Estudiantes del Plan Talentos reconocen las ventajas del programa académico

Septiembre 18, 2010 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
Estudiantes del Plan Talentos reconocen las ventajas del programa académico

Albert David Celis se mudó del barrio Antonio Nariño a Cañaverales por cuidar a su abuelita y porque desde ese sector de Cali le queda más cerca la Univalle.

Tres futuros profesionales reconocen las ventajas del programa académico.

Fue tan exitoso el Plan Talentos, programa de la Universidad del Valle y de la Alcaldía de Cali, que fue escogido por el Ministerio de Educación Nacional para replicarlo, por lo pronto, en Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cartagena. A través de este programa se busca que jóvenes de estratos 1 y 2, menores de 23 años, mejoren sus competencias académicas y puedan ingresar a la universidad. La primera etapa en Cali permitió que de los 1187 estudiantes que culminaron el programa, 423 ingresaran a una institución de educación superior.De acuerdo con John Saul Gil, coordinador académico del Plan Talentos, los resultados “son muy satisfactorios. Cumplimos las expectativas que teníamos considerando que ingresaron a la universidad más del 20% de los estudiantes que participaron en el programa Talentos por la vía del mejoramiento del puntaje Icfes”. El cupo del programa, recordó Gil, es de 1500 estudiantes y terminaron 1187, “es decir, hubo deserción, pero no alcanzó el 20%, que es el porcentaje que se espera en este tipo de programas, es más, incluso”.La deserción, explica Jairo Castillo, jefe de la Oficina de Atención al Estudiante, se debió en gran medida a que a algunos les resultó la oportunidad de laborar en diciembre, además, por la presión familiar que tienen en sus casas para que trabajen.El País presenta las historias de tres jóvenes que, pese a sus afugias económicas lograron culminar el programa y hoy son estudiantes de la Universida del Valle. Una experiencia de vidaAlbert David Celis Morales, de 17 años, “tenía claro” que no podía aspirar a estudiar en una universidad privada por sus limitaciones económicas, entonces, dice, “o era ingresar a la Univalle o no estudiar y tener que salir a buscar empleo”.Cuando terminó el bachillerato en el Centro Profesional de Estudios Técnicos y Financieros, Cenproes, en 2009, este joven se presentó a la Universidad del Valle para estudiar ingeniería industrial y no pasó, “quedé muy aburrido”. Pero al enterarse del Plan Talentos vio que ahí estaba la posibilidad de ingresar, si obtenía un buen resultado en las pruebas Icfes.“Todos mis puntajes los mejoré. En matemáticas, por ejemplo, obtuve 72 puntos, mientras en el primer Icfes saqué 56. En física 59, cuando anteriormente había sacado 44 y así fue con el resto”.Gracias a la sugerencia que le hicieron docentes del Plan Talentos se presentó mejor en ingeniería mecánica y pasó. “Igual es una carrera que me gustaba porque como mi colegio es industrial ya había visto algo de mecánica. Y las clases que vimos en el programa me sirvieron mucho como base para lo que estoy viendo ahora”, explica.Este hijo de una ama de casa y del dueño de un taller de carpintería está muy agradecido y feliz por la oportunidad que tuvo de participar en el Plan Talentos, pues como argumenta, este programa, más que una experiencia académica, es una experiencia de vida, porque “uno crece como persona, aprende a valorar lo que tiene, a emprender sus sueños, a saber que no todo es fácil, que hay que luchar por lo que se quiere”.Hoy, comenta, empiezo otro sueño: graduarme como ingeniero mecánico, luego emplearme para adquirir experiencia y después independizarme creando una empresa.Un programa muy prácticoFueron diez meses en los que Alejandro Escobar Henao se dedicó en cuerpo y alma, durante dos y hasta cuatro horas al día, de lunes a sábado, a aprovechar todas las herramientas que le brindó el Plan Talentos para nivelarse académicamente y así conseguir ingresar a la Universidad del Valle.“Siempre soñé con eso, desde que entré al bachillerato, pero para ingresar a la Univalle hay mucha competencia, porque aquí también se presentan estudiantes de colegios privados que salen mejor preparados que los que egresan de los colegios públicos”.Pero él, que en undécimo grado recibió la Medalla a la Excelencia en el colegio Ciudad de Cali no se amilanó. Y logró entrar a la facultad de Matemáticas. En su modesta casa del barrio Eduardo Santos, al suroriente de Cali, recordó entre risas, que la gente le pregunta por qué escogió esa carrera y le advierte que va a volverse loco. Sí, él ya está loco, pero de la dicha, por la oportunidad que le brindó el Plan Talentos de poder llegar a convertirse “en un docente o un investigador”.Comenta este joven de 17 años, orgullo de su padre, el mesero Abelardo Escobar y de la ama de casa Sonia Henao, que “el programa fue muy práctico, porque hacíamos ejercicios y simulacros tipo Icfes, los resolvíamos y nos explicaban el por qué de cada una de las respuestas”.Hay que dejar el relax“Aparte de los nuevos conocimientos que he aprendido, al Plan Talentos le debo la entrada a la ‘U’”. Así lo reconoce Johnson Salazar García, caleño de 22 años, hijo de un vendedor ambulante de escapularios, novenas y otros artículos religiosos y de una ama de casa.Salazar, quien reside en el barrio Desepaz, terminó el bachillerato en el Inem en 2005, pero por varios inconvenientes no pudo entrar a la ‘U’. El año pasado un amigo lo motivó a inscribirse en el Plan Talentos y gracias a éste, dice, logró un puntaje que le permitió aspirar a estudiar ingeniería química y lo consiguió.Hoy divide su tiempo entre su trabajo como secretario en una empresa dedicada al mantenimiento general de las estaciones de servicio Terpel y sus clases matinales en la Universidad del Valle.Resalta este ex vendedor y ex auxiliar de bodega que además de reforzar sus conocimientos, el Plan Talentos le enseñó a “no contestar por contestar, sino a responder los exámenes analizando bien cada pregunta y descartando opciones según lo que habíamos aprendido”.Él, que admite que no fue un estudiante destacado, pues “pasaba un poco arrastrado en el colegio, porque , como dicen mis amigos, yo soy inteligente, pero vago y muy relajado”, también reconoce que ya la universidad es otro mundo. Por eso se ha propuesto dejar atrás el relax y ponerse las pilas para culminar con éxito sus estudios.Luego de graduarse, si se le presenta la oportunidad de trabajar en empresas “pues chévere”, dice, pero su gran anhelo es “formar un grupo, con algunos compañeros de la universidad, para emprender un proyecto por el cual no dependamos de otros para trabajar”, comenta entusiasmado Johnson, en medio del repique del teléfono en su lugar de trabajo en el barrio Metropolitano, al norte de la ciudad.

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