Hernando Villalba: la voz del estadio Pascual Guerrero

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Lleva 35 años como locutor oficial del estadio; ha sido testigo de decenas de títulos y derrotas; su voz ha ayudado a evitar tragedias; y guarda un secreto. ¿De qué color es Hernando Villalba?

Hernando Villalba: la voz del estadio Pascual Guerrero

Octubre 26, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz, reportero de El País
Hernando Villalba: la voz del estadio Pascual Guerrero

Hernando Villalba le sabe llegar a la gente. Respeta al público, a sus oyentes. Y es disciplinado. Eso explica porqué lleva 35 años en el estadio.

Lleva 35 años como locutor oficial del estadio; ha sido testigo de decenas de títulos y derrotas; su voz ha ayudado a evitar tragedias; y guarda un secreto. ¿De qué color es Hernando Villalba?

Hernando Villalba está de pie en el tercer piso del estadio Pascual Guerrero de Cali. Guarda silencio un momento, mira concentrado hacia la cancha. Parece sorprendido. Como un niño que viene por primera vez a un partido de fútbol.- Qué bien se ve todo desde acá. Nunca había subido.Enseguida se sienta y fija su mirada en el restaurante que está entre las tribunas occidental y sur, a su derecha, también en el tercer piso. Mira como cuando se mira por primera vez, con detalle. De hecho cuenta en voz alta las pantallas de TV del restaurante. A lo lejos se escuchan las trompetas de los aficionados que comienzan a llegar para el partido de este sábado: América – Unión Magdalena.- 1,2,3,4,5 pantallitas. Qué panorámica tan buena la que se ve desde aquí, ¿no?Es curioso. Hernando Villalba completa 35 años asistiendo al Pascual Guerrero cada que juega América, Cali e incluso el Dépor de Aguablanca. Es la voz oficial del estadio. El locutor que miles de aficionados de tres generaciones hemos escuchado mientras anuncia los minutos de silencio, los himnos, el nombre de un niño perdido, el próximo partido. Es el que intenta también tranquilizar a las barras bravas cuando se ponen violentas. El mismo trabajo lo ha realizado en el torneo nacional, copas libertadores, una Copa América, un Mundial. Villalba es testigo de la mayoría de los títulos y las derrotas de los equipos de la ciudad, es una enciclopedia deportiva viviente, y sin embargo jamás se había asomado ni por curiosidad al tercer piso del estadio.- Lo que pasa es que yo siempre he llegado directamente a la cabina.La cabina está a menos de diez escalones de donde estamos. El detalle confirma lo que el periodista Diego Galvis dice de él. Hernando Villalba es como un reloj suizo: exacto. Jamás ha llegado tarde a una transmisión o a su trabajo en el estadio. No se distrae con otros menesteres como ir a descubrir la vista que ofrece otra tribuna. Lo de la puntualidad se lo aprendió al periodista cubano José Pardo LLada. Él decía: si usted le dice al oyente que el programa es a la una, tiene que empezar a la una o de lo contrario puede perderlo. Villalba llega dos horas antes de que inicien los partidos.  Lo hace en un clásico Volkswagen amarillo modelo 55.IIEl Espinal es la segunda ciudad más importante del Tolima. Está ubicada a 146 kilómetros de Bogotá, a 51 de Ibagué. La cercanía con la capital del país y con la del departamento es su condena. El Espinal es un caluroso lugar de paso. Pasan para Bogotá, pasan para Ibagué, pocos se quedan. Allí nació Hernando Villalba hace 62 años que, por cierto, no se le notan. Vestido de camiseta blanca y pantalón negro, cargando un maletín del mismo color, gafas de aumento, bigote despoblado aparenta, a lo mucho, 50. En el colegio San Isidoro La Salle de El Espinal, cuenta ahora, había un aparato que ejercía en él una atracción poderosa: el equipo de sonido con el que hacían llamados a los estudiantes. Villalba se quedaba viendo a los muchachos de sexto de bachillerato cuando lo utilizaban.Eran otras épocas. No existían los radios portátiles. La música se escuchaba en tornamesas gigantes que ubicaban en las salas de las casas. Y los televisores los compraban los ricos del pueblo. Villalba se iba para donde doña Josefa y se asomaba por los barrotes de la ventana, parado en el andén, para ver los programas.Pero también eran los años en que la Vuelta a Colombia en bicicleta aún paralizaba al país. Era una fiesta nacional. A veces, la Vuelta llegaba a El Espinal, o pasaba, y se decretaba el día cívico. Nadie tenía que trabajar, los estudiantes no iban a clases y en la calle regalaban confites. Villalba madrugaba para no perderse nada. Se alistaba en primera fila, a orilla de la carretera, para ver el paso de los ciclistas y con ellos, los narradores deportivos como Carlos Arturo Rueda. - Y me fue gustando, me fue gustando. Pero antes pensó en ser ciclista. Cuando se es niño sucede. Si ves soldados marchando por el pueblo soñás con ser militar, o si ves bomberos igual. Hernando veía ciclistas. Entonces imaginó ser como esos hombres de apodos bellos: ‘El jardinerito’, ‘Viejo Patro’, ‘El niño de Cucaita’. A Villalba en cambio le dicen ‘Varillalba’. En los partidos lee cuñas que vende en la calle. Y una publicidad, en la radio, es una varilla. El asunto es que Hernando, siendo un jovencito, tomaba su bicicleta y se iba por el alto de la Línea para probar sus condiciones. Pero a sus papás no les gustaba que anduviera por ahí corriendo el riesgo de que lo atropellara un bus. Y además, resultó ser un ciclista del montón. Entonces optó por ser lo otro que veía en el pueblo: locutores, periodistas. - Cuando salía del colegio, en vez de irme a jugar fútbol, me iba para la emisora de El Espinal: ‘La voz del centro’, dice con un tono cotidiano, chabacano, no con ese vozarrón grave, elegante, que imposta cuando está hablando en el estadio y que hace que quien no lo conozca lo imagine como un gentleman vestido de pajarita. Villalba en realidad permanece con la camiseta por fuera del pantalón. Cuando termina sus intervenciones cierra el micrófono, no vaya a ser que los aficionados lo escuchen diciendo alguna palabrota. Y acostumbra a darle calor al jugo que le dan como refrigerio sosteniéndolo entre las manos durante el partido. Solo cuando está tibio se lo toma. No bebe nada frío para cuidar la garganta. IIIAún sentado en el tercer piso, Hernando imagina ahora que está frente a un micrófono. Eleva la voz, habla como si estuviera en la cabina donde empezó a trabajar 45 años atrás.- Mañana se corre en el Hipódromo de Techo y en la primera válida, por el partidor uno, estará 'Carecortado'. Monta Hellman Román y correrá por pista de arena.Cosas así era lo que tenía que decir en la hora que duraba el programa de hípica de El Espinal. Los textos se los escribía Álvaro Vargas Hidalgo. Fue el primero que le permitió hablar en la radio. Antes de eso, Villalba se la pasaba haciendo mandados en la emisora con la condición de que lo dejaran estar ahí, aprendiendo. - Cuando hablé por primera vez, sentí un susto terrible. Empecé a sudar y hasta me dolió el estómago.Efectivamente, del micrófono se fue de inmediato para el baño. Así pasó los primeros días trabajando en una cabina. Hasta que fue perdiendo el miedo, estudió en la Escuela de Telecomunicaciones de Bogotá y salió de El Espinal cuando Arnulfo Sánchez, director de la Voz del Llano, le propuso irse a trabajar a Villavicencio. Allá hacía turnos de locución, era voz comercial, empezó a leer noticias. Luego se fue a hacer lo mismo a Bogotá, luego a Ibagué y luego Cali. Villalba recuerda con exactitud el día en que llegó a la ciudad: 18 de noviembre de 1974.- Me trajo la empresa para la que trabajaba: Radio Súper, la Sultana del Valle. Aún trabaja en la misma compañía, ahora aliada a RCN. De lunes a viernes lee noticias desde las 6:00 a.m. Y en televisión tiene un programa de clasificados. El periodista Diego Galvis dice que Villalba, en su empresa, se convirtió en algo así como una pieza arqueológica imprescindible. Lo es también en el estadio. Durante el Mundial Sub 20 de Fútbol de 2011, alguien de la organización pensó en sustituir la voz del Pascual. Quien estuvo ahí no dio la talla. Tuvieron que telefonear de urgencia a Hernando Villalba.IVEl partido está a minutos de empezar. En el estadio hay apenas unos 6 mil aficionados. Hace un calor intenso. Villalba ya está en la cabina. Junto a él se ubica José Preciado, el encargado del sonido, y dos policías que miran en una pantalla lo que sucede a las afueras. Villalba saluda al público con voz pausada, lenta, ceremoniosa.- Saludamos a todos los hinchas que están llegando para este partido de la fecha 17 del Torneo Postobón. Postobón, el sabor del fútbol colombiano.El locutor oficial del estadio debe ser como un árbitro: voz neutral, tranquila, sin tomar partido por ningún equipo. Como un buen árbitro, también, debe estar, hacer su trabajo, sin que se note su presencia, su poder. Villalba es el único capaz de hacer parar al estadio entero cuando no hay un gol que lo amerite. Solo una vez se aprovechó de ello. Estaba con un primo en la cabina y él le dijo que podía lograr que 40 mil personas se pusieran de pie. El primo no le creyó. Apostaron. Villalba sabía que faltaba poco para anunciar el himno nacional y esa era su oportunidad. - Y a continuación las notas el himno de la República de Colombia-. De inmediato, todo el estadio se paró. Villalba se ganó una gaseosa. Para ser la voz oficial del Pascual lo contrataron en 1978, el mismo año en que el Cali fue subcampeón de la Copa Libertadores con Bilardo como técnico. - Cuando Carlos Bilardo entró al Cali, yo entré al estadio. Era miércoles. Fue un día agitado. Villalba se dedicaba a animar en vivo en la tribuna oriental en nombre de su emisora durante los intermedios. El resto del tiempo no tenía nada más para hacer.Y en Occidental Horacio Patiño, el administrador del Pascual, estaba angustiado. La voz oficial en la época, Carlos Alberto Llanos, no podía asistir a todos los partidos. El periodista Diego Galvis recomendó a Villalba como su reemplazo. Hernando se asustó como cuando habló por primera vez en un micrófono.En 35 años apenas ha dejado de ir al estadio un par de veces: por una fractura en el peroné o un viaje a cubrir un reinado. Ha presenciado todos los títulos del América, la mayoría de los del Cali; ha visto a Freddy Rincón hacer goles de taco y a Cabañas bajar un balón con una nalga: al arquero Julio César Falcioni saliendo del camerino con las manos a sus espaldas y el dedo corazón extendido hacia el cielo haciéndole bromas a los hinchas del Cali y al técnico Fernando Castro tirándose en la pista atlética como protesta porque los rivales estaban simulando faltas; al América descendido y él llamando a la calma a los hinchas que se metían a la cancha llorando como si asistieran a un velorio.Algunos, entonces, hemos escuchado a Villalba desde niños. Tal vez no se piense mucho en ello, pero la voz oficial del Pascual ha estado presente en la vida de muchos. El locutor Pepe González dice justamente que Villalba es así, como su trabajo, un hombre que siempre ha estado sin que se note. José Preciado, el encargado del sonido, recuerda además otro asunto: la voz de Villaba ha ayudado a encontrar niños perdidos en las tribunas, llaves de carros extraviadas, billeteras. También ha tranquilizado a los aficionados en días de emergencias y quizá eso ha servido para evitar tragedias.Porque en este sábado habla tranquilo, anuncia un concierto de los años 60, los precios de los abonos para las finales. Las cuñas las tiene a su izquierda en volantes o escritas a mano y él las va leyendo con su dicción perfecta. Pero en otras ocasiones ha debido intervenir sin libreto en temblores, una balacera, una bomba que estalló cerca del Pascual en la época en que el cartel de Medellín libraba una guerra con el de Cali. Villalba fue el único que se quedó quieto, intentando calmar a los hinchas que corrían así él también estuviera pálido como papel. Ser voz oficial es también ser como azafata en turbulencias: hay que parecer sereno. VEl Pascual está desolado. El partido ya ha finalizado. Villalba es de los últimos en salir. Debe esperar a que los aficionados desocupen las tribunas, no vaya a ser que ocurra una emergencia. Mientras se alista para partir, guarda las cuñas que leyó en una revista del América. En casa tiene otra del Cali, en la que guarda los anuncios que debe leer en los partidos del equipo verde. Así se cuida. Confundirse le podría costar el puesto o desencadenar trifulcas en días en los que el fútbol dejó de ser una reunión familiar para convertirse en batallas estúpidas. Las revistas son su memoria. También despiertan una curiosidad morbosa: ¿de qué equipo es hincha la voz oficial del Pascual Guerrero?Hernando Villalba oprime el botón del ascensor del estadio, busca la salida.

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