Exclusivo: así actúan las fuerzas ilegales que operan en Univalle

Exclusivo: así actúan las fuerzas ilegales que operan en Univalle

Junio 12, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Exclusivo: así actúan las fuerzas ilegales que operan en Univalle

Foto tomada en los desmanes provocados por encapuchados en una de las entradas de la Universidad del Valle. Una estación del MÍO fue vandalizada en los hechos.

Microtráfico y presencia de grupos guerrilleros son los principales problemas que aquejan a una de las más importantes universidades del país.

Nadie quiere hablar del asunto. O al menos, nadie quiere que se diga en un periódico que él o ella habló del asunto, que opinó, que dijo algo. Lea también: “Univalle debe proponerse erradicar el tropel”, dice Édgar Varela, rector de Univalle

 “Vale, hablemos del tráfico de drogas en Univalle y de otras cosas, pero sin grabadora y no pongás mi nombre”, dicen muchos. Los anónimos, profesores, estudiantes, funcionarios, sin embargo, concuerdan en algo: en la Universidad del Valle había - ¿hay?- una línea de microtráfico que no era manejada por estudiantes y que había convertido cierta zona del campus de Meléndez en una especie de área prohibida, incluso, para los estudiantes.

Los anónimos también coinciden en que eso, el microtráfico, no se resolverá con los operativos que ordenó el rector Edgar Varela los pasados jueves y viernes y que la venta de drogas es solo una de varias irregularidades graves que hay en el interior de la Universidad.

Pero nadie quiere hablar en voz alta. Nadie quiere ser señalado. “Esta semana ha habido un clima de intimidación y de hostilidad en la Universidad”, dice un funcionario. ¿Qué sucede al interior de uno de los centros de educación superior pública  más importantes del país?

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Viernes. La zona contigua al Coliseo Alberto León Betancourt, que era el punto central de la venta de drogas al interior de Univalle, estaba desierta. Podía verse el pequeño guadual   “extrañamente solo”, me dice una estudiante. Sí, extrañamente solo. 

 Aquella zona, lo dice la estudiante y lo dice una funcionaria y lo dicen otros tantos estudiantes, era una especie de área vetada por donde era preferible no caminar y, si se hacía, era mejor  hacerlo rápido y evitar  mirar hacia ellos.  “No es que fuera prohibido, pero ya se había establecido una especie de consenso de que era mejor no caminar por allá, a menos que fueras a comprar. Miedo, hablo de físico miedo”, dice la joven.

 Y no era un miedo gratuito. Un trabajador sostiene que justo esa zona se había convertido también en un espacio para otro tipo de delitos. Las motos y los carros que se dejaban parqueados en los alrededores de Guaduales o Guaduas, como lo llaman los estudiantes, aparecían sin espejos, con las puertas abiertas algunos.  

¿Quién era responsable de eso? Nadie. Varios profesores consultados sostienen que la presencia de ese grupo de vendedores de droga propiciaba esas otras situaciones. “No son estudiantes. Son gente externa o, acaso, exestudiantes que nunca terminaron ningún pregrado a pesar de matricularse en muchos. Así como venden droga, pueden estar interesados en el celular de alguien, en el bolso que un funcionario deja en su carro, en los espejos de una moto”, dice un profesor.

 Ahora bien, la venta de droga también había empezado a atraer a personas completamente ajenas a la universidad que sabían que el campus era un lugar perfecto para consumir sin someterse a lo que podría ser la desaprobación social y al acoso de la Policía.  Así que ciertos días, a ciertas horas, podía encontrarse en la universidad grupos de personas que no eran estudiantes ni funcionarios cuyo único propósito era drogarse.

 “Hubo un tiempo en que la Plazoleta de Banderas –  lugar en donde se reunen estudiantes a consumir – era un espacio en el que se podía estar seguro, cada quien con sus cosas, un espacio también para la cultura, para manifestaciones. Ahora eso sigue siendo así, pero el espacio también se ha vuelto peligroso. A un estudiante de una clase que dicto lo golpearon y robaron desconocidos en esa zona el semestre pasado”, dice otro docente,  quien coincide en que esa situación ha sido propiciada por la existencia de una red de microtráfico.

  Un hombre que conoce de cerca la venta de droga en Univalle sostiene que los viernes, cuando se realizan audiciones de música en la universidad, las ganancias pueden llegar a superar los $5 millones. “Vienen de todas partes, de otras universidades y gente de la calle. Bueno, y hay que decir algo: no solo se vende a los que compran allí. También se hacen domicilios. Desde aquí se le vende droga a todo el que llame y viva  en la zona sur de la ciudad”, comenta. “No vayás a decir mi nombre. Con lo que hizo el rector y con todo lo que está pasando, esto en la universidad está muy caliente y no se sabe qué pueda pasar”, dice.

Por ahora, es poco menos que imposible saberlo a ciencia cierta. Fuentes de la Sijín y de inteligencia del Ejército señalan que no han investigado el fenómeno por la dificultad que representa para los agentes ingresar a la institución. Sin embargo, el hombre que conoce el negocio dice que se trata de una estructura delincuencial fuerte, que incluso tiene acceso a armas, y que está subordinada a una banda criminal que delinque en toda la ciudad, más exactamente, a ‘Los Rastrojos’.  Lea también: Así se mueve el negocio de microtráfico en Univalle

“Mirá, te lo digo de un modo más crudo. Esto está manejado por oficinas de cobro. Eso es grave. Por otra parte, como se sabe en la universidad, hay presencia de grupos de izquierda, de las Farc y el ELN. Y como se sabe también,  la universidad es como un espacio en el que están a escala todos los problemas del país, todos. Si hay zonas de Colombia en donde las Farc se alían con grupos criminales para vender droga, yo creo que no tendría nada de raro que eso también esté pasando en Univalle”, sostiene.

Andrés* perteneció a un grupo estudiantil de Univalle con filiaciones políticas de la izquierda. Al colegio en el que estudiaba un grupo de estudiantes universitarios fueron a dictar un preicfes. Luego, cuando ingresó a la universidad, quienes le habían enseñado en el preicfes, le ofrecieron hacer parte del grupo estudiantil.

 “En la universidad hay muchos grupos estudiantiles que se dedican a diversas cosas. Los afro tienen grupos, los indígenas también, hay otros que son animalistas, ambientalistas, en fin, y otros, no todos, son los llamados ‘capuchos’”. 

Andrés empezó a asistir al grupo y  a recibir adoctrinamiento político relacionado con el socialismo y las Farc. Un día cualquiera le ofrecieron hacer parte de los ‘capuchos’. “Ya sabes cómo es el discurso que se maneja. Yo era primíparo y acepté”, confiesa. Andrés recibió instrucción en el armado de las llamadas ‘papas bomba’ e incluso le fue encargado comprar el compuesto químico que se utiliza. 

Meses después, a Andrés le propusieron hacer parte de un grupo de estudiantes que serían llevados a zona rural de Jamundí a recibir instrucciones sobre “movilización de masas”.  “Hasta ahí llegué con eso, no pude más. Ahí sentí que me estaba metiendo en algo grave. Por fortuna, no recibí ninguna retaliación al decidir hacerme a un lado”, reflexiona ahora.

Hace menos de dos meses Juan*, un estudiante de primer semestre de Ingeniería Química, fue abordado por tres jóvenes mientras caminaba por cercanías de la Biblioteca. 

 “Compañero, nosotros somos un grupo estudiantil que lucha contra el sistema. Te invitamos a que hagas parte del grupo”, le dijeron y le entregaron un volante con propaganda de las Farc. 

 Varios profesores consultados por El País sobre la presencia de integrantes de grupos guerrilleros en la Universidad del Valle sostuvieron que esa presencia es un tema histórico. 

 “Sí, seguramente sí hay elementos que uno podría decir que son ideológicos de las guerrillas en la universidad, pero eso no significa que estén delinquiendo. Históricamente en la universidad siempre ha habido presencia de  esos grupos, así que no es nada nuevo. El asunto es más bien lo que esas personas están causando en el curso normal de un semestre universitario”, dijo uno de los docentes consultados. 

 El catedrático se refiere al hecho de que presuntos milicianos del ELN o las Farc sean los principales responsables de los desmanes que frecuentemente tienen lugar en la Avenida Pasoancho. En opinión del profesor, en Univalle hay algunas células ideológicas de esas guerrillas que no tienen un respaldo general de la comunidad universitaria y que no son muchos, pero son suficientes para bloquear el campus. 

 “Digamos que sean 100, o 200. Son muy pocos si se considera que en Univalle, sede Meléndez, hay más de 15 mil estudiantes. Pero esos pocos pueden paralizar la universidad, a pesar de que el resto de estudiantes no compartan sus métodos”, explica.

El único profesor consultado que accedió a ser citado por su nombre - pero que reservamos por motivos de seguridad- y quien hizo parte de movimientos estudiantiles de izquierda en los años 70 en Univalle, opina que en la actualidad los grupos estudiantiles con filiaciones con Farc o ELN le están causando un daño a la institución y al movimiento estudiantil en general. 

 “En los estudiantes hay un rechazo generalizado a los métodos de los ‘capuchos’ con sus protestas de lanzar piedras, dañar estaciones de buses e incluso, dañar buses. Y ese rechazo tiene que ver con que los estudiantes no se sienten identificados y perciben que hay, sobre todo, falta de debate serio y de ideas en esos grupos. La izquierda hoy en la Universidad del Valle no es una izquierda que proponga, que llame a debates serios, que construya ideas. No, se ha convertido más bien en un asunto de algunos estudiantes para hacer desórdenes sin más. Eso lo perciben los otros estudiantes y por eso el rechazo, sin embargo, los que hacen el desorden siguen...”. 

El docentte sostiene, no obstante, que la presencia de simpatizantes de movimientos de izquierda, e incluso de derecha y de todas los espectros políticos es saludable para la universidad, pues esta es un espacio de reflexión de toda la sociedad. “El asunto aquí es que lo que están haciendo estas personas no tiene nada que ver con lo que era el movimiento estudiantil en los 70 y resulta siendo más nocivo que beneficioso para la Universidad. Si los estudiantes no se organizan seriamente, los otros seguirán haciendo lo que hacen”, concluye.

“Las cosas se mueven así. En la universidad hay muchos estudiantes que se ayudan económicamente vendiendo chiclets, cigarrillos, dulces, y de hecho, hay gente que vive de eso. Pero también sucede que hay personas externas que literalmente se adueñan de espacios para la venta y se los alquilan a otras personas. ¿Eso qué es? No sé. Lo que sí sé es que eso se ha prestado para problemas entre vendedores”, dice una fuente de Univalle. 

En la Universidad del Valle puede comprarse un almuerzo en cajas de icopor, una hamburguesa vegetariana, un sandwich cubano, un sandwich casero, cigarrillos, chiclets, arepas, papas frita, libros de segunda, softwares de cualquier tipo. De todo.

 Y eso, dice la fuente, no está mal. “Ahora, cuando te enterás de que hay puestos de venta de minutos que pertenecen a una misma persona, que fue estudiante alguna vez, pero que ya se graduó y lo que hizo fue poner varios puntos de venta en los que le paga a otras personas, ya las cosas son diferentes. ¿Quién está controlando eso?” 

La Universidad controla la mayor parte de establecimientos dedicados a prestar servicios académicos como fotocopias, impresiones o anillados de libros. Cada uno de esos pequeños locales debe pagar una especie de arriendo a Univalle, lo mismo que las cafeterías o sitios de comidas privadas que están allí.  “Hay zonas que son espacios de estudio, pero que hace años están completamente copadas por los vendendores y que han generado conflictos entres estudiantes, porque muchos los reclaman como espacios para actividades académicas. Y si además están siendo utilizadas por personas externas para lucrarse, no para ayudarse como estudiantes, ¿quién lo va a controlar?”. 

 El rector de la Universidad, Edgar Varela, sostiene que esos pequeños sitios de ventas son manejados por estudiantes y “familias humildes” que prestan un servicio a la universidad.

 “Y eso es cierto. Pero también es cierto que hay unas especies de pequeñas mafias organizadas. Y, otra cosa. La venta de drogas en la universidad es muy compleja. ¿Cómo explicar que a pesar de que no estén los vendedores de Guaduales, el jueves y el viernes se seguía consumiendo drogas en la plazoleta de Banderas? Hay mucha gente metida en eso. Hay personas, no todos claro, que se camuflan entre estudiantes y vendedores de chiclets para seguirle el juego al microtráfico”, dice la fuente que conoce el fenómeno. 

(*)Nombres cambiados por seguridad.

Huerto Semillas de LibertadA través de  comunicados, los estudiantes responsables  del huerto que fue destruido por orden del rector la semana pasada, han manifestado su rechazo a los hechos y han sostenido que el huerto es una iniciativa de estudiantes por mantener semillas orgánicas de diversas especies propias del Valle del Cauca.    La semana pasada los estudiantes estuvieron trabajando  en el huerto con el fin de volver a sembrar varias especies y reiniciar al proyecto llamado ‘Semillas de Libertad’.   Un comunicado del Consejo Académico de Univalle  sugirió al rector evaluar con los grupos estudiantiles “los daños no deseados que sufrieron algunos proyectos de investigación o emprendimiento”, durante la intervención.
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