Éste es el legado de Monseñor Isaías Duarte Cancino

Éste es el legado de Monseñor Isaías Duarte Cancino

Marzo 11, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Santiago Cruz Hoyos | Reportero de El País
Éste es el legado de Monseñor Isaías Duarte Cancino

Esta es la fuente de agua que se está construyendo justo donde mataron a monseñor Isaías Duarte Cancino. Será inaugurada el viernes 16 de marzo, cuando se cumplen diez años de su muerte.

En el Urabá fue mediador de paz; en Cali acompañó a las víctimas de secuestro, creó 45 parroquias, fundó programas contra el hambre y la indigencia.

III: El legadoSe trata de uno de los capítulos más sangrientos de la historia de Colombia: Urabá, finales de los años 80, toda la década de 1990. Ese golfo ubicado entre los departamentos de Antioquia, Córdoba, el Chocó, el Tapón del Darién, en la frontera con Panamá, fue disputado por guerrilleros y paramilitares comandados por los hermanos Castaño (Vicente y Carlos). Allí se libró una guerra motivada por un gran botín: extensas hectáreas de banano, pastos para ganado, una zona estratégica para mover droga, la posibilidad de desplazar a los nativos y apoderarse de la tierra con la disculpa de una cruzada “contra el comunismo”. Entonces las matanzas perpetradas de un bando y del otro empezaron a ser noticia en los medios de comunicación. Entre 1991 y 2001, en la zona se contaron 96 masacres, 597 personas muertas. Un holocausto. Ese, en resumen, era el contexto al que llegaba Isaías Duarte Cancino. El padre Efraín, aún sentado en uno de los patios del convento de La Milagrosa, asegura que el Urabá le selló el destino a monseñor, lo transformó en un líder.En Apartadó Isaías Duarte Cancino empezó a hablar de un tema que hasta el momento poco había estudiado: derechos humanos. Y ante la violencia diaria, aterradora, decidió actuar, convertirse no sólo en un evangelizador, en un predicador de la Biblia, sino también en un mediador. Promovió la creación de oficinas de justicia y paz, habló por la radio sobre la importancia del respeto a la vida del otro, fundó seis colegios, dialogó con la guerrilla, con los paramilitares, hizo parte del proceso de reinserción de los integrantes del Ejército Popular de Liberación, EPL. Con todos los actores armados tuvo una relación. Desde esa época, sin embargo, sobre la vida de Monseñor han circulado rumores que nadie ha confirmado. El paramilitar Éver Veloza García, alias H.H., dijo en una versión libre ante la Fiscalía que Isaías Duarte Cancino era “el consejero espiritual” de Carlos Castaño, jefe de las autodefensas; otro paramilitar, alias Don Berna, comentó que el religioso perteneció a una especie de sociedad secreta paramilitar llamada ‘El grupo de los seis’; Rito Alejo del Río, general retirado del Ejército, aseguró además que Monseñor recibió tierras que le pertenecían a comandantes de paramilitares. El arzobispo de Cali, Darío de Jesús Monsalve, los desmiente. Sentado en su oficina, en la Arquidiócesis, dice que hablar de una persona que ya no se puede defender, hablar de un muerto para delincuentes que pretenden una rebaja de penas, es muy fácil. Agrega que con Isaías vivió parte de esa época, ese contexto de violencia en Colombia. Fueron años en los que la Iglesia Católica empezó a gestionar diálogos con los grupos armados. Es decir que Isaías Duarte Cancino sí tuvo relaciones con los paramilitares, con los guerrilleros, explica monseñor Darío, pero fueron de cara al país y su objetivo con esos encuentros era alcanzar la paz del Urabá. No lo logró del todo. En 1995 fue trasladado a Cali. El 19 de agosto inició su gestión como Arzobispo. Parece que en principio no le gustó esa decisión, sintió que su proyecto de espantar la violencia de Apartadó y sus entornos fue truncado.En todo caso, Monseñor inició en Cali una obra social que aún hoy perdura: fundó 45 parroquias, nueve colegios; creó también programas contra el hambre: ‘Samaritanos de la calle’, el Banco de Alimentos, Ser Gente; también fundó la Universidad Católica Lumen Gentium y en la diócesis promovió la Comisión de Vida, Justicia y Paz. Y fue quizá el último gran líder de la ciudad: acompañó a las familias víctimas de los secuestros de la Iglesia La María y el Kilómetro 18; organizó marchas, se reunió con los guerrilleros, hasta los excomulgó, y exigió que liberaran a los cautivos con un grito de batalla: ¡Vivos, libres y en paz! El arzobispo Darío de Jesús Monsalve sospecha que a pesar de todo ese liderazgo, parte de la sociedad caleña no supo entender a Monseñor, no supo valorarlo en su momento, lo dejaron solo. El crimen, la forma como murió en la calle, dice, es símbolo de esa soledad de Isaías Duarte Cancino. En todo caso, parece que después de muerto Monseñor aún hace obras en esta ciudad, milagros. El periodista Luiyith Melo contó la siguiente historia: el ex concejal Claudio Borrero fue apuñalado justo cuando rezaba, de rodillas, en la tumba de Isaías Duarte, ubicada en la iglesia La Catedral de San Pedro. Las heridas en la espalda, en el cuello, eran mortales. Claudio Borrero se salvó. Contó que sintió protección ante el asesino, contó que incluso las puñaladas ni siquiera le dolieron. Claudio Borrero fue amigo de Isaías Duarte Cancino.

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