Evocaciones de un centenario muy santo en Cali

Septiembre 12, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Dos sacerdotes rememoran las realizaciones de la Arquidiócesis, en sus 100 años de existencia. Ambos recuerdan fechas claves que marcaron una historia que lleva una cnturia escribiéndose.

En la mesa están sentados el sacerdote José González y monseñor José Alejandro Castaño. Ambos con camisas blancas impecables, de mangas largas. Ambos rememorando el pasado de la Arquidiócesis de la ciudad que en este 2010 cumple cien años de historia. La mesa está ubicada en el segundo piso de la Casa Arzobispal, en el centro de Cali. En las paredes de esta casa colonial se ven fotos de monseñor Isaías Duarte, tal vez el nombre que más despierta admiración, respeto, orgullo en los religiosos que deambulan en el recinto religioso. De él y su obra se habla con reverencia en la Arquidiócesis centenaria. Y precisamente de Duarte Cancino se empieza a hablar en la mesa. - La muerte de Monseñor, el 16 de marzo de 2002, fue uno de los momentos más duros para esta institución en su historia. (Le dice monseñor José Alejandro Castaño al padre José González). - Sí. Recuerdo que él mismo se describía así: Yo soy de caparazón muy dura, pero muy blandito por dentro. De hecho muchas veces lo vimos llorando. Cuando sucedió el secuestro en la Iglesia La María o el del Kilómetro 18, por ejemplo.- Y yo, que además de Monseñor soy médico, digo de él que sufría de cardiomegalia. ¿Usted sabe qué es eso? Un cuerpo chiquito con un corazón muy grande. Y lo he repetido muchas veces: en Colombia, sólo dos diócesis tienen obispos mártires en su historia. La de Cali y la de Arauca, a la que también le mataron el obispo, Jesús Emilio Jaramillo. Lo mató la guerrilla de una forma cruel. Lo despedazaron con cortaúñas. - Ahora, la llegada de monseñor Isaías fue uno de los mejores momentos para la Arquidiócesis (está hablando el padre José). En la ciudad había mucha hambre y poca educación. Y la Iglesia se propuso fortalecer, y de qué manera, los colegios parroquiales. La obra que había iniciado monseñor Alberto Uribe Urdaneta en los años 50, la que había continuado monseñor Pedro Rubiano Sáenz, llegó monseñor Isaías y la fortaleció.En sectores como Siloé alto, a donde no llegaba el Estado, ahí puso colegios. En ese tiempo, recuerdo, también se montó el Banco de Alimentos. Y surgieron tres fundaciones sociales: ‘Ángeles de la calle’, ‘Sergente’ y ‘Samaritanos’. Estoy hablando de los años 96 y 97. Esas obras hacen parte de las dos líneas de acción que se ha trazado la Arquidiócesis: la evangelización y la promoción humana. - Otro momento histórico padre es el nacimiento como tal de la diócesis, el 7 de julio de 1910. (Apunta monseñor José Alejandro).- Y la Iglesia iba creciendo a la par con la ciudad. Por ejemplo, después de la década del 60, del 70, llegó a Cali mucha gente y se generaron cinturones de pobreza. Hasta allá llegaba la Iglesia con una parroquia y una obra social. En esa época estaba monseñor Pedro Rubiano Sáenz. Y en esos años fue cuando llegó el padre Alfred Welker, tan querido en la ciudad, (hoy muy enfermo) y que nunca quiso salir de Aguablanca y de la obra social que ha realizado. - Y es muy recordada también en la Arquidiócesis la explosión del 7 de agosto de 1956. Para la ciudad fue un episodio muy duro, pero ahí fue cuando apareció la mano de un padre muy querido en Cali: Alfonso Hurtado Galvis. Recogía pedazos de personas, ayudaba a los heridos, a los familiares. Su papel y el de la Iglesia en esa tragedia fue tan importante, que nunca se olvidó. (Es la voz de monseñor Castaño). - Hay que mencionar el Congreso Bolivariano Eucarístico, en 1949, que trajo a católicos de todos los países bolivarianos y que pretendía la recristianización de la familia. El Congreso se tuvo que posponer. Se iba a hacer en 1948 pero sucedió lo del 9 de abril, la muerte de Gaitán. - Otro gran momento fue la Gran Misión, en 1960. Fue un evento multitudinario que organizó la Arquidiócesis para reunir a todos los Católicos de Cali y llamar a la conversión, al perdón, a la reconciliación, a través del sacramento de la confesión. Fue una gran cantidad de gente en un evento de la Iglesia para recuperar la paz, la alegría de la ciudad. La Gran Misión cumplió su objetivo, sensibilizó a todo Cali. En ese recuento de la historia de la Arquidiócesis, los sacerdotes no mencionan una de las visitas más importantes para la institución y que fue poco publicitada en la ciudad: La llegada el 23 de noviembre de 1986 de la Madre Teresa de Calcuta. La visita fue rápida y el objetivo era visitar los Hogares en Bogotá, Pereira, Cúcuta y Cali, de las monjas Misioneras de la Caridad, la Orden Católica que estableció en 1950 con el objetivo de ayudar a los pobres. Y ese mismo año, en 1986, la Arquidiócesis vivió un momento sublime: el 4 de julio pisó tierra caleña el Papa Juan Pablo II. Fue recibido por Pedro Rubiano. Las calles se convirtieron en ríos de gente. - Otro estado sublime para la Arquidiócesis es este que estamos viviendo, el centenario. No todas las instituciones llegan a cien años, por eso es muy significativa esta fecha. Pero se llega a ella en un momento muy complicado, tanto para la Iglesia, como para el mundo en general. Y es complicado por la inversión de los valores en la sociedad. La transitoriedad es lo que ha caracterizado a esta sociedad de finales del Siglo XX. Eso significa que nadie hace promesas estables, nadie se compromete en el matrimonio, por ejemplo. La ciencia se ha empoderado de la mente y piensa que la razón lo puede todo, pero el Papa dice que el mundo que lo tiene todo pero no tiene a Dios, no tiene nada. (Voz de monseñor Castaño). -En Cali nos preocupa la familia. En la ciudad las familias están descompuestas, padres que tienen un hijo en el cementerio, otro en un sanatorio y otro en la cárcel. Eso pasa porque a los muchachos los dejan solos por buscar dinero, bienestar material. Hemos sacrificado el ser, por el tener. (Comentario del padre José). El diálogo sigue. Hablan de la labor educativa de la Arquidiócesis. Y resaltan la labor de los 28 colegios de la institución, en los que se educan 35.000 jóvenes. Y mencionan a la Universidad Lumen Gentium, que capacita a 3.240 muchachos. La charla concluye y los sacerdotes salen de la casa colonial para continuar orando por la redención de los pecados de los caleños. Y por la de su propia institución, que como todo cuerpo integrado por seres humanos, no ha estado exenta de faltas.

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