Hermeto Pascoal, hechicero de los sonidos

Septiembre 10, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Por Diego Oscar Ramos | Especial para Gaceta
Hermeto Pascoal, hechicero de los sonidos

El brasileño Hermeto Pascoal junto a Aline Morena, cantante y esposa del músico. Invitados a Ajazzgo 2010.

No sólo es uno de los invitados más curiosos del Ajazzgo 2010 que se celebra en la ciudad de Cali. Mejor que eso, es uno de los artistas más emblemáticos de la música popular brasilera. Retrato del brujo del jazz.

Nadie puede ser llamado músico con tanta justicia como el brasileño Hermeto Pascoal. Admirado tanto por músicos de la talla de Astor Piazzolla o Miles Davis, al ‘albino loco’ no le basta con su capacidad de tocar con excelencia los instrumentos más variados, él puede hacer música con cualquier elemento. No sólo convirtió en instrumentos frascos o tubos. En sus discos ha incluido —con asombrosa musicalidad— sonidos de cerdos o papagayos y una variada fauna con la que asegura poder comunicarse. Su música abarca estilos como la bossa, el forró nordestino, el free jazz, el baión, la música clásica y hasta el tango, pero hay en esa amplitud un trasfondo extramusical: en su exploración de nuevos sonidos se esconde la búsqueda de la unidad elemental. “Yo logré que mi música sea universal, porque abarca todas las corrientes, todos los estilos. Un día todas las religiones se van a juntar y vamos a ver que hay un solo dios que nos rige, va a ser en un futuro lejano, pero la música ya está haciendo que eso suceda, por el placer que genera”, afirma seguro Hermeto Pascoal, que no deja de repetir que “todo es música”, como ya decía John Cage, uno de los primeros músicos occidentales que percibió la importancia de los sonidos más allá de la estructura que los contiene.Hermeto está todo el tiempo atento a los sonidos que lo rodean: “la música está en todos los contextos. Yo me inspiro más, un ochenta por ciento, en lo cotidiano, en las otras cosas más que en la música en sí, ya que está dentro de mí, no me puedo preocupar por ella, porque es parte de mi alma, entonces nací con la música, no tengo que saber, sólo la siento”, dice el artista.La sabe sentir en un relato de fútbol que armoniza, en silbatos infantiles con los que interpreta a Paganini en su último show porteño o en la misma voz de su entrevistador; todos pueden ser músicos para el brasilero si saben escuchar. “Pero hay un prejuicio muy grande, como si las personas para serlo tuvieran que tocar un instrumento, ¿qué es eso?”, se pregunta molesto, firme en su combate contra la idea del artista como alguien diferente de los demás. “En Brasil intentaron hacer eso conmigo, trataron de ‘elitizar’ mi trabajo y jamás lo consiguieron", responde enérgico este compositor, arreglista y productor musical.Antes de su arribo a Cali, como uno de los artistas invitados al Festival Ajazzgo, conversé con este extraordinario artista, considerado una de las figuras más importantes de la historia de la música brasileña.¿Qué sentido le da a descubrir otros sonidos? Para mí es como respirar siempre aire nuevo, el sonido es como el aire o como el agua, que siempre están renovándose.Hermeto deja de hablar, se acerca un vaso con agua y construye con sus gárgaras una extensa melodía, como lo hace en sus conciertos, cuando en sus típicos pasos de comedia quiere convencer que el líquido es para refrescar su garganta. “El vaso es un instrumento nuevo, bien barato, algo informal y bonito, en los conciertos lo estoy usando y todos quedan locos”, dice. Y luego agrega que “El público se sorprende porque no espera escuchar música de un elemento así. Lo que hace es trabajar sobre lo imprevisible, un valor no muy frecuentado en la música popular. Nadie lo espera”.A Pascoal le gusta sorprender “y eso es lo que la música tiene que tener siempre, la sorpresa. Cuando respirás no premeditás la cantidad de aire que vas a tomar, la adrenalina del cuerpo siempre está variando, la música es también así, por eso es maravillosa”.Su pensamiento llega hasta los indígenas del Amazonas y se pregunta por qué no hicieron nunca música con agua: “Ellos vivieron dentro del agua, comieron sus peces, pero nunca tocaron con ella y Hermeto Pascoal lo hace, pero claro, no necesitaban hacerlo porque ya lo hacían: cuando uno nada ya hace sonido y todo eso es música”.Peste de música ruin Aunque es uno de los músicos brasileros más respetados, el reconocimiento no se refleja en la difusión de su música: “Toco muy poco en Brasil, en la mayoría de los lugares no tengo oportunidad, los teatros, todo está tomado por las músicas ruines que le dan dinero inmediato a las disqueras”.A su juicio, “toda esta época es mala para la cultura, hay muchos grandes músicos y compositores, pero abunda la música descartable, pasajera como la lluvia de verano. Así como en el Brasil hay una ley que sólo permite la propaganda de cigarrillos en televisión después de la medianoche, la música mala debería ser tocada después de esa hora”, dice Pascoal con un descontento que le sugiere su idea más radical: “Si existe el crimen en la Tierra para el cuerpo, ¿por qué no existe para el alma?, creo que debería existir un castigo para la música mala”.Aunque nadie que lo conozca llegaría a esa conclusión, le gusta aclarar que su crítica a la indiferencia de las discográficas multinacionales hacia su trabajo no se basa en un problema de dinero. “Gano lo suficiente como para sobrevivir, para comprar mis instrumentos, sé que si quisiera hacerme rico con la música lo haría en un mes, pero la música se volvería pobre y no quiero eso, quiero hacerme cada vez más rico espiritualmente, con música buena y creatividad”.Hermeto, mucha gente le llama brujo, hechicero...Eso fue por una periodista, Ana María Baiana, que me llamó el brujo de los sonidos, entonces cuando lo ví por primera vez en el diario me asusté, porque cuando era chico decían que había un brujo que se llevaba las niños y les pegaba. Cuando hablé con ella me dijo: ‘Vos sos brujo, tenés magia con tu música’. Yo quedé con miedo de que el público no lo entendiera, porque eso no pasa por el entendimiento, es para sentir. Finalmente todo el mundo gustó de esa creatividad de la periodista.Los chamanes viajan a otros niveles de realidad y vuelven con información para su gente, muchas veces en música. ¿A dónde viaja Hermeto?A veces estoy estudiando un instrumento y siento que estoy tocando con músicos que ya conocí en la Tierra, siento la presencia de músicos que volvieron, porque nadie se va, siempre se vuelve. Pero siento más la presencia de personas vivas que no conozco y cuando las veo personalmente me acuerdo de ellas, pero no suelo decírselos porque enloquecerían.Los sentidos Hermeto Pascoal nació en Lagoa da Canoa, ciudad pequeña de Arapiraca, en el estado de Alagoa, nordeste brasilero. Allí vivió hasta los 14 años, muy en contacto con sus animales, con el agua, los árboles, la tierra, el campo. “Mi formación se dio allí”, dice. “Después conocí un mundo todo”.Quizá por ello es que hoy llama a su música universal, porque abarca todas las corrientes musicales, todos los estilos. Y así como un día en un futuro muy lejano todas las religiones se van a juntar y vamos a ver que hay un sólo Dios que nos rige, dice, “así mismo la música está haciendo que eso suceda ahora y hasta más rápido, la unión por la música a través del placer que genera”.No en vano Hermeto considera que todo es música. “Todo es sonido para mí”, afirma. “Yo fotografío todo para la música, me inspiro un 80% en lo cotidiano, porque la música ya está dentro de mí, es parte de mi alma”.Entonces, ¿cómo descubre nuevos sonidos?Para mí descubrir nuevos sonidos es respirar aire nuevo. Comparo mucho al sonido con el aire y con el agua que pasan renovándose siempre. Cuando respiramos no premeditamos la cantidad de aire que tomamos y la música es así también, y es maravillosa por eso.Es un asunto de los sentidos...Yo con mis ojos no llego muy bien, pero tengo otra visión, que es la del sentir. Cuando estoy tocando sobre el escenario llego al público, no por mis ojos, esta visión es pequeña, yo consigo ver con otra visión: con mi pensamiento, con él consigo ver a todo el mundo mucho más. Veo el cuerpo como una ‘casquinha’, una cosa finita, pero con el aura muy grande, veo otras fisonomías, que cambian en cada persona; todos somos muy ricos, porque si no fuésemos así el cuerpo no aguantaría el peso de la energía del alma, por eso tiene que saber cambiar, hay cosas que cambian muy rápido en el cuerpo que nadie ve, los ectoplasmas por ejemplo, como hojas de papel salen del cuerpo, la fotografía está inspirada en eso, cada imagen nuestra no dura ni segundos. Y yo siento todas estas cosas mientras toco.Es conocida su relación con lo animales en materia musical...Hace muchos años hice un trabajo maravilloso con un periodista argentino que vivía en Alemania. Fue una especie de desafío para la televisión alemana, que se grabó en el zoológico de San Pablo. Este periodista me dijo: “Dicen que usted se comunica con los animales, que conversa con ellos”. Yo le respondí: “Converso y toco con todos ellos, incluso con los que todavía no conocí”.Sé cómo tocar para los animales, porque cada región del instrumento, cada escala, se conecta con la vibración energética del animal. Los animales son tan sensibles como nosotros, quien habla de ellos peyorativamente es más animal que ellos.¿Y cómo llegó a ese particular descubrimiento?El primer encuentro que tuve fue con un avestruz enorme. Cuando la vi, llegó el médico del zoo diciendo “esa avestruz no se levanta más, ya está muy viejita”. Ahí le hablé: "Ella no precisa levantarse, se va a levantar si quiere, pero necesita escuchar música, nunca escuchó en su vida alguien tocando para ella”. Empecé a tocar flauta traversa para ella que estaba en el fondo de la jaula. La miraba, hacía una nota y la miraba nuevamente para ver su reacción. Di la primera nota, la segunda, la tercera, nada, la cuarta, la quinta, la sexta. Fui buscando y ella levantó un poco la cabeza. “Tal vez se levante”, le dije al veterinario. Él me gritó: “No se va a levantar, no puede”. Comencé a tocar y levantó primero las piernas y después se levantó totalmente mientras yo repetía aquel tema para ella. El médico estaba totalmente emocionado. La avestruz vino hasta mí y me acarició la cabeza con su maravillosa sensibilidad. Después comenzó a seguirme, hasta que ya no pudo por el límite de la cerca, pero creo que hubiera podido llevarla donde quisiese con mi música.Como el falutista de Hamelin...Eso fue el comienzo. Después fui a tocar con los periquitos, comencé a tocar para ellos y ellos vinieron todos casi encima de mí. El mismo sistema que usé con el avestruz lo usé con los patos. No precisé hacer un tema, sólo sonidos con el flautín pícolo. Los patos se organizaron en un círculo, una media luna y dejaron a los chicos que les tiraban comida. Vinieron a mí como si yo estuviera en un escenario. Toqué el tiempo que quise, después paré la intensidad y como si me dijeran "Chau Hermeto" se fueron dispersando. Fue un día inolvidable para mí.

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