Historias asombrosas de tres bailarines caleños que no solo han desafiado la gravedad

Historias asombrosas de tres bailarines caleños que no solo han desafiado la gravedad

Julio 24, 2011 - 12:00 a.m. Por:
David Rosales, reportero de El País.
Historias asombrosas de tres bailarines caleños que no solo han desafiado la gravedad

Andrea García. No aceptó un no como respuesta ni creyó en quienes le dijeron que no sería una gran bailarina.

Raúl Andrés Rojas, Andrea García y Ángela María García han tenido que superar dificultades y limitaciones para convertirse en bailarines profesionales.

Raúl Andrés Rojas entró al Instituto Colombiano de Ballet Clásico, Incolballet, sin que nadie le preguntara adónde iba o a quién necesitaba, porque en ese momento el vigilante andaba lejos de su garita. Pero el obstáculo lo sorprendió en la oficina de la directora Gloria Castro. Allí, una secretaria le dijo que la señora Gloria no lo podía atender si antes no había llamado a pedir una cita. Sin embargo, Raúl pensó: “¡Yo no voy a perder la venida!”. Salió de la oficina y trató de ver a la directora a través de una ventana. Gloria Castro notó que alguien la observaba entre los intersticios de una persiana y le preguntó a su secretaria quién era el espía. La secretaria volvió a hablar con Raúl y le llevó la información a la directora. Gloria Castro ya lo conocía. Él había estudiado tres años en Incolballet y se había retirado en el primer año de bachillerato. La directora llamó a Raúl a su oficina y oyó, asombrada, las historias que su discípulo pródigo le fue a contar. Martha, la madre de Raúl, se había ido para Ecuador a trabajar y él se quedó a vivir con su padrastro. Desde la partida de su mamá, Raúl se tuvo que encargar de todas las labores domésticas. Aunque él sólo tenía 13 años, todas las mañanas debía levantarse antes del alba para bañar, vestir y preparles el desayuno a sus hermanos menores. También los llevaba a la escuela, les ayudaba en las tareas y aseaba la casa. Esas obligaciones lo forzaron a retirarse de Incolballet.Poco meses después, su padrastro le avisó que no podía sostenerlo más. Raúl se lanzó a la calle. Sobrevivió repartiendo volantes y trabajando en carnicerías, graneros y en negocios de lavadoras. Esa fue su vida durante tres años, hasta que volvió a tocar las puertas de Incolballet, donde lo recibieron por segunda vez.Raúl vio clases de nivelación durante un mes y presentó un examen de para ver a partir de qué grado podía continuar sus estudios. Fue promovido al penúltimo año de formación en ballet clásico. Raúl se graduará como bachiller del Incolballet el próximo 28 de julio. “Le hemos brindado todo el apoyo. Él ha batallado mucho y nosotros lo hemos acompañado en su lucha. Terminará sus estudios con un muy buen nivel y le auguramos una carrera brillante”, afirma Gloria Castro. “Quiero seguir con la compañía de Incolballet para adquirir madurez artística. En un futuro iré a Ecuador a bailar y a ayudarle a mi mamá. Mi gran sueño es viajar a Cuba, la matriz del ballet”, comenta Raúl.Bailar o morirAndrea García recuerda que, en un colegio donde estudió parte de la primaria, vio una clase de danzas folclóricas. “Sufrí mucho porque en esa clase nunca me dejaron bailar”. Su mamá percibió esa frustración e inscribió a Andrea, que en ese entonces tenía 8 años, en Incolballet. Para ingresar al Instituto, Andrea presentó tres exámenes. Pasó el primero, pero reprobó el segundo y quedó desolada. Su mamá buscó a Gloria Castro para hablarle de la pasión de su hija por la danza. La directora de Incolballet evaluó personalmente a Andrea y le dijo que podía presentar la tercera evaluación.Sin embargo, Andrea tampoco pasó ese último examen. Su madre trató de interceder nuevamente. “La maestra Gloria nos dijo a mí mamá y a mí que si una de las niñas que habían sido aceptadas no se inscribía, me darían la oportunidad de entrar a un año de prueba”. Para fortuna de Andrea, la otra niña no se matriculó a Incolballet. “Desde chiquita tenía muy claro lo que yo quería ser y sabía lo que iba a pasar si no me esforzaba durante ese año”, sostiene. Ocho años después, Andrea se graduó del Instituto como una de las mejores estudiantes de su promoción y hoy en día es una de las bailarinas principales de la Compañía Colombiana de Ballet.“Andrea fuerte, se exige. Le he dicho que parece un ‘generalito’ de siete soles”, reconoce Gloria Castro.El cuerpo (im)perfecto Ángela María García es otra experimentada bailarina cuyos inicios fueron poco promisorios. “Siempre he sido muy delgada, pero no tengo todas las condiciones físicas que se consideran ideales”, acepta Ángela, quien lleva diez años en la Compañía Colombiana de Ballet. Algunas de las características a las que se refiera Ángela son el desarrollo del empeine, la elasticidad de la espalda, y la longitud y ligereza de las piernas. “El proceso de conocer mis defectos para superarlos ha sido muy duro. Me ha costado muchas lágrimas, muchos momentos en los que me he sentido impotente y he querido tirar la toalla”, añade. Pero la historia de Ángela no concluye en llanto. En palabras de Gloria Castro, “Ángela ha sabido darle a su cuerpo un trabajo tan especial que todos los coreógrafos que llegan a esta Institución quieren contar con ella. Es muy dúctil y se adapta a los distintos lenguajes de la danza”. La tenacidad de Ángela también la llevó a regresar a los escenarios después de una lesión con una rapidez increíble. Durante el montaje de la obra ‘Cali-Da memoria’, estrenada en 2005, ella sufrió una fractura en el pie izquierdo al tropezar con otro bailarín. “En ese momento pensé que todo se había acabado para mí”, confiesa Ángela. Pero luego de un mes de absoluta quietud y tres semanas de terapia, participó en el estreno de la obra.Hoy, Raúl, Andrea y Ángela son cisnes en el lago del ballet. El relato de los tres demuestra que ese lago es mágico, no sólo por la misteriosa elegancia de quienes flotan en él. Su carácter fantástico se debe a que en sus aguas el sudor y las lágrimas tienen un sabor dulce: el de la tenacidad.Educación para la danzaLos niños pueden ingresar al Instituto Colombiano de Ballet Clásico, Incolballet, en cuanto terminan tercer grado en otras instituciones escolares. La formación artística y académica de los bailarines empieza en el primer grado de ballet, que equivale al cuarto año lectivo del bachillerato clásico. En Incolballet, los jóvenes concluyen su preparación en octavo grado y luego tienen la posibilidad de continuar en la Compañía Colombiana de Ballet. Esta Compañía fue antecedida por otras dos: el Ballet Nacional y la Compañía de Ballet de Cali, fundada en 1986. La Compañía de Ballet de Cali tuvo una brillante trayectoria de once años. Sin embargo, una crisis económica llevó a su cierre.

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