Historia de mujeres víctimas del conflicto que se convirtieron en confeccionistas

Historia de mujeres víctimas del conflicto que se convirtieron en confeccionistas

Enero 12, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera, reportera de El País.

Mujeres con experiencia en confecciones y afectadas por el conflicto, se capacitaron en un programa que las convirtió en creadoras de tendencias de moda para diversos usos.

[[nid:497814;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/01/calib1ene8-16n1photo01.jpg;full;{Especial para El País.}]]

En su juventud, Carmen Bolaños  hizo un curso de confecciones con la Federación de Cafeteros y  eso le sirvió para  trabajar  en fábricas de confecciones, pero nunca pensó  tener un taller  propio. 

Carmen enviudó y en  2006 le asesinaron a su hijo Hernán Ordóñez Bolaños, entonces se tuvo que ir de La Cumbre para la Costa Atlántica, huyendo del conflicto, pues temía que sus otros hijos corrieran la misma suerte: muerte e  impunidad, pues el asesinato de Hernán ni siquiera figura como demandado, pese a que ella puso la denuncia en la capital del Atlántico, dice.

“En Barranquilla no conocía a nadie, allá no hay de qué vivir,   y nos devolvimos otra vez sin nada después de voltear diez años allá”, cuenta esta mujer que  volvió a Cali y se convirtió  en   la modista de la cuadra, la de la clínica de ropa que hacía arreglos a prendas ya hechas y uno que otro vestido que les confeccionaba a sus amigas.

Era  más una forma de rebusque que una empresa. Ahora Carmen Bolaños es diseñadora de modas y presentó su primera colección de blusas para dama. “Mi ropa es tipo  sport señorial y va dirigida a mujeres entre 30 y 40 años de edad”, dice ahora Carmen, empoderada de su nuevo rol como emprendedora del sector de las confecciones. Y enseña las muestras de sus   prendas exhibidas, en colores fuertes como azul rey, fucsia, salmón, con incrustaciones en encaje a tono.    

Clara Inés Angulo Ibarra era una reconocida confeccionista de cortinas y cenefas de Buenaventura y con eso se sostenía. Hasta que en 2006  se tuvo que desplazar a Cali, solo  con los dos hijos que le quedaban y la ropa de andar. El otro murió en la confrontación del conflicto armado y ella tuvo que dejar botado todo lo de su negocio, incluida la máquina de coser, su único patrimonio.

Buscando la forma de sostenerse, en 2007 empezó a estudiar patronaje de ropa infantil y manejo de máquinas planas en el Sena. Logró reunir para comprar una máquina de segunda, pero como se enredaba mucho, la mandó a reparar, con tan mala suerte que el técnico se trasladó de local, con máquina y todo y no dejó razón alguna.

Hasta que en el Sena supo de este proyecto  del Ministerio del Trabajo y del Centro de Innovación para la Industria de la Moda Arturo Tejada Cano, CIIM-ATC, “que nos dio la oportunidad de estudiar con don Arturo Tejada. Ahora les doy gracias”, dice Clara Inés, exhibiendo los cuatro modelos de sus blusas azul turquí, de silueta estructurada,  que ella describe de “diseño clásico y moderno”. Trabajo muy valioso, considerando que Clara Inés las confeccionó en una máquina prestada de una amiga que vive en el barrio El Retiro, de Cali. Cuando su amiga no tiene costura, le cede el turno a Clara Inés.

Carmen y Clara Inés son dos de las 41 personas del Valle del Cauca que tomaron parte del proyecto Escalando Sueños, Confeccionamos de Corazón, programa  del Ministerio del Trabajo con el Centro de Innovación para la Industria de la Moda Arturo Tejada Cano, CIIM-ATC.

El programa empezó en septiembre pasado  con 232 empresarios víctimas del conflicto y en condiciones de discapacidad, en Bogotá, Medellín, Ibagué y Cali,  orientado a mejorar sus capacidades productivas, sus conocimientos en diseño y sus condiciones de acceso a los mercados de estos emprendedores. 

Para  Felipe Barney, administrador del proyecto en Cali, lo más valioso es ver cómo personas que sabían el oficio un poco artesanalmente, como hacer arreglos o coser sobre medida, ahora pasaron a producir en serie, en una forma industrial.

[[nid:497812;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/01/calib1ene8-16n1photo02.jpg;full;{Así fue el desfile en el cual los 232 nuevos empresarios de la moda, 41 del Valle, exhibieron sus productos en vitrina y en pasarela en Bogotá.Especial para El País.}]]

“Estas personas lograron mejorar sus competencias técnicas como el patronaje, como principio de la producción industrial o a escala, saben sacar moldes por tallaje y mejorar la calidad de sus diseños”, explica el joven administrador.

Parte de esta etapa  fue enseñarles a sacar costos, es decir, a calcular el precio final del producto, por lo que se hizo un esfuerzo grande para que aprendieran a costear consumo y utilidades. Una segunda fase fue fortalecerlos en el área comercial, encontrándoles clientes y estableciéndoles los contactos. 

Jenny Pardo, mentora comercial, lo confirma. Su función es apoyar en el área comercial a estos emprendedores “empíricos” a prepararse para insertarlos en un mercado con normas ya establecidas. “Ellos tienen una historia de vida por sus condiciones de desplazamiento de sus regiones de origen, y tienen un emprendimiento empírico, pero sin ninguna formación técnica; entonces, nuestra tarea es ayudarlos a tecnificar sus procesos y formalizar su negocio”, explica la asesora.

Por ejemplo, ellos no sabían darle valor a su trabajo o producto y, mucho menos, enfrentarse a una cita con un  cliente para ofrecer sus artículos, con unas leyes del comercio y del mercado que ellos desconocían. 

Entonces Jenny, como otros mentores, les acompañaban en ese proceso, incluido el de ir a la cita con el posible comprador mayoritario, qué documentación pedirle, cómo tomar un pedido, cómo cerrar el negocio y hasta la forma de pago, si es con cheques, con anticipos, entre otros aspectos desconocidos para ellos. El proyecto los acompaña hasta la entrega del producto al comprador.

Y luego, había que capacitarlos en cómo reinvertir un porcentaje de las ganancias en su negocio, para tener crecimiento y sostenibilidad y crearles la cultura de la reinversión, explica Ida Zucconi, otra mentora del grupo. En fin, era  graduarlos de empresarios.

Zuconi agrega que la experiencia fue tan exitosa en el país que en el primer mercadeo que se hizo, hasta los primeros días de diciembre, en el grupo de  Cali hicieron negocios superiores a $1.455 millones: “Cali respondió muy bien, las ventas del sector textil fueron del 70 %, algo  muy significativo para los emprendedores y para los gestores del programa”.

Como ejemplo citó a la compañía productora de fajas Ann Chery, que cada año compra dotación de 1200 empleados y al conocer el proyecto ‘Escalando sueños, confeccionamos de corazón’,  quiso que uno de los emprendedores, que hace uniformes corporativos, fuera su proveedor.

Otro cliente pidió 500 camibuzos a otro de  los emprendedores que se dedica a esa línea de producción. Y han tenido gratas sorpresas como aquel almacén de calzado que les pidió 1600 pares de zapatos. “Estamos felices”, declara sonriente Zucconi.

A esta alegría de las mentoras comerciales, de Carmen, Clara Inés, se suma de los otros emprendedores que recibieron su diploma y se graduaron con un desfile de moda al estilo de las más grandes pasarelas, realizado en Bogotá el pasado 10 de diciembre, donde modelos profesionales exhibieron sus colecciones, entre la gran variedad de propuestas.

Luciano Perfetti Villa, coordinador del Grupo Interno de Trabajo para la Equidad Laboral y gerente del proyecto, dijo que  cumpliendo con la Ley de Víctimas (Ley 1448 de 2011), “el Ministerio del Trabajo decidió priorizar la reparación de esta población vinculada al sector de la confección brindándoles la oportunidad de fortalecer sus capacidades empresariales y productivas”.

Para  Arturo Tejada, Director del CIIM-ATC,  entidad que ofreció la capacitación especializada,  hay dos cosas importantes: poder desarrollar un proyecto de cambio y una visión clara del negocio de la moda y las confecciones. “Por eso  estamos apoyando a estas empresas en el mejoramiento productivo, y lo segundo es generar oportunidades de venta, oportunidades comerciales reales con sus mercados.”

Barney destaca que ahora seguirá una tercera y última fase de fortalecimiento de los talleres de formación, con insumos y maquinaria para que la intervención sea totalmente integral.

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