Implantes mamarios PIP: en Cali sigue creciendo un drama silencioso

Abril 22, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Luis Eduardo Bustamante y Santiago Cruz Hoyos - El País

Lucero es caleña, vive en España y no pudo acceder a los beneficios del Estado para el retiro gratuito de los implantes por no tener seguridad social en el país. Es apenas uno de los casos. Reportaje.

Ahora sonríe. Será de las pocas veces que lo hará durante dos encuentros. Lucero sonríe porque cuenta un chiste. Dice que cuando se operó para implantarse dos prótesis mamarias marca Poli Implant Prothesis, PIP, su esposo ya no tenía que mirar para otro lado sino al suyo, a donde ella estuviera. Lucero ríe, pero enseguida calla. La broma es lo único gracioso de toda esta historia que empezó el 28 de abril de 2006. Ese día le pusieron los implantes, los mismos que fueron fabricados en Francia y que han puesto en riesgo la salud de miles de mujeres – y quizá transexuales – en el mundo. Los PIP están hechos con silicona industrial, se sospecha que es la misma que se utiliza para fabricar colchones, no apropiada para uso médico. Aunque los especialistas aseguran que no causan cáncer, esas prótesis registran mayor riesgo de ruptura que otras marcas. Al romperse, la silicona se expande por el cuerpo y además de dolores e irritaciones, puede llegar a generar muerte de tejidos. El daño de los implantes no fue detectado durante una década ni por las autoridades sanitarias de Francia, ni mucho menos por las de Colombia.Lucero tampoco tenía idea de nada de aquello. ¿Cómo? Ella quería, simplemente, verse mejor. No con senos más grandes, no era tanto eso, al fin y al cabo su talla es 34. Anhelaba, más bien, que sus pechos volvieran a verse como antes de sus dos embarazos, como antes de la llegada de sus dos hijos: Karim, 26 años, que está a punto de terminar sus estudios de mercadeo y negocios internacionales; Jaime Andrés, 19 años, que sueña con ser futbolista y estuvo muy cerca de integrar las canteras del Barcelona de España, pero los problemas generados por las prótesis de su madre se lo impidieron. Las PIP no solo causan daños en la salud, no solo destruyen autoestimas. Las PIP, también, frustran sueños familiares. Entonces lo de los implantes, reconoce Lucero, fue un acto de vanidad femenina, quizá también de moda. Para practicarse la operación viajó de España a Cali. En España vive desde hace 17 años; en Cali nació hace 46; en Cali está su madre, doña Marta; en Cali, además, capital mundial de la cirugía plástica, la intervención resultaba más económica.Pasó un año sin líos. Apenas en 2007, en un chequeo médico que le practicaron en España, una ecografía ya advertía malas noticias. El examen indicaba que había algo extraño en las siliconas. No estaban rotas, pero había algo anómalo que no se alcanzaba a determinar, le dijeron los especialistas. Lucero dejó el asunto así. Dos años después se practicó otro examen. Ya le dolían la cabeza, la espalda, los brazos. Ya sentía un hormigueo en las manos. Con el tiempo se empezó a sentir bultos en los senos. Cuando se examinaba, parecía que estuviera cogiendo una bolsa de arroz, una bolsa de semillas. Los bultos se sentían así, como arroces o como semillas. Entonces le mandaron ibuprofeno para los dolores, antibióticos por posibles infecciones. Las molestias cesaron unos días. En 2010, sin embargo, aparecieron de nuevo. Los bultos ya eran más grandes. Y a veces Lucero sentía un ardor interno, como si le hubieran puesto un cigarrillo prendido dentro de sus senos. No sabía qué hacer. Se ponía bolsas de agua helada, pero el ardor seguía.Fue cuando se sometió a otros chequeos. La noticia que recibió fue terrible, miedosa: las prótesis, primero, eran PIP y enterarse de aquello después de todo lo que se hablaba en los medios era como recibir una condena a muerte, como si te dijeran sin rodeos que tienes una enfermedad terminal. Segundo: las prótesis estaban rotas, la silicona industrial se estaba yendo hacia los ganglios, hacia las axilas. Había que operar de inmediato, retirar los implantes, limpiar el cuerpo, le advirtieron. A esa altura no tenía empleo. Lucero trabajaba en el Corte Inglés, una de las cadenas de supermercados de España. Era cajera. También cuidaba ancianos, laboraba en locutorios. Pero en parte por la crisis económica de ese país, en parte por los quebrantos de salud, estaba sin trabajo. Recibía un subsidio del gobierno por 450 euros que no alcanzaba para mayor cosa. Pero había que operar sí o sí. Lucero supo entonces que el Estado colombiano había emitido la resolución 258 de febrero de 2012. Ahí se determinó que el gobierno pagará a los nacidos en el país todos los gastos de operación de retiro de prótesis PIP. Solo retiro. Nada más.Lucero empezó a ahorrar para viajar de regreso a Cali y acceder a esos beneficios. Entonces Jaime Andrés, su hijo, tuvo que dejar la escuela de fútbol del Barcelona así le hubieran dicho que estaba muy cerca de ser acogido en las divisiones menores del club. No había cómo pagar más clases de fútbol. Karim, además, destinó parte del dinero de la matrícula de la universidad a los gastos de su madre, se hicieron préstamos bancarios. Las PIP, también, generan debacles financieros en las familias.Lucero, después de todo el esfuerzo, logró llegar a Cali esperanzada en esa resolución 258. Cuando se acercó al Hospital Universiario del Valle, la única entidad médica en el departamento autorizada para aplicar la resolución, le dijeron que su caso no podía ser atendido. Lucero no tiene seguridad social en Colombia. Y ese papel es requisito para acceder al retiro gratuito de los implantes que ofrece el gobierno. Como Lucero, que ahora se seca sus ojos húmedos con una servilleta, hay más mujeres residentes en el extranjero en la misma condición. IIClaudio Gregorio Arias Olave es el coordinador administrativo UES cirugía (Unidad Estratégica de Servicios) del Hospital Universitario del Valle. Es el encargado de manejar lo relacionado con los implantes PIP. En este momento lee en voz alta. Es una carta, un correo electrónico, que le envió hace un par de semanas al Ministerio de Salud. Entre otros asuntos, pregunta lo siguiente:“Existen usuarias que no tienen ninguna afiliación al sistema general de seguridad social, ni subsidiado ni contributivo. Sin embargo, cuentan con los documentos que acreditan que tienen los implantes PIP. ¿Cómo podemos atender estas usuarias con cargo a la resolución (258)?Claudio Gregorio advierte que el correo, aún, no ha sido respondido y reconoce que el drama existe. La mayor cantidad de pacientes con implantes PIP que no tienen seguridad social provienen de fuera del país. Pero también existen casos de mujeres que jamás han viajado al exterior y tampoco cuentan con seguridad social. No tienen trabajo, o en sus empleos temporales no les cubren los gastos en salud. Claudio recuerda el caso de una dependiente de una licorera y este diario conoció la historia de Rosaura Valencia, 25 años, obrera de construcción que no tiene EPS. Gladys Arcila, una mujer con prótesis PIP que el año anterior creó la Corporación H20 para defender los derechos de la población implantada, asegura además que hay amas de casa que ahorraron por años para operarse y hoy tampoco tienen seguridad social, novias cuyas prótesis fueron costeadas por sus parejas - algunos narcotraficantes - y hoy están solas y sin trabajo, también sin seguridad social, sin opción de acceder a los beneficios que ofrece la resolución 258.Claudio ahora hace un cálculo para determinar cuántas mujeres están en esa situación en la ciudad: unas 7.000, dice, tienen implantes PIP. De ellas, 1.400 necesitarían acogerse a la resolución, el resto, se ha hecho la proyección, optan por operarse por su cuenta (tienen los recursos). De esas 1.400 mujeres, un 5%, 70, no tienen seguridad social, eso sin contar las que viven fuera del país. Para ellas, insiste Claudio, no hay, aún, una respuesta. Solo que deben cancelar las operaciones por su cuenta. Como tampoco hay respuesta para otro caso particular: existen pacientes a quienes les implantaron prótesis mamarias PIP en los glúteos. Y la resolución no determina nada sobre ello, por lo que tampoco las puede incluir en la lista de intervenciones de retiro. Los vacíos legales alargan el drama de muchas. IIILucero tuvo que ser operada por una especialista particular. Otra vez se unió la familia, se consiguió el dinero, los préstamos. Y eso que la especialista, la doctora Paola Andrea Kafury, viendo la situación por la que pasaba Lucero, rebajó los costos de los procedimientos casi a la mitad. Ahora Lucero no tiene implantes, no se los quiere volver a poner, pero sus senos se deterioraron. La silicona que se expandió por su cuerpo generó muerte de tejidos. Eso causó una necrosis en la areola de uno de sus pezones. Para salvarle el pezón afectado, los médicos le practicaron un injerto de piel. Lucero camina con lentitud. Apenas se recupera. Toma pastas, se aplica cremas. Vuelve a secarse los ojos húmedos con una servilleta. Lucero dice que tiene miedo porque en un mes regresará a España, a donde su esposo. Tiene miedo del momento en que la vea después de las intervenciones quirúrgicas y el amor se esfume. Él, claro, le ha dicho que cómo se le ocurre tal cosa, pero Lucero duda. Las PIP, ha escuchado, también han destruido matrimonios.

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