Historia de Eduardo Ángel, el caleño que ganó el Emmy

Historia de Eduardo Ángel, el caleño que ganó el Emmy

Diciembre 10, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera, reportera de El País.

El caleño fue premiado por la realización de una serie sobre el Bronx, uno de los sectores más deprimidos de Nueva York.

[[nid:489620;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/12/calib4nov25-15n2photo01.jpg;full;{Efectos especiales en fotografía fija y de video, luces y sombras, un sello inconfundible en el trabajo de Eduardo Ángel, un caleño que les da cátedra a los estadounidenses en producción visual...Especial para El País.}]]

Cuando los  turistas van a Nueva York,  todos corren a  escalar el Empire  State o la Estatua de la Libertad. Pero nadie quiere descender al infierno del Bronx, el  área supuestamente descompuesta   de la Gran Manzana.

Pues fue un caleño, Eduardo Ángel, el ojo avizor que logró cambiar esa percepción: el Bronx es un tesoro escondido, con joyas dignas de visitar. Él redescubrió el paraíso allí y lo cuenta con imágenes, con testimonios, con música, con secuencias, en lenguaje audiovisual. Eduardo es un artista de la imagen, de la fotografía, del video.

Una serie de video para la televisión que cambia la imagen del Bronx le hizo doblemente ganador: fue nombrado  director de fotografía de este proyecto de la Alcaldía de Nueva York.  Y el trabajo le mereció a él y a un equipo de estudiantes un Premio Emmy, algo así como el Oscar en el cine, el Grammy en la música, la máxima distinción en televisión. En la capital de las comunicaciones, las tecnologías, en el país rey de la televisión y el mundo audiovisual, nunca nadie había capturado esa alma y esa aura oculta del Bronx.

¿Cómo un caleño egresado del Colegio Alemán termina dándoles cartilla de fotografía y video a los estadounidenses? Algo así como si uno de ellos viniera a Cali a enseñarles a hornear pandebono a los caleños. Eduardo se graduó de bachiller y no sabía qué iba a hacer con su vida. Pero su padre, Gabriel Ángel,  lo retó: ‘O estudia o trabaja, pero no se va a quedar sentado en la casa leyendo periódico’. 

Entonces se fue a prestar el ¡servicio militar! Fue el año en que empezó el programa de bachilleres auxiliares de la Policía Nacional, que buscaba acercar  los uniformados a la ciudadanía. Con él eran  16 egresados de colegios bilingües y   los mandaron a la Isla de San Andrés  como policías de turismo. Frente al mar,  Eduardo se tomó todo ese año para pensar muy bien su carrera. Hablaba con cuanto turista atendía sobre profesiones y oficios e investigó todos los programas de estudio de las universidades colombianas. Cuando colgó el uniforme, concluyó que quería estudiar fotografía, pero  ninguna universidad ofrecía esa carrera. Entonces se decidió por  la arquitectura en la Universidad de los Andes, en Bogotá.

Desde segundo semestre  descolló trabajando en diseños de proyectos y asistente de profesores. Y se dedicó a su gran pasión,  viajar  y tomar fotos de ciudades, edificios, paisaje urbano. Hasta allí, la fotografía estaba al servicio de su carrera como arquitecto. Se  erigió en autodidacta de la imagen, pero   buscó formación profesional en ese arte de la captura de  instantes que unidos, reflejan la vida.

Aplicó a becas de maestría en Alemania, Canadá,  Estados Unidos, Australia, y por el portafolio que  presentó,  ganó un concurso de fotografía  para  estudiar en  ‘The Savannah College of Art and Design’, una de las cinco  mejores escuelas de  fotografía y de arte en Estados Unidos.

El premio era media beca para la   maestría en Bellas Artes con énfasis en fotografía. “Me encantó. Aprendí  técnicas, por primera vez vi un cuarto de revelado y  todos los medios para desarrollar fotografía.  Fue tan fascinante que no podía dormir de la emoción”, evoca  él,  sobre cómo un nuevo mundo se abrió ante sus ojos  como cuando una nueva lente le deja ver puntos, objetos y ángulos insospechados.

Con  tres trabajos al tiempo, pagó la otra parte de  la maestría y se graduó.  Se fue a Chicago, famosa por su arquitectura, para  hacer lo único que sabía: fotografía arquitectónica. Y  trabajaba medio tiempo en una firma que rentaba equipos de fotografía. Eso le daba  acceso a mejores equipos de los que él podía obtener y el contacto con muchos clientes, de los que aprendía.

[[nid:489618;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/12/calib4nov25-15n2photo04.jpg;full;{Fotografía y arquitectura, las dos pasiones que mueven la vida de Eduardo Ángel Cifuentes, hijo y nieto de fotógrafos aficionados de Cali.Especial para El País.}]]

Era el año 2002,   justo cuando este arte hacía su transición  de la fotografía análoga (en papel)  a la digital. Un momento histórico   en la evolución de la imagen, tan breve pero decisivo como cuando se obtura el botón para congelar el tiempo en una foto.

Aprendió  tanto de fotografía digital, que lo llamaron desde Nueva York para ofrecerle un trabajo para asesorar  estudios, fotógrafos, museos, firmas comerciales  y gente del medio a dar ese salto al clic digital. Lo hizo tan bien que en 2008 Cannon lo escogió entre diez personas de soporte técnico para estrenar la primera cámara   fotográfica que hacía video en alta resolución,  sin cambiar lentes ni accesorios.

“Era toda  una revolución, quedé maravillado”, recuerda aún con sorpresa Eduardo, que de nuevo obturó su botón autodidacta para dominarla. Pero  el IPhone llevaba un año en el mercado y todo el mundo se graduó de fotógrafo con celular. “Entonces me imbuí más en el mundo del video” comenta.

En 2014 se asoció con diez personas, entre compositores, diseñadores gráficos y web, escritores,  y conformaron The Digital Distillery Inc, una compañía de  producción digital. Y su conocimiento y experiencia dieron resultados: su primer cliente fue  Panasonic para Norteamérica.

Un día en Las Vegas conoció  a Brendan McGibney, director del Centro de Multimedia de Lehman College, en el  Bronx y le propuso trabajar con él. “Fui,  no   me imaginaba  gran cosa, pero me quedé con la boca abierta. Aparte de estudios en Hollywood, nunca había visto algo tan increíble”, relata ahora.

Aplicaron al proyecto de la Alcaldía de Nueva York para hacer diez videos de un  minuto cada uno, sobre lo mejor  del Bronx.  ‘Best on the Bronx’ fue una experiencia mágica para Eduardo, que nunca había ido a esa otra ciudad donde pudo ‘descubrir’ sitios que no conocían ni quienes vivían en  Manhattan, el corazón de Nueva York.

Mostrar en 60 segundos  que el Bronx no es tan horrible como lo pintan en las películas y recuperar joyas sepultadas al interior de sus  calles o casas, y  testimonios de personalidades salidas de allí, les mereció el codiciado Emmy entre cientos de nominados.

Mansiones, parques, restaurantes, la pequeña Italia, todo desfiló ante sus ojos y lo maravilló tanto que trató de transmitir el mismo impacto, mil veces más positivo, en las exquisitas imágenes de la serie de la que,  más que director de fotografía, fue su alma.   

Eduardo se consagró como maestro.  Tal vez se preparó, sin saberlo, con su abuelo, Armando Cifuentes,  fotógrafo aficionado, con quien no aprendió nada de diafragmas ni revelado. Le enseñó lo más importante: “Mi abuelo murió hace dos años y  me dejó un vacío muy grande porque  me explicaba la vida con analogías de la fotografía”, dice. 

Por ejemplo, le decía: ‘La vida es como la fotografía: cuando tienes mucha luz, tienes que sacrificar algo, por ejemplo, profundidad de campo; en la vida es igual, siempre que quieres una cosa, te toca dejar otra’, recuerda. Traducción: nunca tienes las condiciones perfectas y el arte es  cómo compensar lo que te  hace falta.

Eduardo sigue amando a Cali, donde viven sus padres, Gabriel Ángel, también fotógrafo aficionado,  y Stella Cifuentes de Ángel, que cuando lo visitan  en Nueva York, así como a sus amigos, los invita al Bronx a conocer sus tesoros escondidos. Y él los visita  en verano.

Su anhelo es poder hacer un proyecto similar al del Bronx con Cali o con Colombia, con puro talento nacional, pero  ha sido complicado. “En Colombia todo es demorado, hay mucha burocracia, es impresionante la política, siempre te piden la  palanca y es complejo  tener acceso a las personas que toman las decisiones”, se queja.

Colombia es una mina de historias. El mensaje para  sus alumnos y  los realizadores colombianos es despojarse del síndrome de National Geographic: que hay que ir a lugares exóticos como India o tener la luz de París, para poder capturar imágenes lindas o hacer grandes realizaciones. “Eso es falso, en el mismo patio de su casa o en la tienda del barrio pueden hallar fotos maravillosas e historias fabulosas”, remata.

Por eso le molesta muchísimo que hayan vuelto a resucitar al personaje más nefasto del país (Pablo Escobar), etapa que él creía ya superada. “Otra vez la imagen de Colombia de la violencia, de narcos, del pueblo, de la gallina, qué tristeza. Por qué no promover los parques tecnológicos, las empresas exitosas, los productos derivados del café nuestro, me encantaría trabajar en un proyecto así”, reclama  Eduardo, un artista tan entregado a su trabajo, que casi no le pueden anunciar que había ganado el Emmy.

“Yo estaba grabando en el set en Oregon  y el teléfono sonaba y sonaba, pero lo ignoré,  era un número desconocido.  Pero timbraba y timbraba y dije: ‘algo grave está pasando en Nueva York’”, cuenta ahora.

Al contrario, era su mentor, Brendan para decirle: ‘Ustedes ganaron el Emmy’. Le contestó: “No entiendo, ¿quiénes, ustedes o nosotros?’. “Me insistió que nosotros. Bueno, seguí grabando y por la noche lo volví a llamar, me lo confirmó y ni así podía creerlo. Ahí supe que era en serio”, recuerda.

 Luego vino la ceremonia, con  alfombra roja y todo. Él se limitó a mandar la foto a sus padres. “Fue mi  hermana quien las subió a  Facebook y así fue como la noticia se expandió como un incendio forestal porque recibió más de 500 comentarios y felicitaciones”, dice. Es que todos los años un caleño no se  gana el Emmy.

Zoom al fotógrafoEduardo Ángel está radicado en  Nueva York  y con solo  15 años de experiencia profesional ganó el premio Emmy por la serie ‘Best on the Bronx’.El caleño es docente del Centro Internacional de la Fotografía (ICP),  de la Escuela de Artes Visuales (SVA) en Nueva York y  es mentor de fotografía y video del Savannah College of Art and Design (SCAD).Es consultor y creador de historias  desde su empresa  y entre sus clientes están las firmas más importantes del mundo, como Canon, Sony, Panasonic, Hasselblad, Mamiya, Adobe, McCann Erickson, New York Magazine, NAB Show, New York Times, Savannah College of Art and Design, Time Magazine, Brooklyn Museum of Art, Chicago Architecture Foundation, Fashion Institute of Technology.
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