Historia de la religiosa que cumplió cien años sanando heridas del cuerpo y alma

Marzo 22, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera, reportera de El País.
Historia de la religiosa que cumplió cien años sanando heridas del cuerpo y alma

A sus cien años, la hermana Rosaura aún esboza una sonrisa para agradecer los detalles de la celebración del centenario de su nacimiento que le organizaron las religiosas, y a la que asistieron sus ocho hermanas sobrevivientes.

La hermana Rosaura Gutiérrez Tobón, de la orden San José de Gerona se entregó en cuerpo y alma a servir a Dios a través de los enfermos.

Es una santa. Lo dijo un  padre dominico a quien ella cuidó hasta partir hacia la eternidad. No se refería a  ninguna beata del santoral, sino a la hermana Rosaura Gutiérrez Tobón, una religiosa nacida en el remoto pueblo de Pácora, Caldas, y que se entregó en cuerpo y alma a servir a Dios a través de los enfermos. Enfermos y moribundos como el padre dominico cuyo nombre su memoria ya no recuerda.

La hermana Rosaura nació con el siglo XX, el 28 de febrero de 1916, como la segunda hija entre   16 hermanos. Desde muy niña tuvo la misión de ayudar a criar a estos pequeños, pero muy joven siente el llamado de Dios, cultivado en su hogar profundamente católico.

Cuando le comunica  a su padre, Rómulo Gutiérrez, su deseo de “seguir lo que Dios le inspira”, él se opone  a que se vaya al convento, pero su madre, Rosario Tobón de Gutiérrez,  la apoya. La joven abandona las comodidades de una familia estable económicamente y la casa de una de las esquinas principales de Santa Rosa de Cabal, donde vivían, para seguir el dictado divino.

A la edad de 22 años y cuando Jael, la  última hermana tenía solo 3 años, Rosaura   viajó a Cali  en marzo de 1939 para iniciar su apostolado en el Instituto San José  de Gerona, una orden que hace honor al esposo de la Virgen y a la ciudad española de Gerona, donde fue fundada.

Su apego a Dios fue  tan fuerte que solo seis meses después, pasó  al noviciado. Dos años después hace su primera profesión de fe y tres años después, hace los votos perpetuos. Pero perpetua parece su larga vida de servicio a los enfermos que el pasado 28 de febrero celebró sus 100 años de vida y los 75 de vida consagrada al Creador.

Las religiosas  de la comunidad San José de Gerona, en Cali, lideradas por la hermana  provincial, la caleña Martha Cecilia Anturi Larrahondo,  le celebraron su siglo de  vida y sus bodas de diamante de un servicio religioso que la llevó por las comunidades de Cali, Manizales, Medellín, Bogotá y finalmente regresó a Cali, donde pasa sus  días de reposo.

La hermana Rosaura pedía justo a los enfermos más marginales y vulnerables, para  ofrecerles a manos llenas su amor, delicadeza, paciencia, dedicación y oración, cuenta la hermana Martha Cecilia. 

Pero por ese mismo carisma para dar la paz y aliviar el dolor, como reza el lema de la comunidad de las religiosas de San José de Gerona, la solicitaban para cuidar personalidades como el padre dominico, a un sacerdote escolapio (orden de San José de Calasanz, dedicados a la educación)  o como el mismísimo el cardenal Concha, con quien le tocó trasnochar mucho hasta que falleció  en 1975 en la capital de la República, recordó la hermana Olga Rincón, quien compartió misión con ella en esa ciudad.

Es que la hermana Rosaura hacía honor al apelativo de las monjas de esta colectividad, llamada como ‘las veladoras’: permanecía en vela toda la noche con el enfermo, pero si al día siguiente le pedían otro favor, ella asentía como si nada.

La hermana Martha Cecilia resalta la dedicación, la abnegación, delicadeza, la capacidad de servicio a los enfermos y a Dios, porque cuando no estaba ocupada, la encontraban siempre en oración en la capilla. “Era de una espiritualidad muy profunda y sentía  mucho amor por la  Eucaristía”, explica.

Si para velar enfermos era la más dedicada, tenía más talentos: interpretaba el piano y  el armonio y hacía una segunda voz, por lo que acompañaba siempre la celebración de la Eucaristía con piezas de música religiosa o cantos a la Virgen, a  San José o el conocido Cómo no creer en Dios, su preferido.

Pero la hermana Martha Cecilia la recuerda también cantando pasillos como Las Acacias o El Camino de la Vida y otras piezas clásicas de la música colombiana. La hermana Sonia Mesa, superiora de la comunidad en la Clínica Nuestra Señora de los Remedios, entidad que regentan las religiosas de San José de Gerona, la evoca cantando el vals El Limonar, de Silva y Villalba, dice tarareando “al saber que muy pronto ibas a volver...”.  Destrezas por las cuales también fue la profesora de música y canto de las postulantes nuevas que iban ingresando a la comunidad.

También la describe como  una religiosa de mucha lectura. Había devorado los cuatro tomos de El Hombre Dios, poema de la mística italiana María Valtorta. Ese, los libros de Santa Faustina  y muchos títulos más, enriquecían su vocabulario, lo que hacía agradable su conversación y mensaje para paliar los dolores del cuerpo y del alma de los pacientes.

[[nid:519406;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/03/rosamar16n1photo04.jpg;left;{Rosaura Gutiérrez, (de pie, a la der.), con sus padres y herma nos, antes de ingresar al convento de San José de Gerona.}]]

“Ha sido una religiosa profundamente espiritual, espiritualidad que es el fruto de la  oración, de donde se desprendía toda su actividad. Era muy sencilla, muy humilde,  la primera en hacer los oficios,  cuando iba a prestar el servicio, ella pedía a los más desprotegidos, porque  era muy sensible a  su dolor y así, más los fortalecía”, afirma la hermana Sonia, quien cultivó  con ella una linda amistad desde Bogotá y se  reencontraron ahora en la sede de la orden en Cali.

 “La convivencia con ella es muy agradable, jamás tuvo una mala palabra con ninguna hermana, siempre tuvo una expresión amable  con todas”, la describe la religiosa Purificación Nucete.

Una vez, la hermana Rosaura salió un domingo como siempre a visitar a un primo residente en Cali. Pero se hizo tarde y no  llegaba: se había confundido y no sabía cómo llegar al convento. Una familia la orientó y la llevó hasta la puerta.  Desde entonces, sino fuera por las traiciones de la memoria y uno que otro achaque, la monja que dedicó su vida a cuidar enfermos, goza de cabal salud.  

Para las religiosas de San José, cuya festividad se celebra este 19 de marzo, la vida de la hermana Rosaura Gutiérrez Tobón es un ejemplo para las nuevas generaciones. Incluso para Marisela Pescador, una postulante de Pereira que recibió el llamado de Dios y se prepara en Cali para acceder al noviciado. Y para Maribel Monsalve, una ‘juniora’ que ya hizo sus primeros votos en la sede de Bogotá y se prepara para hacer sus  votos de consagración.

“Para ingresar a la comunidad solo se necesitan dos requisitos: sentir el llamado de Dios y tener este carisma, el de atender a los enfermos, que fue lo que hizo la hermana Rosaura durante toda su vida”, explica la hermana Martha Cecilia.

Es lo que ha permitido que desde 1922, las religiosas de San José de Gerona hayan aliviado el dolor de tanto enfermo, aún en las comunidades más vulnerables. Seis de ellas atienden las 24 horas a  27 ancianos del estrato 1  en la Fundación  Hogar de Nazareth, en el barrio Las Orquídeas, del Distrito de Aguablanca, con apoyo del Banco de Alimentos y algunos benefactores.

En Siloé, cerca a La Nave, operan   el Centro Médico María Gay Tibau, en honor a la fundadora de la orden, para brindar distintos servicios de salud a la comunidad  de la ladera, con precios muy módicos. Lo dirige la hermana Covadonga Galguera y la apoya la hermana Paola Velasco y dos más.

En el mismo sector  de Siloé, sector Lleras Camargo, más de 800 niños entre los 2 meses y los 6 años  reciben atención en una guardería a cargo de estas religiosas, en convenio con el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, ICBF. 

La vida de servicio y abnegación de la hermana Rosaura, llevando paz y aliviando el dolor de los enfermos, marcó no solo a generaciones de religiosas que convivieron con ella y de  quienes recibieron sus cuidados, sino a sus propios familiares que vieron en ella un modelo de hacer el bien.

“Es muy apreciada por su familia, entre quienes le sobreviven ocho hermanas y un innumerable grupo de sobrinos que son  profesionales y buscan hacer el bien desde sus carreras”,   comenta la hermana Martha Cecilia. Solo siguen el   ejemplo de esta monja a quien ellos, las religiosas, los enfermos, la ven como una santa.

[[nid:519405;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/03/rosamar16n1photo03.jpg;full;{Rosaura Gutiérrez, al centro, con su familia actual, las hermanas de la congregación San José de Gerona, de Cali.}]]

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