Historias de hombres que deambulan como fantasmas por El Calvario

Febrero 03, 2017 - 01:21 p.m. Por:
Sylvia Charry Sepúlveda, especial para El País
Historias de hombres que deambulan como fantasmas por El Calvario

“Esto es tan verraco que para conseguir plata para drogarme empecé a robar, a prostituirme y hasta pegar susticos por ahí en la calle, no me importaba nada”, relató uno de los habitantes de El Calvario.

Unas 1.975 personas son consideradas habitantes de la calle. La mayoría reside en cambuches e inquilinatos en el centro de la ciudad. Drama.

“Yo duermo donde me caiga la noche, tengo un problema de poli-consumo, si me dan pared, pared fumo. Trato de conseguir cualquier peso para fumar heroína, que es lo que consumo normalmente, ya lo otro no me hace ni cosquillas, a lo bien… he tratado de salir de las drogas, pero pasan dos días y las fiebres, los escalofríos… mejor dicho, siento que me voy a morir del dolor, vuelvo a caer”, expresa Alexander Mena, habitante del barrio El Calvario.El hombre continúa contando su historia mientras traga entero el almuerzo que le da la Fundación Samaritanos de la Calle. Sin masticar y con el hambre que revela su respiración, pasa cada cucharada con jugo sin saborear. “Por soledad, empecé a consumir marihuana a los trece años y poco a poco me fui cayendo a este maldito hueco que me ha paralizado durante 17 años. La familia piensa que metiéndolo a uno a un centro de rehabilitación lo va a hacer recapacitar, pero ahí se conoce a los más garras, los más ratas, los más gamines de la ciudad, y ahí sí mija, derechito para la calle. Esto es tan verraco que para conseguir plata para drogarme empecé a robar, a prostituirme y hasta pegar susticos por ahí en la calle, no me importaba nada, cuando uno está tan metido en ese cuento no le tiene miedo a nada”.Alexander Mena tiene 30 años, es de piel blanca, alto, de ojos verdes y flaco. Su mirada parece siempre perdida. Como él hay muchos en El Calvario, donde el panorama lo conforman indigencia, miseria, prostitución, drogas y hambre. Entre fantasmasAsí se caminan las calles en El Calvario: oliendo a basura y bazuco, sonriéndoles a los que te miran para no parecer un intruso, y apretando para que no se te salga ni una lágrima por las crudas escenas que se ven, pues lo que a ellos menos le interesa es provocar lástima, no en su territorio, aunque tal vez sea una buena estrategia a la hora de buscar trabajo. Un abuelo mima a sus tres nietos, mientras voltea la cara para fumar bazuco y se ríe al ver como lo mira el voluntario que me acompaña. Los niños descalzos juegan fútbol con un balón roto. Las mujeres en la calle hacen el sancocho para los que hayan colaborado con los ingredientes. Los hombres fuman y juegan parqués, mientras se ve a los jóvenes con los ojos rojos, en las esquinas, tirados, mirando de abajo a arriba a todos los que pasan, para jugar a adivinar a quién le llega la hora final, amenazando de muerte por pasar por su territorio.Un mundo de reincidenciasLa Secretaría de Bienestar Social de la Alcaldía de Cali señala que aproximadamente la tercera parte de los habitantes de la calle llega a esta situación por problemas económicos. Otras causas son la droga, el maltrato y el estar perdido de la familia.El censo sectorial de estos habitantes realizado por la Alcaldía y el Dane revela que hay 3.620 personas en situación de calle y 1.975 son habitantes de la calle. Y que dónde más se concentra esta población es en las comunas nueve (centro, Alameda, Sucre, Obrero, Junín) y tres (El Nacional, San Nicolás, El Hoyo y El Calvario). El 72,7% duerme en la calle y el 11,7%, en cambuches. Samaritanos de la Calle es una fundación de la Arquidiócesis de Cali que trabaja con esta población. Les brinda servicios de salud, hogar de paso, alimentación, arreglo de ropa, baño y peluquería. Esta labor es apoyada por la Secretaría de Bienestar Social de Cali, la cual destina cada vez menos presupuesto para este tipo de tareas. Este período, por ejemplo, habrá para esta población $200 millones. Ricardo Ceballos, quien trabaja con la fundación, cuenta que al no tener el apoyo que se espera del Estado, les toca buscar financiamiento a entidades privadas o acudir a la caridad.Otros rostrosJenifer Yamilet, afro-colombiana de 20 años, cuenta su historia mientras mira al cielo. Dice que una tía la trajo engañada a los diez años prometiéndole un futuro mejor, la dejó tirada en Charco Azul y desapareció. Afirma que la calle es muy dura, lo repite una y otra vez. Durmió en la calle tres años, recorrió lugares buscando tranquilidad, porque varias veces intentaron abusar de ella. Ahora, tratando de rehabilitarse, trabaja en el centro vendiendo dulces por la tarde y luego pasa la noche en la casa de hospedaje de Samaritanos. Así pasa los días, esperando que al fin algo cambie.Retomando la historiaAhora Alex es una más de las personas que se ve deambulando fantasmalmente en los barrios de la ciudad, pidiendo algún tipo de trabajo, como cortar el pasto o barrer. Afirma que lleva luchando cinco días para no caer en la tentación de la heroína. Sufre a diario con dolores, delirios de persecución y con el duende que dice que se le aparece en las noches ofreciéndole bazuco. “Así uno qué hace, dejarse morir, porque pa’ qué trabajar si ni tengo sueños, a lo bien… ya ni sueño, me la paso en blanco, ni pienso, porque pa’ qué pensar, eso es una perdedera de tiempo, hay sólo que esperar a que sea el día de uno. De resto es conseguir pa’l día, por lo menos mantenerme dopado para no ver claramente, porque ahí sí me enloquezco”.

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