Historias del 'cable' que les llevó empleo a los habitantes de Siloé

Septiembre 07, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros | Reportera de El País
Historias del 'cable' que les llevó empleo a los habitantes de Siloé

En su fase inicial, la empresa del MÍO Cable está empleando a 48 personas de la Comuna 20, en áreas como socialización, Recursos Humanos y la parte operativa. La meta es llegar a unas 70 cuando el sistema entre en funcionamiento.

La entrada en operación del MÍO Cable este mes de septiembre no solo movilizará pasajeros. Es también el inicio de una vida nueva para quienes aquí encontraron, por fin, un trabajo.

Solo hasta el pasado mes de agosto, Paula Yovana Galvis se rebuscaba la vida vendiendo dulces en la calle. En un día bueno podía llevarse a los bolsillos hasta $15.000. Pero eso le sucedía pocas veces. A ella, que desde los 23 años conoció la viudez por culpa de una tuberculosis que le mató al  esposo. A ella, que desde entonces sostiene a sus papás y a Johnny Alexander, su hijo de 6 años. 

Lo que siguió para ella después de esa historia, lo cuenta con una mueca de felicidad que le cuesta disimular, sentada en un salón del Cali de la Comuna 20. Viste de jean y camiseta roja, es el uniforme que le entregaron como dotación en su nuevo empleo. En su nueva vida. 

Con 29 años y  un cartón de bachiller, Paula Yovana es uno de los 48 vecinos de este sector de la ciudad que logró un puesto como socializadora en el MÍO Cable,  ese sistema de transporte aerosuspendido que pondrá a volar sus cabinas azules por los cielos de la ladera caleña desde este mes  de septiembre.  

La suya es una dicha compartida. Es la misma de José Francini Mosquera, un joven con brazos de levantador portuario que hasta hace muy poco estaba resignado a sostener a su mujer y sus tres hijos con lo poco que ganaba descargando —un día o dos, con suerte— camiones de fruta en una empresa de Yumbo. 

[[nid:461034;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/09/miocable-2.jpg;full;{Paula Galvis, Miriam del Socorro Reinoso, John James García y José Francini, algunos vecinos de la Comuna 20 contratados.Foto: José Luis Guzmán | El País}]]

El resto de la semana lograba una entrada adicional como  ‘motorratón’ o haciéndoles mandados a sus vecinos y conocidos: desde pagar recibos de servicios públicos  hasta hacer colas de afiliación para el Sisbén. “Cualquier pesito extra me servía”.

En ese orden andaba el mundo hasta que un amigo le habló de una convocatoria de empleo. José Francini se entusiasmó, pese al pesimismo de algunos amigos que le recriminaban tanto optimismo: “Usted qué va a hacer allá si apenas si terminó el bachillerato”, le repetían. 

 Pero tras una larga fila que le tomó casi todo un día, logró entregar una carpeta con  una hoja de vida Minerva 1003 diligenciada, un certificado de antecedentes disciplinarios y copias de su cédula y su libreta militar. También demostrar que vivía en la Comuna 20. Esto último era un requisito indispensable.  

 Dos semanas más tarde su celular repicó para escuchar del otro lado de la línea una voz amable que le anunciaba la buena nueva: se iba a convertir en uno de los 14 socializadores del MÍO Cable. 

Sería, en adelante, un tipo que les contaría en detalle a los vecinos, a esa misma gente con la que se había criado desde niño, pertenecientes a los barrios Belén,  Belisario Caicedo, Brisas de Mayo,   Cortijo, La Estrella, La Nave, Los Mangos, Lleras Camargo, Pueblo Joven, La Sultana, Siloé y Tierra Blanca  cómo abordar las cabinas, dónde estarían ubicadas las estaciones, cuál es el valor de los pasajes. 

Un tipo cuya misión consistiría, además, en explicarles a todos que esas 60 cabinas son muy seguras, así parezcan desafiar a su antojo las alturas; que vuelan a 55 kilómetros por hora y pueden soportar un peso de 1200 kilos. Y que con la entrada en operación de  este sistema ya no se verán obligados, como antes, a pagar doble pasaje, primero a la guala que los llevaba hasta una estación del MÍO y luego otro más hasta llegar a su destino final.   

Pero sobre todo que ellos, los residentes de la Comuna, debido a las condiciones topográficas en las que siempre han vivido, están haciendo historia: son los principales beneficiados de un sistema de transporte que  solo existía en Manizales y Medellín.

Ese iba a ser su cargo después de una semana de capacitación: el de socializador.  Ganaría un salario mínimo, con  todas las prestaciones legales. No fue entonces solo una llamada. Lo que recibió José Francini en su teléfono fue el aviso de una nueva esperanza para él y su familia.

[[nid:461036;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/09/miocable-3.jpg;full;{Los empleados contratados han sido capacitados por personal de la Asociación Cable Aéreo de Manizales, que operará el MÍO Cable.Foto: José Luis Guzmán | El País}]]

 A centenares de kilómetros, en la capital de Caldas, Óscar Humberto  González, gerente de la Asociación Cable Aéreo de Manizales —firma que se encargará de operar el MÍO Cable— recuerda el inicio de todas estas historias unos meses atrás. La prevención que él mismo sentía de contratar gente en esta zona. La estigmatización inevitable al caminar por los once barrios que integran la Comuna. 

“Cada vez que iba lo hacía con mucha prevención, pues no creí realmente que íbamos a poder encontrar gente con los perfiles que buscábamos”, reconoce ahora. “Pero con el paso del tiempo me   sorprendí de hallar desde jóvenes que en medio de tantas carencias económicas se habían esforzado por convertirse en profesionales, hasta muchachos difíciles que luego de pertenecer a una pandilla, terminaban colaborando en el proyecto, como vigilantes, incluso, con muchachos de otras bandas con las que permanecían en conflicto. Ellos nos dieron una tremenda lección  de convivencia”. 

A Yuri Arango no le extraña esa falta de confianza de algunos empresarios de Cali. Ella, psicóloga de 30 años, vivió varias veces el rechazo en entrevistas de trabajo solo por tener que colocar en una hoja de vida la dirección de su casa en el barrio Siloé. 

Hasta hace poco laboró en empleos temporales, algunos de ellos informales, no siempre relacionados con su carrera. Hoy, es la orgullosa asesora de Recursos Humanos del MÍO Cable; la  encargada de estar pendiente del proceso de contratación y selección de las personas que trabajarán en esta empresa. 

Yuri hizo también esa fila extensa a la que se le midieron otras 540 personas que, en apenas tres días, dejaron con fe su hoja de vida a las puertas del Cali de la Comuna 20, en mayo pasado. Abuelos, madres cabezas de hogar, jóvenes recién egresados de colegios, hombres y mujeres que nunca habían podido lograr un empleo formal. 

La misma que soportó Miriam del Socorro Reinoso, madre de dos hijos, hija y nieta de los fundadores de la comuna, quien arribó una mañana de jueves sobre las 7:00 a.m. y solo pudo abandonar el lugar pasadas las 5:00 de la tarde, con la secreta ilusión de ser una de las seleccionadas por la empresa manizalita. Hoy en su carné de empleada enseña su cargo como coordinadora.

Si usted le pregunta a John James García le narrará una historia similar. Padre soltero de un chico de 18 años y líder social desde hace dos décadas, este vecino de Pila Seca, en la parte más alta de la comuna, le dirá que también soportó una hilera  agobiante, bajo un sol que castigaba con fuerza, con la esperanza de trabajar en el MÍO Cable, al que vio construir con paciencia en los últimos cuatro años. 

Hoy, gracias al salario que recibirá, podrá comenzar a pagar la carrera que su hijo está cursando en el Sena. 

Lo propio le contará Ricardo Méndez, otro habitante de la comuna, y uno de los doce operadores que podrán volar este  sistema a diario. Igual sucederá con cualquiera de los cuatro ingenieros,  de los ocho técnicos y tecnólogos o los 18 auxiliares de abordaje que no hace muchos días llegaron a sus casas con la noticia  de que también habían sido contratados.

Junto a ellos estarán cinco almacenistas y diez personas más que se encargarán del aseo y el mantenimiento. Las cifras del gerente Óscar González indican que el 70 % de la gente que labora en MÍO Cable es de la comuna. La meta, cuenta, es que cuando el sistema ya esté en marcha se puedan emplear hasta un total de 70 personas.

 Sebastián Herrera, director de la oficina del MÍO Cable en Cali, piensa que más allá de una oportunidad de trabajo lo que realmente emociona a estas personas es sentirse, por fin, parte de una ciudad a la que se habían acostumbrado a mirar con desdén y desilusión desde las alturas. 

“Una ciudad que sentían que no les pertenecía, que los miraba con rechazo, que siempre los relaciona con casos de violencia”, reflexiona. “Ahora, un cable logrará lo que antes no pasaba:  entrar y salir con facilidad a unos barrios en los que incluso se podrá hacer turismo. Unos barrios en los que sobran manos que quieren trabajar y hacerlo bien”.

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