Estas son las 'armas' con las que los vecinos de El Refugio han logrado ahuyentar al delito

Julio 30, 2017 - 07:45 a.m. Por:
Redacción de El País 
Vecinos del Refugio contra la delincuencia

La comunidad de El Refugio también viene trabajando con entidades como el Dagma, Secretaria de Tránsito, de Deporte, Megaproyectos, para solucionar otras problemáticas del barrio.

Fotos: J. Palacios. Especial para El País

La gota que rebosó la copa fue una balacera, dice el fotógrafo José Venancio Palacios. Eran las 6:30 de la tarde de un día de marzo de 2016, cuando, sin más, en pleno parque del barrio El Refugio, desde dos motocicletas le empezaron a disparar a un carro blindado.

Para evadir a sus verdugos, los del vehículo aceleraron a fondo hasta el CAI de la Policía más cercano. Nadie salió herido, por fortuna. Un testigo dice en todo caso que el carro recibió 21 tiros. –Tenía un blindaje alto –.

– Según pudimos investigar, la balacera se debió a una disputa entre bandas por el dominio del microtráfico de drogas en el parque del barrio. Ese fue el detonante para nosotros. Varios habitantes de El Refugio nos reunimos en una casa y desde aquella noche empezamos a actuar.

José Venancio estuvo, por supuesto, en la reunión. También Héctor Fabio Pérez, Juan Carlos García, Patricia Ramírez, entre otros residentes del barrio que conformaron un comité de seguridad comunitario que hoy es presentado por la Policía como ejemplo para Cali: Por un Refugio Seguro, se llama.

En la presentación del grupo en PDF se lee parte de un discurso de Juan Pablo II:

“La solidaridad no es un sentimiento superficial. Es la determinación de empeñarse por el bien común, el bien de todos. Que todos seamos realmente responsables de todos”.

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Antes de la balacera, en el barrio habían ocurrido otros hechos igual de intimidantes. Como el secuestro ‘express’ del que fue víctima el propietario de una tienda ubicada en la Carrera 65, entre 3B y 3C. Dos hombres en motocicleta lo encerraron en el baño mientras asaltaban el establecimiento. Lo mismo hicieron con los clientes que entraban desprevenidos.

Precisamente, los atracos sobre la Carrera 65 eran frecuentes. La mayoría de las víctimas eran mujeres. Y el parque, efectivamente, se había convertido en un lugar de expendio y consumo de drogas que funcionaba 24 horas. Un rumor indica que quien quisiera en ese momento tener el control del lugar debía pagar $16 millones al mes.
- A los niños no los dejábamos salir a jugar al parque– dice Patricia Ramírez, del comité por un Refugio Seguro.

Así que el objetivo del grupo de disuadir la delincuencia parecía cuesta arriba. Empezaron por lo más simple, pero a la vez lo más necesario: conocerse, integrar el barrio. Pocos sabían el nombre o la profesión del vecino de enseguida o el del frente. Tampoco tenían sus números telefónicos. ¿En qué momento, por cierto, nos volvimos tan solos, tan encerrados en nuestra casa, en nuestro mundo?

Los miembros del comité invirtieron algunos recursos para imprimir volantes con los que programaron las primeras reuniones para socializar lo que inicialmente pretendían: instalar una alarma comunitaria; colocar también cámaras de seguridad pagadas por la comunidad, pero que estuvieran monitoreadas por la Policía y contratar vigilantes – en moto - durante las 24 horas.

– Así empezamos a reunirnos y a conocernos. La alarma comunitaria requería una inversión aproximada de $2.300.000. Para sacar el proyecto adelante hicimos festivales, ventas de sancocho y tamales, apropiándonos, de paso, del parque.

Una vecina tenía unos amigos que cantan muy bien y se encargaron de animar la fiesta. Una señora que tiene un mercado orgánico vendió sus productos. Y además, se hicieron actividades deportivas. Una combinación de cosas para reunir la plata para la alarma. La gente entendió que era un proyecto serio y comenzó a involucrarse, a creer en lo que se estaba haciendo, dice José Venancio.

La alarma comunitaria de El Refugio se activa fácilmente. Basta hacer una llamada ‘perdida’ a un número telefónico que los residentes tienen guardado en su celular. De inmediato se escucha un sonido estruendoso y en las pantallas de los teléfonos se ve la dirección exacta de dónde se hizo el llamado.

En el celular algunos descargaron, además, una aplicación llamada Zello, que permite comunicarse en tiempo real como si el teléfono en realidad fuera un walkie-talkie. Lo utilizan para mantener contacto con los vigilantes de las unidades residenciales.

Para cumplir con el segundo objetivo - instalar las cámaras de seguridad - se hizo lo mismo que con la alarma: festivales, ventas de sancocho, actividades deportivas, pero, sobre todo, alianzas con las Unidades Residenciales que entendieron que pese a su seguridad privada, nadie está exento de un atraco. De la cuota mensual de administración, de hecho, las unidades destinan recursos para los proyectos del Comité por un Refugio Seguro.

Con el dinero se compraron 13 cámaras de seguridad (esperan instalar 9 más), algunas apuntando hacia el parque. Desde que eso sucedió, aseguran los vecinos Héctor Fabio Pérez y Juan Carlos García, los que se dedicaban a vender y a consumir droga no volvieron.

- Se acabó el microtráfico, por lo menos en el parque.

Y surgió otra idea: con dinero de la comunidad dotar a la Policía de bicicletas para incrementar los patrullajes por las anchas y a generalmente solitarias cuadras de El Refugio.

– El trabajo de la comunidad ha generado resultados muy importantes.

Primero, se ha dado ese acercamiento entre la gente y la institución. Es algo que la Policía siempre busca, generar esa confianza, una unión de la que se desprenden nuevos proyectos. Este esquema de seguridad de la comunidad no solo ha servido para disuadir a los delincuentes sino que, además, nos permite contar con la información a tiempo del momento en que se está cometiendo un delito, con lo que hemos logrado capturas en flagrancia. Como una manera de respaldar este trabajo, la Policía dispuso de un CAI móvil para el barrio, que entre otras cosas se hace una zona atractiva para los ladrones porque la mayoría de sus residentes son gente mayor aunque también circulan muchos universitarios, dice el capitán de la policía Jairo López, encargado de la seguridad de la zona.

En los últimos 3 meses, por cierto, el hurto a residencias registra una disminución del 50 % en el barrio, y aunque aún algunos se atreven a robar en El Refugio, es un delito que está a la baja.

– Sabemos que para mejorar la seguridad en nuestro barrio debemos seguir haciendo un trabajo permanente, de todos los días. Si nos descuidamos, perdemos lo que hemos logrado. Y con este proyecto pretendemos también, sin dejar de ser críticos, pasar de la cultura de la queja a la cultura de la acción, ser parte de las soluciones a los problemas de la ciudad, dice José Venancio Palacios.

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