Informe exclusivo: estos son los rostros de una crisis que tiene enfermo al HUV

Informe exclusivo: estos son los rostros de una crisis que tiene enfermo al HUV

Septiembre 13, 2015 - 12:00 a.m. Por:
José Luis Carrillo | Reportero de El País

La situación al interior del Hospital Universitario se encuentra en punto de quiebre. La red hospitalaria está desbordada y no tienen cómo atender la demanda. Así se vive el drama.

Como un acto de fe, así se  podría calificar el hecho de que el Hospital Universitario del Valle, HUV, funcione sin suministros sangre, con las reservas de oxígeno agotándose y con las  cirugías restringidas.  Lea también: ¿Debe ser intervenido el Hospital Universitario del Valle?, se abre el debate

Las imágenes  de pasillos atiborrados de pacientes y  salas de urgencias colapsadas son escenarios de otros recintos.  Algunos empleados, que llevan 30 años allí, aseguran que por primera vez  son más los    médicos y enfermeras que  los pacientes. Las sirenas de las ambulancias ya no  retumban en el  viejo edificio construido por don Evaristo García. 

“Están devolviendo a la gente que viene de Nariño, Cauca, Vichada y todo el Valle porque no hay  con qué atenderlos”, dice una enfermera.

No es que  los pacientes  se hayan esfumado. Ante la  alerta naranja   a los enfermos y sus familias  les ha tocado bregar  en otros hospitales de  Cali que  se encuentran al punto del colapso.   Por ejemplo,  en la Fundación Clínica Valle del Lili la Unidad de Urgencias está con una sobrecarga de 120 % y similar panorama vive el centro Médico Imbanaco. No hay camas.

El drama se vive también en centros asistenciales de segundo nivel como los hospitales Carlos Holmes Trujillo, Isaías Duarte Cancino, Mario Correa Rengifo o Primitivo Iglesias. Desde antes de la alerta naranja, decretada el pasado 20 de agosto por el Hospital Universitario, ya no daban abasto.

Cerca de 150 médicos, especialistas y trabajadores de las cooperativas del  HUV también han sido golpeados: desde hace cinco meses no les cancelan sueldo. “Este es un hospital que ni siquiera está agonizante sino que necesita reanimación”, les dice un médico  a los estudiantes residentes.

 Bastían Leandro Murillo, un bebé de  2 meses, es uno de los tantos rostros de la crisis del HUV. El recién nacido  necesita de una transfusión de plaquetas  para combatir una anemia severa y una afectación pulmonar, pero  el banco de sangre del hospital tampoco ha funcionado.

 Hasta este viernes, en un llamado desesperado de la Secretaría de Salud, se buscaba reactivarlo. Las autoridades  ubicaron una unidad móvil en la parte exterior  del Evaristo García para que las personas se acercaran a donar .

El pasado miércoles Yamilet Cortez, abuela de Bastían, desahogó su angustia:  “muchas personas querían donar la sangre, pero en el hospital no hay los medios ni  los insumos. Yo soy O+, que es la sangre que necesita mi niño, fui a donar, pero me dijeron que no era posible, no sé qué hacer”.

Bastían se encuentra en el pabellón de urgencias pediátricas, que  tiene  capacidad para 25 niños. Pero  en el transcurso de la  semana que pasó solo alojó a dos menores.  

El otro menor  es Joan Sebastián Yatacué, de 9 años, que llegó  desde la vereda El Pedregal,  zona rural de  Florida, Valle. Él también requiere de plaquetas ya que padece de aplasia medular, una enfermedad que afecta la  producción de  sangre. 

“Afortunadamente otro  hospital de Cali  donó la sangre -el pasado miércoles-  pero necesita más. ¡Por favor! Les pido a  quienes correspondan que se conduelan de mi hijo. Yo no lo puedo llevar a otro lugar  porque con la EPS que tengo  solo me lo reciben en el HUV”, exclamaba Rosmira Mendez, mamá del niño.

Buscan activar  banco de sangre Con el propósito de poner en funcionamiento el banco de sangre del HUV, la Secretaría de Salud del Valle emprendió, desde el viernes, una campaña  para que las personas donen sangre al centro asistencial. Para ello se dispuso de una unidad móvil situada en la parte externa del hospital. “Se requiere con carácter urgente los reactivos necesarios para restablecer el funcionamiento del banco  y se solicitó a los bancos de sangre de la Cruz Roja y de otras entidades de la región suministrar en calidad de préstamo estos elementos fundamentales para la institución”, manifestó en un comunicado  la Secretaría de Salud del Valle.  Armando Daniel Cortés, subdirector del banco de sangre del HUV manifestó: “en el hospital no habían bolsas para colectar la sangre, ni insumos para realizar los análisis ni las pruebas de compatibilidad”.

Y en una habitación  del sexto piso se encuentra hospitalizado   Julián Stiven Morales,  quizá uno de los casos más críticos: arribó  al centro asistencial  desde Palmira con un tumor en el cerebro. “Ya le habían hecho una  cirugía para extirparle el tejido maligno, pero reapareció. El jueves cumplimos quince días hospitalizados y esperando. La junta médica ya aprobó la operación, pero necesitamos sangre”, narra  Diana Albornoz, su madre, mientras el niño se queja  de fuertes dolores de cabeza y de la pérdida del equilibrio. 

  El menor  indígena de 7 años,  Neiro Camilo Lozano,   perteneciente a la etnia   Cicuani del   municipio de Cumaribo, Vichada, refleja el impacto que tiene el HUV en la región.  Llegó a Cali porque en su departamento no le  pueden tratar la  tuberculosis que padece. Imposibilitado para atenderlo, el HUV ordenó el traslado a Villavicencio, Meta.

 “Actualmente  requiere que la Secretaría de Salud de ese municipio  garantice el tratamiento al menor. Se necesita un avión para trasladar al niño y su acompañante  y  así darle la continuidad a  su tratamiento”, explica Alejandro Rojas, profesional universitario de la Defensoría del Pueblo del Valle.

La lista de dolientes que padecen la crisis del Hospital Universitario no termina allí.  Carlos Alberto Marulanda, de 60 años, que arribó desde  Quibdó, necesita el medicamento para poder realizarse la quimioterapia en el HUV; igual le sucede a Lizet Cuspian, una joven de 26 años con  leucemia. 

Estos son solo algunos de los doce  casos reportados ante la Personería  y la Defensoría del Pueblo, entre el 5 y el 9 de septiembre.      

Al cierre de esta edición Bastían y Joan  seguían hospitalizados, pero lograron estabilizarlos con algunas unidades de plaquetas; Neiro, el niño indígena de Vichada, aún no había podido desplazarse hasta Villavicencio para tratar su tuberculosis. 

 Carlos Alberto y  Lizet siguen a la espera de sus medicamentos.  A Julián, el menor con el tumor en la cabeza, le lograron conseguir la sangre y pudo ser operado.

Cerca de 2700 personas laboran en el HUV, de ellas 1170 son empleados de planta y 1522 están vinculadas a través de las  llamadas asociaciones gremiales.  Lea también: Las penurias que viven los empleados del HUV a causa de la crisis financiera

A las primeras les adeudan dos meses de salario y la prima de mitad de año, las segundas ya suman cinco meses sin ver un peso en el bolsillo.

“Siento vergüenza de ir a mi casa, de ver a mi señora  y mis hijos.  Les debo dinero a mis vecinos, mi familia y amigos. Ver al dueño de la tienda es una tortura. Mi esposa ayuda con los servicios y el mercado, pero la plata no alcanza. Los muchachos arrancaron  el colegio con los uniformes del año pasado.  Esto no es tocar fondo, esto es la peor humillación”, dice uno de los radiólogos  de la institución que prefiere omitir su identidad.

Jorge Rodríguez, uno de los trabajadores administrativos, sostiene que se han presentado  casos de compañeros que tienen sus hijos padeciendo de hambre. “Aquí nos tocó hacer una colecta de la nada para comprarle leche a la niña de una auxiliar de enfermería porque presentaba desnutrición. Para colmo, como vive de  arriendo, le tocó irse a otro apartamento  para seguir debiendo. Ahora  busca dinero para pagar el primer mes”.

Andrés Mera labora  en facturación  y tras que le adeudan cinco meses de sueldo se  dobla en turnos porque su compañero de sección renunció. “Tengo dos niños, de 2 y 8 años, y no tuve otra alternativa que enviarlos  a la casa de mi suegra para que se pudieran alimentar. Mi señora también su fue para  allá. La dueña del apartamento ya me lo pidió  y tendré que irme para la casa de mis padres. Traté de gestionar  un crédito ante una  cooperativa, pero me dicen que no me lo pueden otorgar porque ser empleado del HUV no es garantía”. 

Según información de Sintrahospiclínicas, uno de los sindicatos del Hospital Universitario,  en la última semana renunciaron 33 personas del área  salas de operaciones y 15 de facturación. Ellos se sumarían a las 300  personas que se reventaron y  optaron por buscar otras opciones.  

“Para colmo, según nos dicen, van a culminar los contratos de quienes trabajamos en las cooperativa (asociaciones gremiales)”, concluye Mera. 

“El cierre de servicios del HUV tiene un impacto brutal porque no hay capacidad instalada para atender todo el número de pacientes”, cuenta con afán Carlos Vargas, coordinador médico de urgencias del Centro Médico Imbanaco.

Actualmente esta clínica se  encuentra al 118 % de su capacidad instalada en el servicio de urgencias y ha  improvisado espacios para poder brindar atención médica.  

“Esto es como una carambola. Usted cierra servicios en un lugar y afecta el resto de la ciudad. Tenemos pacientes en los corredores, gente atendidas en sillas de plástico y con sueros colgados de las puntillas de las paredes donde usualmente se ubican  cuadros y relojes”, narra el galeno.

Vargas sostiene que la situación se complica aún más con el anuncio de liquidación de la Clínica Rafael Uribe Uribe. “El impacto es impresionante en todos los prestadores de salud de la ciudad.  Usted cierra servicios en un hospital como el HUV e inmediatamente  colapsa la  salud de Cali”. 

En los hospitales de nivel dos, la situación no es distinta. Según cuenta Irne Torres, gerente del Hospital Mario Correa Rengifo les tocó ampliar a la fuerza la capacidad. “De 45 camas nos tocó ampliar a 60. En el laboratorio aumentamos  los tiempos de producción tratando de dar un apoyo,  al menos de brindar una atención inmediata a los pacientes”. 

Sostiene que en el nivel dos tienen dificultades porque en hospitales como el Isaías Duarte tampoco  opera  el área de urgencias. “Además, estamos haciendo donaciones de reactivos al HUV para que puedan poner en operación el banco de sangre”, precisa.

  Nely Bedoya, personera delegada de Cali, explica  que la mayoría de los pacientes de alta complejidad que llegan al HUV son remitidos a otras instituciones pero el problema es que no hay cupos disponibles en Cali.   

“Nos preocupa que los pacientes  que llegan al HUV los estabilizan y los remiten a la red hospitalaria, pero no sabemos si esta tiene la capacidad, los especialistas y los equipos para tratarlos”,  añade. 

 Para Alexander Camacho, defensor del paciente de Cali, el sistema de salud está colapsado y no hay una respuesta oportuna de los hospitales y clínicas del nivel tres.

“Por ejemplo, en la Clínica Colombia -que es de nivel dos- se encuentra Gina Juliet Giraldo, una mujer de 30 años  con las costillas fracturadas. Hace dos semanas necesita una cirugía de  tórax, pero las clínicas Valle del Lili e Imbanaco, que son las únicas que pueden llevar a cabo la intervención,   no tienen cupo. Estos centros están  atendiendo solo a  los pacientes que prácticamente se están muriendo”, comenta Camacho, quien añade que hay una larga fila en la ciudad para este tipo de procedimientos.

Ante la situación, los hospitales de nivel dos de la ciudad han tenido que tener estabilizados estos pacientes de manera indefinida hasta que logren encontrar un cupo en el nivel tres.

“Interpusimos una tutela como último medio para realizar la cirugía porque estamos desesperadas y no sabemos qué hacer”, señala Carolina Marín, hermana de Gina. 

Para esta semana el director interino del HUV, Jairo Corchuelo, esperaba reactivar los signos vitales de la entidad. Para ello deberá tener la suficiente sangre en su banco, conjurar la deuda con la farmacia y buscar recursos para que sus empleados no sigan renunciando. Mientras, los pasillos y salas del Evaristo García seguirán prácticamente vacíos.   

Buscan soluciones   El HUV  adeuda a la empresa que le suministra medicamentos al menos $25.000 millones. Asesores jurídicos del Ministerio  y el hospital buscan alternativas para evaluar el contrato y buscar acuerdos. Según el  Sindicato,  anteriormente habían 200 proveedores de medicamentos para el centro hospitalario con los que se podía negociar pero  al tener un único proveedor las alternativas son menores.     El proveedor del suministro de oxígeno  del HUV está a punto de suspender el servicios ya que le adeuda cerca de $900 millones. De  las 550 camas  con las que cuenta el Hospital Universitario actualmente  están ocupadas 275 con igual número de pacientes. Según datos suministrados por empleados de la entidad. El director encargado de la institución,   Jairo Corchuelo Ojeda, reveló que la reducción se da porque disminuyó el ingreso de pacientes a  urgencias pasando de 120 a 30.   La  medida  se tomó para no poner en riesgo la vida de los pacientes ante la falta de sangre y medicamentos.

 

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