.Don Juan señala al horizonte y reitera: “Las Margaritas y Los Cárpatos y los sectores aledaños vienen siendo invadidos y esos son predios del Municipio de Cali”.Grito corajudoDesde una casa que domina el paisaje, donde se llega por una empinada falda y a una hora de camino por trocha, María Luisa Perdomo se reafirma en la denuncia que interpusiera ante la Procuraduría Agraria y Ambiental del Valle el año pasado. “No me explico cómo llegan y construyen rapidito y luego venden y se van al lado y vuelven y hacen lo mismo, mire que esto ya parece un pueblo”, reclama la anciana.Sobre los motivos que la indujeron a denunciar explicó: “Los invasores no tienen piedad con la naturaleza, ellos llegan y arrasan el bosque”.Empero, sale al paso de las dudas que se le plantean sobre la aparente legitimidad de su propiedad, exhibiendo las copias de las escrituras y el correspondiente certificado de tradición.“Esto es una herencia, nunca invadí, mi abuelo compró cuando yo era niña”, sostiene orgullosa la septuagenaria.Jhonny, uno de sus seis hijos, relata que lo peor es que ellos han sido víctimas de los invasores.‘La Palomera’, como llama al predio, “tenía 40 plazas y hoy no llega a 13. Mire no más, ahí están tumbando y corriendo el cerco”, afirma el campesino cuarentón, al tiempo que señala hacia un bosque con apariencia de recién talado, advirtiendo que otros están apropiándose de su finca “de a pedazo en pedazo”.Y a la denuncia de su madre agrega que su familia está amenazada por reclamar a los invasores. Cifras no oficiales estiman que a la fecha podrían ser alrededor de 50.000 los particulares que estarían ocupando no sólo las 15.000 hectáreas de Farallones que corresponden a Cali sino también su zona de reserva forestal.La importancia de recuperar y conservar el ecosistema de los Farallones radica en que se trata de la ‘fábrica de agua’ que surte los siete ríos que bañan a Cali y más de una veintena de vertientes de otras poblaciones.Y a pesar de los múltiples denuncias de que las 206.000 hectáreas que en su totalidad conforman el parque no tienen doliente, los actuales responsables de su cuidado y manejo enseñan las estadísticas al respecto.“Las medidas tomadas son fácilmente apreciables en los procedimientos sancionatorios que han sido adelantados por parte del Grupo Operativo de Control y Vigilancia, los cuales suman desde 1995 hasta la fecha 313 procedimientos adelantados, de los cuales 77 aún se encuentran activos y de estos 10 se hallan en cobro coactivo, 12 fueron sancionados y el resto sigue su curso procesal”, reza un pronunciamiento entregado a El País por la oficina regional de Parques Nacionales Naturales, responsable de velar por los Farallones.Sin embargo, ante la proliferación exponencial de entables, nuevas edificaciones y asentamientos urbanos por doquier, los seis procesos que “presentan sanción para demolición” y que aún están en trámite en las secretarías de Gobierno y Planeación de Cali, semejan una gota de agua en el desierto.Situaciones como éstas dan pie a que Morales, quien se ve como “recio defensor de los Farallones” diga que estará en su predio de Los Andes “hasta que las autoridades o mi Dios quieran”.Dudas ante un proyecto en zona de reservaEn medio de la reportería para este informe El País conoció la queja puesta en la Procuraduría Ambiental y Agraria del Valle contra un supuesto megaproyecto de viviendas productivas en el corregimiento La Castilla.“El promotor dice que son dos millones de metros y un parque con vegetación nativa de 20 hectáreas, que ya tiene la visita técnica de la CVC, así como el diseño para las viviendas productivas, la parte hidráulica y el parque”, reza la queja.El promotor, a quien no se identifica, le habló a la comunidad que detrás del proyecto está Timagua. El País consultó la información que sobre dicho corregimiento reposa en la Alcaldía, ya que algo no cuadra pues La Castilla tiene dos millones de metros cuadrados de superficie total, así que allí no se podría implementar un proyecto de vivienda del tamaño que dice el promotor pues eso significaría urbanizar todo el corregimiento, y gran parte fue declarado zona de reserva forestal.Funcionarios de la Secretaría de Vivienda le dijeron a este diario que no se construye ningún proyecto de esas características y que “puede tratarse de una estafa o, al menos, de un intento por legalizar una invasión que existe en esa zona rural”.

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