Helados el Frutalito, una dulce tradición que ha sobrevivido a través de una ventana

Helados el Frutalito, una dulce tradición que ha sobrevivido a través de una ventana

Agosto 03, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Lina Uribe | Reportera de El País
Helados el Frutalito, una dulce tradición que ha sobrevivido a través de una ventana

A través de la famosa ventana de los helados en San Fernando, Ethna Bolaños continúa una tradición que su mamá inició en 1965.

En el corazón del barrio San Fernando hay un sitio en el que desde hace 50 años se venden, más que helados, un montón de emociones.

Ethna Bolaños lleva 50 años viendo cómo sucede el milagro: que todos los días, a su ventana, lleguen cientos de personas con ganas de saborear un helado de esos que su mamá se inventó alguna vez con el fin de ganarse la vida. 

A mediados del siglo pasado, cuando el mercado gastronómico de la ciudad no estaba aún tan atiborrado y era difícil encontrar helados en cada esquina, doña Lilia Salazar de Bolaños decidió iniciar un pequeño negocio en su propia casa para ayudarse con los gastos del hogar. Así nació Helados el Frutalito, un producto 100% natural y de elaboración artesanal que la señora Lilia empezó a venderles a los estudiantes que transitaban por el sector a un módico precio de 30 pesos. Era el  año 1965. 

La imagen sigue viva en la mente de Ethna: “Yo recuerdo que los muchachos hasta le pedían fiado porque no llevaban monedas en el bolsillo y mi mamá les fiaba el heladito. En ese entonces los vendía por la puerta”. Poco tiempo después, doña Lilia decidió darle un pequeño giro a su forma de vender y abrió la ventana de su casa para entregarlos por ahí. Desde entonces, a través de aquella ventana en el tradicional barrio San Fernando se despachan helados todos los días a los boquisabrosos que quieren ahuyentar un poco el calor o simplemente deleitar el paladar.

Este mes, la fábrica de helados cumple medio siglo de existencia. Doña Lilia murió en 1997 y desde aquel momento su hija Ethna es la encargada del negocio, pues ni ella ni sus hermanos quieren dejar perder la tradición que se ha fortalecido a través de una ventana en la que, más que helados, se venden emociones: un heladito de cereza para un par de enamorados, un heladito ‘tricolor’ para quienes rabian de calor; helado de fruta en agua para un grupo de amigos frescos, macadamias en helado para el más sofisticado. Hay opciones para todos los gustos y estados de ánimo.

Sin lugar a dudas, Ethna y sus cinco hermanos están seguros de que la ventana guarda algo de magia: “los hemos intentado vender en otras partes, pero no ha dado muy buenos resultados porque la gente cree que no son los helados originales… todos prefieren venir y comprarlos por la ventana”, cuenta ella.  

Si uno observa desde adentro, desde el otro lado de la ventana, los barrotes de hierro dividen en pedazos una unidad residencial que queda en la acera de enfrente; se ven los carros bajar en dirección a la Calle 5 y se perciben decenas de transeúntes que recorren el sector. 

Más adentro, a espaldas de la calle, la casa paterna en la que nacieron Ethna y sus hermanos  y en la que doña Lilia empezó el negocio se convirtió en una suerte de oficina administrativa y planta de producción. Ya no vive nadie en ella. 

En un recinto que alguna vez debió haber sido una habitación hay ahora cuatro sillas y un escritorio que guarda una foto de doña Lilia debajo del vidrio. En las paredes reposan colgados varios cuadros, cartas enmarcadas que Ethna ha recibido de sus hijos. Está también la imagen de una negra con un canasto lleno de frutas, la primera que doña Lilia utilizó para representar el nombre de sus helados ‘el frutalito’.

Afuera de la oficina hay congeladores llenos de helados y más al fondo se encuentra la cocina. Actualmente, en la fábrica se hacen alrededor de 420 helados diarios. “A veces más, a veces menos –cuenta Ethna-, en ocasiones hacemos hasta 800 helados al día cuando hay fechas especiales como navidad”.

La receta ha tenido unas cuantas variaciones. Cuando Ethna se apersonó de la venta de helados, reemplazó la licuadora casera que usaba su madre para prepararlos porque solo le permitía hacer pequeñas cantidades. También dejó de usar el congelador de la casa e incrementó los 10 sabores que existían hasta el momento. 

Actualmente tienen 42 sabores de helado, unos tan tradicionales como coco, mora y salpicón, y otros más elaborados como uva con chantilly, mantecado con galleta y turrón. Además, desde principios de este año decidieron incursionar en el mercado de los helados dietéticos.

Para Ethna y todo el equipo de trabajo es común que lleguen personas a la ventana y pregunten por doña Lilia, que cómo está, que si todavía vive. A pesar de enterarse de que desde hace 18 años ya no es ella la que atiende el negocio, los clientes saborean su helado como su fuera el mismo que disfrutaron antaño.

“La gente que venía aquí hace años antes venía con sus hijos y ahora viene con los nietos. Muchos preguntan por mi mamá porque a ella la querían mucho, cuando llovía hacía pasar a la gente y la tenía acá en la casa hasta que escampara. Por cosas así y por los helados ella será siempre recordada”, dice.

Con especial gracia, Ethna y su esposo recuerdan una anécdota reciente con una comunidad religiosa. Cada fin de semana, grupos de monjas que transitan el sector en carro a pie se detienen en la conocida ventana de los helados con el fin de refrescar sus tardes. Para ellas, cuenta Ethna, es una parada obligatoria.

Esta costumbre hizo que hace poco las hermanas de una comunidad le pidieran a su nuevo chofer que les comprara Helados el Frutalito, con tan mala suerte que el conductor se equivocó y compró otros similares.

Las monjas se llevaron una sorpresa enorme cuando sintieron un sabor distinto, no era el mismo que habían degustado durante años. Tal fue la desazón que la misma madre superiora fue a hablar con Ethna  para comentarle el impase y elogiar, una vez más, sus deliciosos productos. 

Como el más preciado de todos los tesoros, Ethna guarda los moldes de aluminio en los que su mamá empezó a preparar helados hace 50 años, cuando quizá diariamente hacía una cantidad que podía ser contada con los dedos de las manos.

A pesar de que la famosa ventana de los helados queda ubicada muy cerca a la Calle 5, lugar de paso de la mayoría de marchas, protestas y plantones, nadie se ha atrevido a hacerle daño durante todo este tiempo. Inclusive, cuando se arman peleas en el Estadio y los hinchas hacen desmanes a sus alrededores, las instalaciones de la heladería se mantienen intactas y en perfecto estado.

Sin embargo, ahora resulta difícil pensar en quién seguirá con la tradición. “Dicen que los negocios familiares mueren en la tercera generación, y nosotros somos la segunda. La mayoría de mis sobrinos, hijos y nietos ya son profesionales y viven en otros países con sus familias, hasta ahora ninguno ha mostrado interés en quedarse con la empresa”, comenta Ethna con algo de nostalgia.

Helados el Frutalito tiene 42 sabores en total y siete son   dietéticos, aptos para personas con diabetes.  Entre estos están   mango maduro, coco - limón y guanábana

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