Estos tres maestros quieren hacer de Cali la sucursal de la poesía

Estos tres maestros quieren hacer de Cali la sucursal de la poesía

Mayo 20, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Redacción El País
Estos tres maestros quieren hacer de Cali la sucursal de la poesía

‘El último verso’, un colectivo cultural conformado por tres docentes, ofrece cursos gratuitos de literatura. La cita es cada sábado, de tres a seis de la tarde, en la Biblioteca Departamental. “La gente está enviciada a la poesía”, aseguran.

‘El último verso’, un colectivo cultural conformado por tres docentes, ofrece cursos gratuitos de literatura. La cita es cada sábado, de tres a seis de la tarde, en la Biblioteca Departamental. “La gente está enviciada a la poesía”, aseguran.

El colectivo se llama ‘El último verso’. Le pusieron así no solo porque el nombre les pareció muy sonoro– literatura y oído van de la mano claro – sino también porque finalmente eso es lo que pretenden: ensayar una y otra vez en el taller gratuito que ofrecen para que los asistentes encuentren su último verso, aquel texto, por llamarlo de alguna manera, definitivo.

-Desmontamos el mito de la inspiración.

El colectivo está conformado por Luis Gabriel Rodríguez, Robert Velasco y Pavel Rodríguez. Los dos primeros son docentes de lengua castellana, mientras que Pavel es profesor de inglés.

Hace unos meses conversaron sobre una idea en común: Cali es una ciudad de gente que quiere escribir, pero que no necesariamente puede, o anhela, ingresar a una universidad para aprender a hacerlo. Más que las teorías, lo que en realidad les atrae es la sensibilidad, la pasión, un lugar para poner en papel y de manera espontanea lo que llevan por dentro.

Entonces Luis Gabriel, Robert y Pavel o decidieron crear el colectivo para ofrecer justamente eso: un taller semanal, gratuito, para leer a escritores consagrados, analizar su obra, o explorar que tiene que ver por ejemplo la literatura con la música y, por supuesto, escribir. Este sábado desmenuzaron la obra de la poetisa argentina Alejandra Pizarnik. Sucedió de tres a seis de la tarde, en la Biblioteca Departamental.

Porque el grupo comenzó a crecer tanto, que debieron cambiar de lugar. Inicialmente, los cursos se daban en la Biblioteca Centenario. A la primera convocatoria asistieron diez personas y los tres profesores se pusieron muy contentos. No los conocía a nadie y una decena de personas querían escucharlos. Ahora asisten 30 personas, en promedio.

-Lo que hacemos es trabajar una temática o a un autor. Por ejemplo el primer taller del año fue sobre Borges. Llevábamos textos suyos para analizar cómo están escritos, tomar cosas que nos podían servir en la escritura de nuestras propias historias. También hemos hecho talleres sobre la relación que existe entre literatura y fotografía,  literatura y cine, literatura y música, literatura fantástica y erótica.  O exploramos la manera en que poetas como Alejandra Pizarnik incluyen elementos autobiográficos en sus versos. Al final cada asistente al taller va configurando su identidad a través de la escritura.  Porque aunque uno no se vuelva famoso escribiendo,  o no publique, si pensás tu escritura te vas conociendo mejor y vas  interpretando esta ciudad y la sociedad donde estás, dice Luis Gabriel.

Aunque hay algo mucho más poderoso que ha resultado de la experiencia, agrega: un grupo de desconocidos se ha convertido, con el paso del tiempo, en una hermandad. Los asistentes al taller van juntos a festivales de poesía, se comparten textos, celebran cumpleaños, se recomiendan libros.

-Como un club. O mejor, como una familia.

La mayoría de los que van sagradamente a los cursos de ‘El  último verso’ trabajan en cosas distintas a la literatura. Son psiquiatras, o pintores, o diseñadores gráficos, o docentes de primaria. Todos, sin embargo, aman escribir. Además, de una manera u otra, dicen, estudiar literatura influye para bien en la forma como desarrollan sus trabajos.

Y han publicado, por supuesto. El taller es un camino para hacerlo. Crearon la revista digital El Mango, publicaron cuentos con la revista Lexikalia de la Universidad del Valle y en la revista Viceversa, un portal internacional,  y ahora la idea es aprovechar el blog de Pavel en El Espectador para también publicar allí.

-Eso motiva a la gente, que yo la siento enviciada a la literatura,  a la poesía. Escriben versos sobre el amor, sobre la muerte, sobre religión, sobre su propia vida.  Y uno ve también cómo las personas van cambiando en su manera de ser, como en sus estados de Facebook hablan de cosas distintas a las que publicaban inicialmente. Porque a nadie le prometemos que si va al taller se convertirá en escritor, pero sí  que va a conocerse, a mirar el mundo y así mismo de otra manera, a ser crítico con su propia obra, dice Luis Gabriel, a quien, por cierto,  de vez en cuando le preguntan por qué sacrificar las tardes de sus sábados sin cobrar un solo peso. ¿Por qué no estar con la novia o irse para una finca?

-La literatura es casi la  vida mía. Una pasión. Tengo mis aspiraciones literarias.  Y yo, mientras enseño, aprendo más. Esa es mi ganancia.

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