Historia de la ministra italiana Cécile Kyenge, la mujer que no le teme al racismo

Septiembre 15, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Margarita Rosa Silva Daza | Reportera de El País
Historia de la ministra italiana Cécile Kyenge, la mujer que no le teme al racismo

Cécile Kyenge, la primera mujer de color que llega al ministerio de Italia.

La primera mujer de color que llega al ministerio de Italia, se ha convertido en un referente para los de su raza alrededor del mundo. En el homenaje que recibió en la Tercera Cumbre Afro, en Cali, se sintió conmovida.

De pie, rodeada de rubios que miden al menos 20 centímetros más que ella, Cécile Kyenge se ve modesta, vulnerable. No es casualidad que la cuiden como un tesoro invaluable: esta señora originaria del Congo, de piel ébano y mirada inocente, es nada menos que la primera mujer de raza negra que llega a ser ministra de Italia. Verla ahí en la Tercera Cumbre de Mandatarios Afro, cuidada por tantos hombres blancos, es una paradoja curiosa: una mujer que ha recibido toda clase de ataques y ofensas por su color de piel, por ser mujer, por ser extranjera... por ser ella, pero que es respetada por los suyos, por quienes realmente la conocen. ¿Qué pensarán su esposo y sus dos hijos de que un congresista la haya comparado con un orangután? ¿De que unos hombres de un grupo de extrema derecha llamado Forza Nuova le hayan lanzado plátanos en medio de un discurso? ¿De que un día le dejaron dos maniquíes ensangrentados pidiéndole que dimita?Ella dice que su familia entiende: que ellos saben que no está trabajando por ella, sino por los demás. Y la apoyan. Es esa entrega que la caracteriza, la razón por la cual ninguno de los líderes afro presentes en la cumbre duda de que ella es un símbolo. “Hoy no tenemos a Martin Luther King, ni a Malcom X, tampoco pudo venir Nelson Mandela: pero tenemos a Cécile” lo resumió Óscar Gamboa, asesor del programa Afro de la Presidencia de la República.Cécile, el ejemploCécile nació en el Congo, África Central. A sus dieciocho años se aventuró a estudiar medicina en Italia. Uno pensaría que quizás vivió la discriminación desde su llegada. Pero no: ella asegura que el reto fue más de integración personal, una lucha interna de autoaceptación y adaptación. Después de ejercer su especialización en oftalmología, se dio cuenta de la difícil situación que padecían muchas personas. No precisa al respecto, pero quizás historias de discriminación, pobreza, racismo, violencia. Decidió que debía actuar. Poco a poco, y tal vez sin darse cuenta, se convirtió en un referente. No solo en Europa, sino en su país y para otros africanos. Así lo relata Djibril Diallo, democrático de las Naciones Unidas que recuerda seguir su labor de defensa de la labor de los derechos humanos desde hace años. Su lucha tiene muchos frentes: no solo es su raza, sino su condición de mujer. Se suma su estatus de inmigrante. Djibril dice que ella es la prueba viviente de que en ningún país del mundo las mujeres son tratadas en igualdad de condiciones que los hombres.El ejemplo de fortaleza de Cécile como mujer ha tocado incluso a las mujeres afro de latinoamérica. “O mejor dicho, a las mujeres en general”, dice Martha Moyano, excongresista peruana, que se siente identificada por su ejemplo. Porque, admite: ser afro y ser mujer al mismo tiempo, las hace más vulnerables, pero también las convoca a ser el doble de eficientes, de responsables. A llevar el doble de la carga.Zelmira Aguilar, peruana también, da fe de la emoción que sintió cuando se acercó a Cécile a pedirle una foto, y ella no solo accedió, sino que le dio un beso. Recuerda también cómo “su carita” era la de una niña asustada cuando llegó al evento y vio aquél mar de hijos del África unidos en una sola voz que aclamaba su nombre.Renunciar sería una derrotaParece increíble que a una persona le digan todo tipo de improperios y la ataquen de tantas formas, y aún así ella afirme que no lo toma como algo personal. Pero para Cécile así lo es. De hecho, ella lo ha tomado con buen humor. Cuando le tiraron bananos pensó dos cosas: primero, que era un desperdicio de comida, habiendo tanta gente aguantando hambre. Y segundo, que era un peligro una cáscara de banano en el piso para cualquiera que pasara. Es que a Cécile no le gusta rendirse. Al preguntarle si desde su nombramiento como ministra, en abril, ha pensado alguna vez en renunciar, respondió que no, porque “renunciar sería una derrota”.Eso es sin duda lo que la asemeja tanto con los grandes líderes negros del mundo. Citando al presidente de Colombia, Juan Manuel Santos en su discurso de apertura de la Cumbre: los verdaderos líderes deben estar dispuestos a sacrificarlo todo por la dignidad de sus pueblos. ¿Se siente más discriminada por ser negra, por ser mujer, o por ser extranjera en Italia? Ninguna de las tres. Cécile dice que los que tienen problemas son aquellos que la atacan. Que los que se discriminan son ellos mismos. Es que esto pasa en todo el mundo. Por ejemplo, explica Richard Gant, actor de Hollywood presente en la cumbre: al presidente Obama le pasa a diario. “Cada día le llaman mono”. Esto, explica, es de gente que tiene miedo de que otros tomen el poder. Eso los asusta al punto de gritar obscenidades, menciona. Sucede igual con Cécile, a quienes los diferentes grupos de extrema derecha no le dan un respiro.Tal vez por eso fue que se quedó prácticamente sin palabras cuando recibió el homenaje en Cali hace dos días: miró a la multitud en frente suyo y dijo que se sentía protegida. No se la creía. “Yo no pensaba llegar hasta aquí. Mi sueño era simplemente ser médico”, comentó. Presenciar el apoyo de su gente en el mundo fue como un trago de combustible para el motor de su lucha. “Todos los afros en el mundo, que se sienten menos que los demás, deben saber que no es así. Hay que caminar con la cabeza en alto”. Razón tiene el vicepresidente de Colombia, Angelino Garzón, al sentenciar que seguramente en cinco años nadie recordará el nombre de sus agresores, pero que a ella la recordaremos por siempre.

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