Icollantas, una marca que dejó huella en el Valle del Cauca

Junio 13, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Elpais.com.co
Icollantas, una marca que dejó huella en el Valle del Cauca

Tras recibir el anuncio del cierre de la planta de Michelin en Cali, los empleados permanecieron en un plantón a las afueras de la empresa denunciando una "masacre laboral".

Desapareció la empresa que, durante más de 70 años, logró consolidarse como uno de los grandes jugadores de la industria llantera en Colombia.

Con el cierre de la vieja planta llantera de San Nicolás también llega a su fin una larga historia que dejó profunda huella en la economía del Valle del Cauca y en la historia misma de la sociedad vallecaucana, desde mediados del Siglo XX.Todo comenzó por allá en 1942, cuando la Segunda Guerra Mundial sometía al mundo entero a un fuerte desabastecimiento de todo tipo de productos.Fue entonces cuando el desaparecido Instituto de Fomento Industrial, IFI, decidió buscar una alianza con la multinacional BF Goodrich y un grupo de empresarios colombianos para el montaje de una fábrica de llantas que permitiera abastecer sin interrupciones el mercado colombiano y exportar a los países vecinos. El lugar elegido fue el Valle del Cauca.La participación de capital extranjero en la compañía creció progresivamente en virtud de la venta de acciones del IFI, lo que en años posteriores permitió el ingreso de inversionistas mexicanos. Por esa vía se produce el ingreso al país de Uniroyal, en 1957, que además de su actividad llantera se extendería hacia otros mercados con la fabricación de artículos de caucho, insumos industriales, ropa de protección y zapatos, todo bajo otra marca muy querida para el Valle del Cauca: Croydon.Durante casi 40 años Icollantas logró consolidarse como uno de los grandes jugadores de la industria llantera en Colombia, pero a mediados de los años 80 cambia de dueños. La ya desparecida Corporación Financiera del Valle adquiere la participación accionaria de BF Goodrich, con lo cual el 100% de la compañía pasa a estar en manos de capital colombiano.Los nuevos vientos que soplaron en la economía colombiana al inicio de los años 90, con el despegue de la apertura económica, impulsaron a Icollantas hacia nuevas fronteras. En 1993 la compañía consolida una alianza estratégica con la poderosa multinacional francesa Michelín, que para entonces ya era el primer fabricante de llantas en el mundo, con una operación que involucraba más de 70 plantas en 17 países.En virtud de tal alianza, Icollantas se convirtió en licenciatario de la poderosa tecnología de Michelín, una marca asociada a hitos históricos, como la creación del concepto de la llanta desmontable del automóvil en 1913. La compañía que había surgido en el humilde barrio de San Nicolás caminaba de la mano del gigante de la industria llantera, recibiendo una fuerte transferencia de conocimiento, tecnología y gestión administrativa. No era poca cosa, considerando que la industria mundial de las llantas estaba concentrada en sólo tres grandes marcas: Michelín, Goodyear y Bridgestone-Firestone.Para entonces, Icollantas no sólo era reconocida como el gran jugador colombiano de ese sector de la industria, con crecientes exportaciones a otros mercados, sino también como una firma con enorme reconocimiento e imagen entre los colombianos. A ello contribuyó su participación en iniciativas culturales a través del reconocido Calendario Icollantas, que cada año recogía una muestra de lo mejor del arte pictórico nacional.Icollantas dominaba el mercado colombiano de neumáticos, con un amplio portafolio de productos que incluía ruedas para automóviles, camionetas, camiones, bicicletas y vehículos agrícolas. Además de los productos de su propia marca, Icollantas también producía y comercializaba neumáticos bajo licencia de Uniroyal y BF Goodrich.Pero el 28 de julio de 1998 se anuncia el que, a todas luces fue el gran negocio de aquel año en Colombia: Michelín compra el 100% de Icollantas y asume el control total de su producción, aunque en realidad ya lo hacía desde mucho tiempo atrás como casa matriz de los productos de la firma colombiana.Entre el 2000 y el 2010 Michelín desarrolló un fuerte programa de inversiones para ampliar y consolidar su presencia en el mercado latinoamericano a partir de sus plantas en Cali y Bogotá. Sin embargo, en los últimos años, con los cambios derivados de la globalización, la operación de la firma en Colombia cedió terreno y entró en pérdidas. Entre 2010 y 2012 IcollantasMichelín Colombia acumuló pérdidas operacionales de $26.299 millones y netas de más de $70.000 millones. De acuerdo con el informe oficial entregado ayer por su presidente Jorge Luis Vega, en los últimos 15 años la empresa ha acumulado pérdidas cercanas a los $300.000 millones.Considerando estas cifras, y otros factores – como la fuerte revaluación, la creciente competencia de llantas asiáticas a menor precio y la desaceleración de la economía mundial -, la casa matriz en Francia, que también avanza en un fuerte proceso de ‘apretón’, determinó cerrar las dos plantas en Colombia y quedarse sólo con la operación comercial. Ello significa que los 460 operarios que fabrican llantas en Colombia quedarán cesantes, la firma importará sus neumáticos desde otras plantas y en Colombia sólo conservará a 60 agentes comerciales que se encargarán de vender los productos en el país.Sin embargo, en el Valle del Cauca, donde centenares de familias forjaron su progreso de la mano de Icollantas durante más de 70 años, la noticia del cierre de la vieja planta de San Nicolás deja un sabor amargo. No sólo desaparece un referente de la historia empresarial de la región, sino la que un día fue considerada uno de los mejores lugares para trabajar.

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