Farallones, redescubra la catedral de agua del Valle

Diciembre 14, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
Farallones, redescubra la catedral de agua del Valle

El Parque Nacional Natural Farallones (PNNF) tiene páramos, bosques de niebla y selvas tropicales, en un área protegida que parte de las exuberantes montañas de picos altos, a 4100 metros, y culmina a los 200 metros sobre el nivel del mar en la selva húmeda del Pacífico.

Este miércoles será presentado en Cali el libro que redescubre ante propios y extraños el valor ecológico de la cadena montañosa tutelar del Valle

Un mar de agua dulce en la montaña. Agua que brota  de la roca como maná. Agua en hilos, nacimientos, cascadas, ríos, lagunas, agua que corre, que destila, pura agua, agua pura, es el  tesoro que encierra esa caja verde llamada Los Farallones de Cali.

Es tanta agua que da vida a 28 ríos, a tupidos bosques y selvas en un área de  200.00 hectáreas cuadradas. A miles de especies de aves, reptiles y mamíferos que anidan allí; a millones de plantas y árboles que hace impenetrables sus   montañas, formando este santuario ecológico del Parque Natural Nacional Los Farallones, PNNF.

Esa cordillera que separa –y une– al Valle del Cauca del Oceáno Pacífico, ha sido vital para el desarrollo de Cali. Tanto, que en 1917 hubo una sequía y dos concejales de Cali, que fueron visionarios en su momento porque aún no existía el movimiento por la conservación del medio ambiente, decidieron salvaguardar sus bosques y proteger esa fábrica de agua que alberga todo el tesoro hídrico de la ciudad y municipios circunvencinos.

Fueron ellos el ingeniero  Julio Fajardo Herrera, quien había restaurado el Puente Ortiz, y su colega  Alonso Martínez Velasco. El 19 de noviembre de 1918, es decir, hace  98 años, llevaron esa iniciativa al Concejo, que fue avalada por esa corporación: la de recuperar ese territorio para su completa conservación natural.  

Todas estas historias las cuenta  Lucía Salazar, editora del libro ‘Parque  Nacional Natural Los Farallones de Cali, un tesoro hídrico de Colombia’, una  edición de lujo que busca recuperar la memoria de los territorios locales y contribuir a sensibilizar y concientizar a la comunidad  sobre la importancia de este universo  invaluable para la región y su desarrollo.

En un proceso de investigación  con un equipo de 70 expertos trabajando durante un año, encontraron ese y otros hallazgos de oro. Como que por primera vez se instaura en la región la figura del guardabosques, que no existía en ese entonces en estos territorios. Y el Municipio destina unos recursos importantes para adquirir terrenos de la zona a los colonos. Sin embargo, la creación del Parque Nacional Natural de los Farallones como tal, solo se logró constituir en 1968.

Para llegar a estos datos, la editora cuenta que tuvieron que empezar por elaborar  un estudio de trazabilidad para identificar a expertos que habían realizado estudios de Los Farallones.

Y encontraron  23 investigadores científicos, historiadores y escritores, en su mayoría Ph. D., vinculados a las universidades del Valle, Javeriana, Icesi y Autónoma de Occidente. O   a entidades como World Wildlife Fund (WWF) o Fondo Mundial para la Naturaleza;   Wildlife Conservation Society Colombia (WCS) o Sociedad para la Conservación de la Naturaleza;  Fundación Pantera, Asociación Río Cali, Fundación Mapalina, Colombia Bird Fair y la Fundación Farallones.

[[nid:601990;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/12/orquidea.jpg;full;{200 variedades de orquídeas existen en el Parque Nacional Natural Los Farallones de Cali.Foto: Especial para El País}]]

“Lo más importante es que logramos que ellos fueran los   escritores de los  artículos del libro, pero  desde su experiencia personal, no desde su área científica; se  despojaron de  su ciencia para contarnos sus vivencias de su propio puño y letra, sin pasar por la escritura de otra persona”, explica Lucía, comunicadora social egresada de la Universidad del Valle.

Uno de estos relatos de la biodiversidad, está firmado por  Emilio Constantino Chuaire, quien participó en la única expedición que intentó cruzar Los Farallones, partiendo de Buenaventura hacia  Cali. La excursión la organizó la Universidad del Valle en 1983 con 80 expedicionarios entre biólogos, antropólogos y profesionales de otras disciplinas y pretendía conmemorar los 220 años de la Expedición Botánica de José Celestino Mutis, iniciada en 1783.

Sin embargo, la misión se  truncó con la muerte de  una  expedicionista, lo cual los hizo devolver. El investigador relata que la selva es tan inhóspita que solo alcanzaron a escalar hasta los 1200 metros de altitud. No  existe una cifra certera de las personas que han fallecido  en Los Farallones, pero sí se sabe que  unos han  muerto de hambre, otros de frío, otros han   rodado por peñascos y abismos, otros, sencillamente, desaparecen en la manigua cual Arturo Cova en el Amazonas.

Constatino relata que en  uno de los avances,   se toparon  con una comunidad de micos y estos animales hacían fila para observarlos. Así dedujeron que estos animales no habían visto un ser humano nunca antes. Estaban de verdad en una selva virgen. 

Y lo sigue siendo. De ahí que para tomar imágenes panorámicas para el libro, el equipo de fotografía tuvo que llevar drones para captar paisajes que los mismos caleños  no imaginan que corresponden al Valle del Cauca. “Es un territorio desconocido y si hubiésemos ido hace dos años, no hubiésemos podido entrar, por la guerrilla, pero esta vez pudimos llegar con equipos sofisticados con total seguridad”, explica Lucía. Hecho que ella califica como beneficios de la paz.

Fue como descubrir un Parque Jurásico, dice ella, y  este libro recoge esa memoria: desde el inventario de ríos, hasta el registro de ejemplares de osos de anteojos, jaguar, puma y   yaguarundí, un felino endémico de la región, captados con foto trampa porque es imposible acercarse a fotografiarlos.

Pero el equipo de fotografía, liderado por  Daniel Jaramillo Arango, Felipe Jaramillo Botero, Juan Sebastián Moreno y Diego Miguel Garcés, sí captó impecable imágenes de muchas de las  850  especies de aves que habitan en Los Farallones, de las 900 que tiene el Valle del Cauca, como la vistosa tángara multicolor, ave endémica de la zona y atractiva por su policromático plumaje. O  el gallito de roca, que pudieron documentar desde cómo nace de color café oscuro y luego se transforma en ese hermoso ejemplar rojo.

Esta publicación  logra  redescubrir para el lector que allí habitan unas 90 especies de anfibios. Entre  tanta agua,  su entorno ideal para  ranas venenosas,  sapos,  salamandras, las cecilias y hasta una especie bien rara, que es la rana cristal, un reptil   transparente que deja ver todo su organismo como si tuviera un bombillo por dentro.

Y cuando todos se deleitan avistando aves, mamíferos, reptiles, árboles, plantas, flores, agua, hay más tesoros en la  caja verde: los peces. Solo en Dagua se registran 65 especies, 55 de agua dulce y diez de mar que avanzan hacia el río. En Anchicayá hay 50 especies de peces, 39 dulceacuícolas y 11 marinos; en Jamundí hay 23 y en Cali solo sobreviven 12.

Ni qué decir de las mariposas, de las cuales Emilio Constantino descubrió hace unos años una especie, que como manda el mundo científico, lleva su nombre: la “Philaetria Constantinoi”.  

En esa exploración, también descubrieron la labor tan importante que estas entidades ambientalistas desarrollan en pro de la conservación del PNNF. Por ejemplo, la Fundación Farallones, una iniciativa de carácter privado  dedicada a proteger los terrenos baldíos y a comprar los predios colonizados de la cuenca del río Pance,  para darle sostenibilidad a la conservación de esa área.

En 1987 empezó  a funcionar, y para recoger recursos, el pintor Alejandro Obregón les donó un cuadro, que ellos decidieron subastar. A la causa se sumaron donando obras Lucy Tejada, María Thereza Negreiros, Édgar Negret, David Manzur, Beatriz González, Ómar Rayo, Antonio Roda, Óscar Muñoz, Eduardo Ramírez Villamizar, Luis Caballero y 80 artistas más. La subasta fue   en  el Museo La Tertulia y   Gloria Valencia de Castaño y Pacheco, los  presentadores.

En el Parque han vivido ancestralmente la comunidad indígena Nasa Kwesx Kiwe y en sus áreas de influencia,  afrodescendientes y colonos, que totalizan unas 300 personas.

Un equipo humano de biólogos, antropólogos, fotógrafos y Lucía Salazar exploraron este territorio, en un intento de  dimensionar la riqueza de un parque que empieza a 200 mts. sobre el nivel y termina en su pico más alto a 4100 metros de altitud. 

Eso les permitió conocer y registrar los pisos térmicos de Los Farallones, con sus selvas tropicales, bosques húmedos, páramos, lagunas, formaciones rocosas y otros parajes que dan variedad de imágenes, a veces parecidas a paisajes lunares,  a escenarios nórdicos, a selvas amazónicas, en fin, pero con un denominador común: de belleza incalculable.

Diego Miguel Garcés, comunicador social egresado de la Universidad del Valle, quien lleva más de 35 años adentrándose en los más remotos recodos de lo que él llama “la catedral” de agua,  captó muchas de las imágenes paradisiacas de este paraíso natural: atardeceres, arreboles, la vista  de Cali desde lo alto, la entrada del mar a territorio continental, en Buenaventura, en fin, todo un universo.

La esencia que muestra el libro ‘Parque Nacional Natural Farallones de Cali, un tesoro hídrico de Colombia’, “es  recordarnos, cómo a raíz de una pequeña gota de agua se logra sustentar la vida vegetal y animal, en una cadena que culmina en el bienestar del ser humano”, concluye Lucía, quien en 2015 publicó el libro ‘San Antonio Bosque de Niebla’, con el  patrocinio  de 7 empresas oficiales y el apoyo de tres más. Para este  de Los  Farallones, la cifra se duplicó a 20 compañías: 12 oficiales y 8 de apoyo.

El libro El 80 % de Los Farallones  pertenece al municipio de Buenaventura y solo el 18 %  a Cali; el 1,2 % es de  Jamundí y un 0,8 %  está en Dagua.El libro tiene presentación en inglés y en francés,  además de la original en español; resumen en francés y en alemán, y toda la publicación es bilingüe (español-inglés), con el trabajo de cuatro traductores.La obra es una ecoedición de lujo amigable  con el medio ambiente,  de 2500 ejemplares   impresos en papel de bagazo de caña de azúcar, de 312 páginas en gran formato de 30X30  con imágenes a todo color.
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