Habitantes de La Buitrera naufragan entre el fango tras derrumbes

Abril 27, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Heinar Ortiz Cortés I Reportero de Elpais.com.co

Elpais.com.co estuvo en una de las zonas rurales más afectadas por la reciente temporada invernal y le cuenta cómo viven, entre el lodo, personas que lo han perdieron todo. La esperanza está latente.

El lodo que atropellaba los cimientos de la casa de María Eulalia había logrado moverla hasta el punto de dejarla ladeada. La tierra bajaba de la montaña como una cascada color terracota. Ella no podía ver nada, era aún de madrugada. Sólo puede recordar el temor que la embargó cuando sintió su casa carse sobre ella. El techo de su cuarto colapsó ante la furia de la naturaleza.A esa misma hora, 4:25 de la mañana aproximadamente, antes de cuando habitúa levantarse a regar sus preciados anturios y helechos, Doña Daisy Fray Rojas abrió los ojos y se encontró con lo que generaba el fuerte ruido que le cortó el sueño. Sonaba como un río, dice ella. Miró por su ventana y vio una avalancha de fango que golpeaba las rejas de su casa, fuertemente. Sabía que no podía hacer nada al respecto, así que simplemente vio cómo la marea de tierra arrasó con todo el pórtico de la entrada. En cambio, Pablo Emilio Laínez se encontraba trabajando. Faltaba poco para terminar su turno nocturno como supervisor de vigilancia privada en Cali, cuando recibió la llamada de la Policía del sector de La Buitrera diciéndole que su esposa, Lina, quien estaba en su pequeña casa de bareque en la orilla de la vía, había llamado alertando sobre un derrumbe. Se montó a la moto de dotación de la empresa y atendió al llamado de emergencia. Cuando él llegó hora y media después la encontró cerca del lavadero de la casa, llorando desesperada y untada de lodo por todo el cuerpo. La pared del fondo de la vivienda había colapsado ante la fuerza de la avalancha que se desprendió de la montaña y todos sus enseres estaban bajo el fango. Todo; la cama matrimonial, la nevera, un computador donde su hija hacía los trabajos del instituto donde estudia secretariado y los armarios se arruinaron. Incluso esa querida grabadora Sony que tenía desde hace 16 años, la que compró cuando nació su hija Angela Patricia, se había echado a perder.El pasado viernes 22 de abril, Viernes Santo, a las 4:25 de la mañana aproximadamente, varios deslizamientos de tierra causados por un aguacero inclemente que duró toda la noche azotaron el corregimiento de La Buitrera, dejando más de 10 bloqueos viales y 400 personas afectadas. La incertudumbre reina ante la paradoja de naufragar entre tierra. Carlos Alberto Torres, quien lleva 4 años viviendo en la vereda Anchicayá, cuenta que desde ese viernes no ha podido salir en su taxi a trabajar porque el callejón donde vive está bloqueado por el fango. Además, dice que las autoridades no lo reconocieron como afectado porque no le pasó nada a su casa. Sin embargo, ya lleva una semana sin poder manejar el vehículo, dedicado únicamente a ayudar a sus vecinos más afectados. Incluso la preocupación que ronda por la cabeza de doña Liliana Pérez es que con esa vía obstruída, a su suegra, quien no puede caminar y sólo puede moverse en silla de ruedas, le queda imposible desplazarse. También imagina la dificultad que tendrían en el remoto caso que la señora necesite ser evacuada de la zona ante alguna afección de salud o otro deslizamiento. Guillermo Duque expresa que lleva 25 años viviendo en la vereda. Relata que hace casi un año tomó la decisión de derrumbar su casa con ánimo de reformarla completamente. Afortunadamente para él, la construcción se había retresado: el lote donde vivía y construiría su nueva se desbancó con la montaña y quedó convertido en un arrume de tierra roja sobre la vía. Ese mismo arrume fue el que destruyó la reja de la entrada de la casa de doña Daisy, metros abajo, y causó uno de los bloqueos sobre la carretera.Bloqueo que ya está siendo removido, según afirma Marlon Molina, contratista que coordina las obras de remoción de tierra sobre las vías. Desde el martes comenzaron los trabajos de remoción de tierra sobre los más de 10 derrumbes que se presentaron sobre la vía en la madrugada el pasado viernes."Estamos haciendo estudios topográficos para basar la reconstrucción en terrazas para que esto no se vuelva a repetir", aseveró Molina. "Creemos que, si las cosas no vuelven a empeorar con las lluvias, podemos estar acabando en dos o tres meses", manifestó.La reconstrucción en terrezas que menciona el funcionario puede ser una buena opción para reforzar los alrededores de las vías y evitar futuros bloqueos. Pero, ¿Qué pasa con las pérdidas en las casas de quienes vieron cómo el mundo se les venía encima? ¿Cómo se les ayudará para que otro aguacero no vuelva a dejarlos sin dónde vivir? ¿Será que apenas desbloquéen se olvidarán de los habitantes afectados de la vereda Anchicayá?Es lo mismo que se preguntan Pablo Emilio, doña María Eulalia Jaramillo y su esposo Avelino Yepes quienes lo perdieron todo. Cuenta Pablo Emilio, con los ojos cansados, que las horas que debería dedicar a dormir el trasnocho las pasa arreglando lo poco que se puede. Sacando barro de las alcobas con la ayuda de sus compañeros de trabajo. Las dudas asaltan a Avelino y María Eulalia, quienes ven cómo el armazón de su casa, construída a punta de tableros de construcción y guadua, está sostenido por una nevera de los años 80 que ya ni funciona. Aún más cuando recuerdan cómo la tierra entró a la casa ese día y sepultó por varios minutos a uno de sus nietos. Más que dudar, María Eulalia, teme. Ella no sabe qué va a pasar pero es una mujer echada para delante. Toca serlo. Todos los días María Eulalia baja desde la vereda hasta los predios de la Universidad Icesi, donde trabaja como aseadora. Además, es bien conocida entre sus vecinos por ser una líder comunitaria. Por ello, dice que encontrarse en la situación que está es duro, ya que no está acostumbrada a que le tiendan el brazo. Siempre es ella la que ayuda. Ponerse en las botas pantaneras de María Eulalia no ha de ser sencillo. Y más cuando se ha perdido aquello por lo que siempre se luchó. Cuenta ella que desde los 19 años, cuando fue madre por primera vez, soñó con tener casa propia y pensionarse. Ahora, a pesar que el sueño de la pensión está a 4 años, María Eulalia es consciente que la reconstrucción de la casa es una realidad que tomará buen tiempo. "Después que escampe, seguramente más de seis meses", acepta. El pasado domingo estuvo en la zona el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, y desde entonces todos los días reciben visitas del Subsecretario de Infraestructura Vial. No obstante, los afectados por los derrumbes aseguran no saber cuándo se les va a socorrer. Tanto así que doña Daisy Fray dice que "me dijeron que si me sentía en riesgo me fuera de la casa y que ellos (la Administración Municipal) me daban un subsidio. No me dieron más información". Las pérdidas, por el momento, son incalculables según los damnificados. Según un censo hecho por los líderes de la vereda Anchicayá, 100 casas resultaron afectadas, de las cuales 10 sufrieron daños considerables y 3 quedaron totalmente destruídas por los aludes. Por lo pronto, Doña María Eulalia asegura, en medio de la desolación de ver todo aplastado por el techo mismo, que corrieron con suerte. "Si esta casa hubiera sido de ladrillo no estaríamos contando el cuento. Menos mal era de madera". Su esposo Avelino añade, con una sonrisa esperanzadora en su rostro,"Hay que renacer como el ave fénix... Ser pobre tiene sus ventajas".

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