Esta fundación lleva ocho años formando talentos musicales caleños

Mayo 02, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Lucy Lorena Libreros | Reportera de El País
Esta fundación lleva ocho años formando talentos musicales caleños

Mery Salazar de Sierra dirige la Fundación del Artista Colombiano, que fue creada hace 25 años.

Desde 2008, la Fundación del Artista Colombiano les acerca la música a niños y jóvenes de escasos recursos de Cali, especialmente de la ladera.

El profe Francisco Martínez piensa en milagros como el de Alejandra Acosta. La joven tiene 14 años, vive en el barrio La Unión, al oriente de la ciudad,  y desde que llegó al salón para sus clases de música todos cayeron rendidos: “¡cantaba como los dioses”!

Tanto, que terminó subida en una gran tarima para interpretar canciones populares  durante el concierto de cierre de una de las versiones del Festival Nacional de Tríos, que cada año se toma  la Plaza de Toros de Cañaveralejo.

Al profe no le cuesta pensar en otros casos. Ahí está, por ejemplo, el inquieto Andrés Felipe García, del barrio Nueva Floresta, que a sus 12 años ya da cátedra sobre percusión. Hay que ver cómo interpreta el cununo, el redoblante o el bombo. Cómo suenan en manos suyas las canciones folclóricas colombianas.    

Ahí están, también, Mayerlín Carabalí, de Terrón Colorado, otra dura en percusión. Y Alejandro Martínez, del barrio Chapinero, que ha sorprendido a todos con su talento excepcional para el saxofón.

Los cuatro hacen parte del programa Forjadores del Futuro, creado por la Fundación del Artista Colombiano en 2008, con el propósito de acercar  la música a niños de los barrios más pobres de Cali, de estratos  1 y 2,  especialmente del sector de ladera.

 Mery Salazar, directora de la Fundación,  una caleña que lleva años creyendo en el poder de la música y en que se puede vivir dignamente de ella, cuenta que el proyecto inició por ese entonces “con apoyo del Colegio La Presentación Aguacatal, donde se realizaron varios talleres de guitarra”. 

Un año más tarde llegaron los instrumentos de percusión. El timbal, la tambora, las maracas. Y el asunto fue creciendo de tal forma que tres años después comenzaron las clases de canto y de  danzas como bambuco, pasillo, cumbia, merengue y salsa. “Lo que buscamos desde entonces es que aprendan sobre letras y tonalidades”, asegura Mery.

Y pronto comenzaron también a llegar más y más chicos, entre 8 y 16 años. El profe Francisco calcula que hasta ahora, a pocos días de comenzar un nuevo ciclo de formación (en la segunda semana de mayo), por el programa han pasado unos 500 menores.

 Niños y jóvenes que en su gran mayoría nunca habían empuñado un instrumento. Que desconocían sus virtudes musicales. Pero que gracias al programa Forjadores del Futuro hallaron su lugar en el mundo. Un proyecto de vida.

  Las clases las toman durante tres horas, todos los sábados hasta el mes de noviembre, y las dictan cuatro profesores. Un bus los recoge en el Cali de su comuna y se encarga de llevarlos de regreso con sus maletas llenas de aprendizaje. De sueños. Varios de ellos se imaginan ya dedicados a una vida entre micrófonos o partituras.   

Los chicos eligen entre guitarra, flauta dulce, danzas folclóricas, percusión folclórica colombiana y saxofón. Pero el programa realiza una audición para identificar en dónde realmente puede estar el potencial de cada estudiante. El objetivo es que al finalizar cada ciclo formativo, el muchacho haya rotado por todas las opciones. 

“Y la idea es que el programa les dé continuidad. Porque es de la única manera como pueden verse los resultados”, reflexiona el profesor Francisco. 

Resultados que Mery cuenta con orgullo. Habla de la creación de un grupo musical con los alumnos más talentosos, de la grabación de un Cd con ritmos navideño en los que varios de los chicos interpretaron instrumentos de cuerda y de percusión y dejaron ver su potencial en canto y baile.

 Y habla, además, de cómo muchos de esos niños y jóvenes se han tomado el Festival  Nacional de los Mejores  Tríos en  sus versiones de 2011, 2012,  2013, 2014 y 2015.

 El profe Francisco dice, en todo caso, que no se trata de “formar a muchos ‘Bethoveen’, sino a buenos seres humanos. Porque, ¿de qué le sirve a esta sociedad tener muchachos que sean buenos cantantes o mejores  bailarines si cuando llegan a la casa se portan mal? ¿Qué ganamos con tener buenos músicos  si son malas personas?”.

 Es que detrás de la formación musical, lo que los maestros buscan, apoyados en actividades lúdicas, es formar en valores. En disciplina. En convivencia. “Y en eso del respeto, que hoy parece como embolatado”, dice el profe Francisco. 

Y él sabe que es posible. Cree en los milagros.

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