Heroína, un fantasma que crece en Cali

Agosto 17, 2010 - 12:00 a.m. Por:
José Luis Carrillo Sarria, reportero de El País.

Casos de sobredosis son cada vez más comunes. Lo que hace un par de años eran historias secretas y muy escasas que se escondían en las entrañas de las altas clases sociales ha pasado a ser una preocupación sin estrato, que toca a las puertas de hospitales y centros de rehabilitación.

En Cali, los casos de sobredosis por consumo de heroína ya no son una rareza. Lo que hace un par de años eran historias secretas y muy escasas que se escondían en las entrañas de las altas clases sociales ha pasado a ser una preocupación sin estrato, que toca a las puertas de hospitales y centros de rehabilitación.Este año catorce episodios, dos de los cuales se presentaron en menores de edad, han sido reportados. Una persona murió.Las cifras van en ascenso si se tiene en cuenta que durante todo el 2009 fueron 20 los casos identificados por las autoridades de salud. Ese año murieron cuatro personas. “En su mayoría son mujeres, ya que ellas son más susceptibles al consumo de esta droga, una de ellas falleció”, explica Jorge Quiñónez, toxicólogo de la secretaría de Salud.El experto advierte que esos son sólo los casos notificados, pues “los que no se reportan son muchos más porque a nadie le interesa hablar de un cadáver cuando la difamación se devuelve hacia la familia, por eso la gente busca echarle tierra al muerto vergonzoso”.Cuestión de precioSegún la Policía, el incremento del consumo de la heroína en Cali se debe a la disminución del precio de la sustancia.A finales del 2008 un gramo de heroína en la calle se conseguía a $70.000. A principios del 2009 el costo bajó a $30.000 y para diciembre el gramo valía $8.000. Hoy, el jíbaro que comercializa la heroína en las calles pide $4.000.“Los mexicanos dejaron de importar la heroína para producirla, por eso ya no le compran a los carteles colombianos y a estos les tocó sacar su producción al mercado local. Asimismo, se ha fortalecido el triángulo del opio en Afganistán, surtiendo directamente de heroína el mercado Europeo, eso produjo una sobreproducción de la droga en el país y había que venderla como fuera”, afirma un teniente del Grupo de Microtráfico de la Sijín.Según el investigador de la Policía, durante la época de vacaciones, entre julio y agosto, es cuando se dispara la oferta del producto.“Es la época de cosecha y es costumbre sobre todo entre jóvenes indígenas y campesinos, trabajar en plantaciones de amapola en el Macizo Colombiano para recolectar el látex con el que se produce la heroína. Ellos prefieren que les paguen en especie con la misma heroína, la cual consumen y venden por sus propios medios”, anota el oficial. En este planteamiento coincide el toxicólogo Jorge Quiñónez, quien asegura que en junio dos niños indígenas del Cauca fueron remitidos de urgencia al Hospital Universitario tras presentar una sobredosis de heroína.“Al momento de preguntarles de dónde habían sacado la sustancia respondieron que de la producción de la finca”, cuenta el médico.De acuerdo con el Sistema de Vigilancia Epidemiológica de Cali y del Valle, Vespa, el cual registra los casos de los principales centros de rehabilitación de la región, durante los últimos dos años los casos de personas en busca de rehabilitación se incrementó en un 10%. Sin embargo, al indagar en los centros de atención se evidencia un panorama mucho más dramático.“Este año la situación ha sido crítica: al menos nueve casos se han notificado, cuando atendíamos uno o dos al año”, explica una psicóloga de Hogares Claret.Lo mismo pasa en el centro de rehabilitación Proyecto de Vida, donde según su directora Luisa Fernanda Encizo, durante el presente semestre se ha atendido trece pacientes. Antes del 2009 recibía un caso por año.“La situación está creciendo de manera alarmante y está a punto de convertirse en una epidemia. Lo grave es que estamos viendo la primera ola de personas en estado crítico por el consumo de heroína. Según los promedios, los picos altos se presentan a los tres años de empezar a consumir esta sustancia. Es decir, si los precios de esta droga mermaron hace dos años y medio estamos a seis meses de recibir el grueso de personas en estado avanzado de consumo”, afirma Encizo.“Como pan caliente” El Diablo, La H, El Bon Ice, La Chuspa, El Lápiz, La Bala, El Infierno, es como también se le conoce a la heroína en la calle. Se puede consumir fumada, inyectada o inhalada.Según Mauricio Vivas, de 18 años, quien se recupera del consumo de heroína en la Fundación Proyecto de Vida, en Cali esta sustancia puede conseguirse en cualquier lugar. En el parque de El Caney, en el ‘aeropuerto’ de Univalle (el lago), en la entrada del estadio Pascual Guerrero cuando hay partido o en algunos carritos que venden dulces sobre la Avenida Sexta, después de las la rumba. “Se está vendiendo como pan caliente”, dice Mauricio.El joven cuenta que la compraba en la Plaza de Mercado de Santa Elena. “Siempre es bueno llegar con un referido porque sino no te venden. Desconfían de vos si comprás más de ocho gramos”, explica.Este habitante del barrio Olímpico, quien se encuentra en proceso de rehabilitación desde principio de año, dice que existen lugares donde incluso reciben gorras, celulares, zapatos, cadenas y elementos robados a cambio de unos cuantos gramos de La H.“Uno poco a poco se va marginando hasta que llega a las ollas en los barrios El Calvario y Sucre. En este último lugar es muy famoso un expendio ubicado en la Calle 15 con Carrera 12, donde te alquilan hasta un pedazo de piso para meter vicio. También son frecuentados algunos inquilinatos donde viven muchos viejitos, pero mentiras, eso es pantalla”, añade.Según la Sijín, las modalidades de venta de esta droga se han modificado y ahora es comercializada por expendedores de fruta, mecánicos, mujeres embarazadas y niños, ésto en los niveles más bajos del mercado. “Recientemente aprehendimos a una prostituta que la escondía en partes íntimas. Igual pasó con un grupo de travestis, quienes ocultaban estratégicamente las cápsulas”, relató el oficial.“Santander de Quilichao, capital de la heroína”Según la Sijín, la producción de heroína tiene su cuna en el Macizo Colombiano. Sostiene que a pesar de los esfuerzos la siembra de la amapola no ha disminuido. ”La cultivan desde el sur del Valle hasta el norte de Nariño, en la Cordillera Central, desde Coconuco hasta Corinto”, dijo un teniente de la Policía. No obstante, precisa, los grandes centros de compendio son Totoró, Caldono y Caloto, en el Cauca.“Santander de Quilichao es, sin dudas, la capital de la heroína”, afirma.Hasta el 2006 funcionó en este municipio el imperio de Juan Carlos Ballesteros, alias Amigazo, quien fue extraditado a Estados Unidos. Sus lugartenientes heredaron los laboratorios y están protegidos por el Frente Sexto de las Farc. Para sacar la droga recurren a métodos como esconderla en baterías falsas de tracto camiones o en los cuerpos de personas o ‘mulas’.

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