Esta es la historia de Max, el héroe canino de la Policía en el Valle del Cauca

Septiembre 14, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Oriana Garcés Morales | Reportera de El País
Esta es la historia de Max, el héroe canino de la Policía en el Valle del Cauca

Max, o Maximiliano, lleva once años en la Policía Nacional. Sin embargo, a raíz de un atentado en el que resultó herido, en el municipio de Florida, desde hace dos años está “pensionado”.

Este Pastor Alemán de 12 años salvó a un grupo de policías en el 2011, cuando inspeccionaba un explosivo en Florida. Su historia.

Un héroe. Eso es para varios policías Max, un pastor alemán que les salvó la vida cuando inspeccionaban una bomba en una calle de Florida en el 2011.El perro estaba a pocos metros del paquete. Era una revisión de rutina, de las que Max había hecho en decenas de ocasiones y por las que recibía una galleta, una pelota o una felicitación de su guía. Pero en el momento en el que seguía el olor de la pólvora se produjo una explosión. Max fue el único herido por ese artefacto, que había sido programado para activarse al paso de los policías. Al animal, una esquirla se le incrustó en el ojo derecho y se lo destrozó. Inmediatamente, como a cualquier compañero de escuadrón, a Max lo trasladaron de urgencias a Tuluá, donde recibió los primeros auxilios de parte del coronel Luis Díaz, coordinador de la Dirección de Carabineros de la Regional No. 4 de la Policía.Luego fue remitido a cirugía, donde una veterinaria le extrajo el ojo afectado y le cerró el párpado. A pesar de la violencia de la explosión, Max se recuperó.Sus más de ocho años de servicio en la Institución, y haber salvado la vida de los uniformados en Florida, le permitieron ‘pensionarse’ unos meses después con los más altos honores, ser merecedor de la Medalla al Mérito Canino, hacer parte del Libro de Oro de la Policía de Carabineros y convertirse en el ‘consentido’ de los uniformados en el Valle del Cauca.Desde el atentado, Max comenzó una nueva vida. A diferencia de los caninos que ‘se retiran’ y son enviados a una finca de la Policía en Bogotá, para pasar su ‘edad dorada’, este pastor alemán encontró la forma de quedarse en el Valle del Cauca: se convirtió en el amigo inseparable del coronel Díaz, el oficial que lo atendió en Tuluá y que estuvo pendiente de su recuperación.“Él empezó a pegárseme y desarrollamos una amistad, al punto de que cuando salgo en comisión él deja de comer, se aísla y se mete detrás de la silla de mi escritorio”, cuenta el uniformado.Agrega que por su avanzada edad -actualmente tiene 12 años (84 en años de perro)- y por lo que le ocurrió en el atentado, no se le separa. El canino siempre está a menos de un metro suyo y lo acompaña, incluso, al trabajo. “Se mete a reuniones cuando mis superiores lo permiten, y muchas veces preguntan por él, incluso desde Bogotá”.La necesidad de Max de estar con el coronel Díaz, en vez de en una finca con otros perros de la Policía, es entendible luego del trauma que sufrió con la explosión. “Al principio de la recuperación le costaba trabajo subirse a una camioneta, subir las escaleras...”, afirma el uniformado. Incluso hoy, dos años y medio después, en ocasiones le es difícil medir la distancia en el lado que perdió el ojo y se golpea cuando camina. “Por eso siempre trato de que esté al lado de mi pierna, para guiarlo”.Así terminó Max como otro invitado de la III Cumbre de Alcaldes y Mandatarios Afrodesencientes, que se desarrolla en Cali. El coronel Díaz decidió traerlo, pues cuando hizo parte del equipo que coordinaba los Juegos Mundiales 2013, también en la capital del Valle, el perro sufrió una decaída en Tuluá.Este apego, sin embargo, también ha causado inconvenientes. Aunque en Tuluá conocen la historia de Max, por lo que lo dejan entrar hasta en entidades financieras a acompañar a su dueño, en otras partes la situación cambia.“Una vez entré a una oficina de telefonía. Como iba solo, lo dejé en la camioneta. Al rato me llamó el guarda y me dijo: lo buscan. Resulta que Max se había bajado y estaba esperándome en la puerta”. No contento con esto, el perro aprovechó un descuido del vigilante, entró a la oficina y se acostó en un tapete. “Me tocó hablar con el gerente para que lo dejara estar ahí un rato”, recuerda el coronel Díaz.De perro a policíaCuando tenía un año de vida, Max, cuyo “verdadero” nombre es Maximiliano, llegó a la Policía como una donación de un oficial. Allí comenzó su entrenamiento para ser parte del grupo Antiexplosivos, al lado de otros caninos de entre seis meses y un año de edad. Los guías enseñan a estos perros a reconocer los olores de las sustancias con las que se fabrican artefactos explosivos como granadas, minas, petardos y cilindros.Lo hacen mediante un “trabajo de asociación de olores más estímulo”, es decir, cuando el animal reconoce el olor es recompensado con una caricia, un juego o una galleta. De esta forma, Max, al igual que otros caninos que acompañan a la Policía y al Ejército en Colombia, comenzó a trabajar con unidades que patrullaban los municipios del sur del Valle, advirtiendo los sitios en los que posiblemente habían instalado explosivos.Además, también hizo parte de otra unidad canina de la Policía: la de relaciones públicas. Su labor era acompañar a los uniformados a eventos protocolarios o a actividades con la comunidad, en donde pudiera demostrar sus destrezas.Hoy, ya pensionado, Max se rehúsa a quedarse en una casa o en una de las fincas en las que la Policía Nacional cuida a los perros que ya han brindado diez años de servicio a la Institución, o que deben retirarse de sus servicios por alguna incapacidad. Su actual dueño asegura que con él ha recorrido casi todo el Valle y que, aunque no es “el perro bravo de cuando era joven, nos brinda apoyo emocional en los operativos”.Acompaña a los carabineros en operaciones de recuperación de ganado y minería ilegal a lo largo del departamento, en jornadas tan largas que hasta le obligan a cambiar de dieta y acomodarse a la del coronel Díaz. “A veces termino compartiendo mi comida con él cuando estamos de afán, en vez de darle la mezcla de alimento y carne que le preparo normalmente”, dice el oficial.Pero los años ya comienzan a sentirse en la vida del animal. Se cansa más rápido y ya no sigue órdenes como antes. Pasó de escuchar palabras que le daban pie a la búsqueda de un explosivo, a salir corriendo en busca de un felino cada vez que le dicen ‘gato’. “Los busca pero no para cazarlos o lastimarlos. Termina jugando con ellos”, aclara el coronel Díaz. Aunque oficialmente él no es su propietario, pues no le es permitido adoptar al animal, sabe que no podrá separarse de su lado. “Si me trasladan para otra parte de Colombia, tendré que pedir también el traslado de Max. Yo sé que si lo dejo solo, o que si lo llevan al geriátrico de los perros de la Policía, se moriría del pesar”, dice.El canino, entonces, seguirá paseándose por los municipios del Valle del Cauca, donde los uniformados lo reconocen como su héroe más ‘consentido’.Otros héroes caninosEn septiembre del 2012, Kaira, una perra antiexplosivos de la Policía de Cali, detectó el segundo artefacto que fue instalado en la carrera 66 con calle 1, en el sur de la ciudad. Aunque en el hecho resultaron heridas ocho personas, la labor de la perrita de 3 años, de raza Pastor mallinois, evitó una tragedia.En febrero de este año, Muñeca, una perra de la Fuerza de Tarea Apolo del Ejército, ubicó media tonelada de pentolita en zona rural de Santander de Quilichao. El explosivo, según las autoridades, iba a ser utilizado para atentar contra las poblaciones de esta zona.

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