En Cali se recicla para ayudar a los niños víctimas del maltrato

En Cali se recicla para ayudar a los niños víctimas del maltrato

Enero 29, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Diana Carolina Ruiz Girón, reportera de El País.
En Cali se recicla para ayudar a los niños víctimas del maltrato

Labores. Un equipo de adultos vinculados a la fundación son los encargados de recolectar y separar el material para la venta. Con estas ganancias los 62 niños del albergue tienen alimentación, estudio y recreación de la mano de la hermana Luz Melia Castaño.

Mediante la venta de papel y cartón, una religiosa sostiene una fundación para cuidar a niños, niñas y jóvenes de la zona oriente y de ladera de Cali, rescatados de las perversas garras del maltrato intrafamiliar.

"Eso que a la gente le sobra, para nosotros tiene un valor incalculable”. Es la frase que define lo que hoy mantiene viva la razón de ser de la hermana Luz Melia Castaño.La religiosa se dedica desde hace doce años a rescatar a niños, niñas y jóvenes de la zona oriente y de ladera de Cali de las perversas garras del maltrato intrafamiliar. Lo hace a través de la Fundación Dar Esperanza, que sobrevive el día a día gracias al reciclaje.Periódicos, cartones, cartuchos de impresoras, carpetas, botellas y todo lo que pueda reutilizarse son el sustento de la fundación de Luz Melia y lo que permite que los 62 niños que tiene a cargo, a los que llama “sus hijos”, puedan vivir en condiciones menos hostiles de las que enfrentan a diario.Es que, a su 63 años, caminar por las calles de Cali para vender obleas o pedir mercados en galerías, tal como lo hacía hace doce años cuando recién comenzaba a materializarse la fundación, resulta ahora muy complicado. Mucho más con esa prótesis de cadera que no la deja caminar bien y que la obliga, en algunas ocasiones, a apoyarse en un palo de escoba que usa como bastón. El reciclaje le resulta menos doloroso.Dice la religiosa que le duele más no contar con el dinero suficiente para “el diario”, que las afecciones en su cuerpo. Mensualmente, la fundación genera gastos entre $7 millones y $8 millones que deben pagarse, literalmente, vendiendo basura. Si se hacen cálculos matemáticos, podría decirse que para que la fundación logre reunir ese dinero, debe vender al menos trece toneladas mensuales de reciclaje. Esto teniendo en cuenta que cada tonelada se vende hoy por $600.000.Con suerte o más bien con ayuda divina, la hermana Luz Melia sólo reune tres toneladas cada uno o dos meses con ayuda de la empresa privada. Otros 30 ó 40 kilos los recolecta caminando en algunos sectores y pidiendo entre sus conocidos. Con eso deben pagarse los recibos de luz, agua, jabones, cremas dentales, detergente para la ropa y todo lo que se ofrezca.Unas veces alcanza, otras no. “Se nos han acumulado hasta tres recibos porque no tenemos cómo pagarlos. De esa plata también hay que sacar para los medicamentos de los niños que se nos enferman y que no son incluidos en el POS”, cuenta la religiosa.También hay que tener recurso disponible para tanquear la pequeña camioneta que recibió como donación y que sirve para llevar a los niños al colegio y para trasladarlos desde Bellavista hasta el barrio San Antonio, punto de encuentro de los pequeños con sus padres cada fin de semana. Sólo el sueldo del motorista cuesta $1.200.000.“Las mujeres que viven aquí, una con once hijos y otra con seis, son las que me ayudan a lavar la ropa de los niños y a veces me acosan porque me dicen que no hay jabón y que se les acumula mucha ropa”, cuenta la hermana a carcajadas convencida de que Dios es siempre el que provee cuando parece que la escasez se avecina.Con todos esos gastos, dice la religiosa, es mejor recolectar lo que más genere dinero. “A mí me gusta el archivo (desechos de papel blanco de oficina) porque se vende a muy buen precio”, refiriéndose a que esos $600 por kilo que recibe son valiosos. También se convierten en un tesoro los $150 que puede recibir por cada kilo de cartón o plegadiza (cartulinas, carpetas y pastas gruesas de libros) que se vende. Por cada kilo de prensa obtiene $20. En el espíritu de Luz Melia no hay quejas. “Los caleños han sido muy bondadosos conmigo”. Se refiere a que gracias a su labor logró que las sedes de la fundación sean propias y que la comida y el estudio para sus niños estén asegurados. También logró instalar una biblioteca en la que los niños aprender valores y catecismo para olvidar el horror en el que viven. “Son contribuciones cargadas de amor que hemos recibido de gente que ha creído en nosotros. Eso nunca dejaremos de agradecerlo. Pero creo que si nos ayudaran con más reciclaje las oportunidades de progresar de estos niños serían mucho mayores. No es donación de plata. Es algo que les sobra, que no les sirve y que para nosotros significa materia prima para el trabajo”, dice la hermana Luz Melia dejando muy claro que los corazones no se conquistan con lástima sino con el poder de cambio que se genera en los niños.Por eso es que sonrisas como la de Jeferson le hacen olvidar las dificultades. Él es un niño de siete años que cuenta que algunos días su mamá lo deja encerrado con candado en la casa y le obliga a hacer los oficios. Ver correr a una pequeña de cinco años también hace feliz a Luz Melia, pese a que los huesos de su cuerpo se le marcan por el alto nivel de desnutrición que tiene. Que María, de once años, y su hermanita de seis hayan dejado de vagar por las calles, aumenta el deseo de la hermana de seguir reciclando.Ayude a reciclarQuienes deseen entregar reciclaje para la Fundación Dar Esperanza pueden acercarse a la Carrera 9 # 4-38, barrio San Antonio.También pueden comunicarse al 317 502 25 21 ó 893 84 43.

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