'Game over' a las salas de videojuegos en Cali que no cumplan con normas

Julio 01, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Diana Carolina Ruiz Girón | Reportera de El País
'Game over' a las salas de videojuegos en Cali que no cumplan con normas

Algunas salas de videojuegos que funcionan en Cali tienen espacios muy reducidos y no cuentan con los permisos para su funcionamiento.

Un proyecto de ley mediante el cual se regularán los contenidos y el funcionamiento de las salas de videojuegos, está listo para sanción presidencial. En Cali, algunas salas están abiertas al público sin los permisos necesarios.

Tiene un espacio no superior a los 1,5 metros cuadrados. Sólo cuenta con la iluminación del sol que se cuela por la puerta. Huele a húmedo. Sobre las paredes rosadas desteñidas están colgados los dos televisores plasma de 32 pulgadas que tiene la única sala de videojuegos del barrio Petecuy, al oriente de Cali.Aquí no se presta el baño. Los jugadores a lo único que tienen acceso es a algunas sillas plásticas para sentarse frente a las pantallas y jugar sus videos favoritos: fútbol, carros y ‘balacera’.Tan cerca quedan los televisores de los clientes, que ellos no necesitan estirar del todo las piernas para dejar las huellas de sus zapatos en las paredes. A menos de un metro de contacto visual con el televisor es imposible perder detalle.“¿Que si hay que pedir permiso para hacer esto?...La verdad no sé...Como esto es tan chiquito yo no creo”, deduce Wilson, de 23 años y propietario del lugar de entretenimiento que funciona desde hace un mes en la sala de su casa. Las salas de videojuegos que, como la del barrio Petecuy, funcionan en habitaciones y garajes de viviendas sin condiciones mínimas de salubridad, iluminación y seguridad están condenadas a desaparecer. Al menos así lo dispone un proyecto de ley de control a los videojuegos que, después de su tránsito por el Congreso, está listo para sanción presidencial.La iniciativa, entre otras, exige a los propietarios limitar los contenidos de videojuegos de acuerdo a las edades de los jugadores, además de registrarse oficialmente ante las autoridades municipales. De no hacerlo se verán avocados a multas económicas y hasta el cierre del establecimiento.Las razones que dieron vida a esta reglamentación, según la representante a la Cámara y una de las ponentes del proyecto, Gloria Stella Diaz, son, entre otras, la preocupación por la falta de control al ingreso de niños y adolescentes “a sitios sin higiene ni salubridad adecuada y donde, además, no hay restricciones para entregar videos de contenido pornográfico y de violencia”.También se quiere evitar que estos lugares se conviertan en focos de prácticas que generen adicciones. En la sala de Wilson, por ejemplo, las apuestas son frecuentes. “Los ‘pelaos’ vienen, yo juego con ellos y apostamos los $1.500 que cuesta la hora. El que gane no paga”, explica el dueño de la sala de Petecuy.“Existe cierta evidencia de que los juegos de destreza sin apuesta o azar pueden favorecer la aparición de los juegos de apuesta posteriormente, por lo cual  debe existir cierta restricción”, explicó Ricardo de la Espriella, vocero de la Fundación Colombiana de Juego Patológico. Una adictiva ‘guardería’“Se sienta y no escucha, no entiende”. Así describe Viviana, propietaria de una sala de juegos de consola en el Barrio Alfonso López, oriente de Cali, a uno de sus más frecuentes clientes.Cuenta que es un niño de catorce años que se dejó conquistar por un juego en el que su misión es apuntar y disparar a su oponente, inmerso en una simulación de guerra entre soldados de bandos enemigos.“Viene y siempre pide el mismo disco y juega la misma pantalla. A veces me pongo a conversarle y me deja hablando sola”, cuenta Viviana, quien agrega que a él, como a sus demás clientes, le da lo que pide. “Miran el catálogo y escogen. No hay problema”.La sala de Viviana queda a una cuadra y media del colegio principal del barrio y muchos de sus clientes se escapan de la jornada académica para jugar. “Venía un niño de 10 años que llegaba recién bañadito de la casa para quedarse todas las tardes. Me dijo que se le volaba a la mamá. Me tocó decirle que si seguía faltando a clase no lo volvía a dejar entrar”.Comunes también son los casos de aquellos padres o familiares que, según Viviana, dejan a niños de ocho o nueve años jugando videojuegos todas las tardes. “Piensan que esto es una guardería (risas). Hay una abuelita que siempre viene y le paga cinco horas de juego seguidas (unos $6.000). Me dice que prefiere que el nieto este aquí y no en la calle”.“Creemos que la tecnología es una gran aliada de la educación, pero no es una niñera electrónica y hay que saber que al utilizarla se puede estar expuesto a contenidos inadecuados, al abuso, a la explotación y a desarrollar una dependencia”, explicó Carolina Piñeros, directora ejecutiva de Red Papaz, que agremia a padres de familia de todo el país.No todo es maloAunque apenas se va a sancionar la nueva ley, hay salas de videojuegos en la ciudad cuyos dueños afirman que hacen controles por su cuenta. “Es que hay unos juegos que sí incitan claramente al sexo, a la violencia. Quien lo juega hace el papel de ladrón, violador o asesino. Esos juegos no son adecuados para niños”, explica Daniela Yepes, administradora de Player One, establecimiento de venta y sala de videojuegos en un centro comercial del norte.Por eso al lugar no se permite el ingreso a menores de 13 años si sus papás no los acompañan. Para los usuarios entre 13 y 17 años, se sugieren videos de acuerdo a su edad. Cuenta con amplio espacio. Los computadores están a más de 80 centímetros de distancia y hay iluminación, “aunque los clientes siempre piden apagarla”, asegura el asesor de la sala.A la hora de la venta de juegos, “lo importante es asesorar a los padres de familia en el tipo de contenidos que tienen los juegos para sus niños. Ellos no saben. Sólo quieren divertirse”, dice Fabian Ribera, propietario del establecimiento.¿Letra muerta?Aunque en el Valle del Cauca está vigente la Ordenanza 0343 del 2012 que en su artículo 187 indica que se prohibe ubicar salas de juegos electrónicos a menos de 500 metros de instituciones educativas y el ingreso de menores de 12 años a dichos sitios, hay quienes dicen que esto es letra muerta.Un oficial de la Policía del Distrito de Aguablanca, por ejemplo, confiesa que no se han hecho controles específicos a salas de videojuegos en lo corrido de este año, diferentes a visitas de lugares donde hay máquinas tragamonedas.Aunque la Secretaría de Gobierno de Cali realizó visitas a 22 establecimientos con equipos de ese tipo, ningún operativo, explica una funcionaria de la dependencia, está encaminado específicamente a controlar salas de videojuegos.“Tenemos un problema grande de control y operatividad. Con las dificultades presupuestales que tiene el Municipio es difícil. Pero sí se necesita regulación en materia de horarios de exposición a los videojuegos y regulación de contenidos”, explicó el concejal Roy Barreras.Según la representante a la Cámara Gloria Stella Diaz, “no existía una reglamentación diferente a la de obtener la licencia de funcionamiento como un establecimiento de comercio. Lo novedoso es la restricción por contenidos. Colombia estaba rezagada en este tema”.Frente a la iniciativa, Wilmer Palomares, experto en psicología clínica, considera que “las medidas siempre resultan cortas y en este caso parece que no será la excepción, aunque poco es mejor que nada.  Pienso que estas medidas  deberían  acompañarse de procesos de  formación  a los padres, pues es la familia la que a través de su  dinámica  afectiva posibilita el problema”.

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