En Cali los discapacitados visuales también pueden apreciar del cine

En Cali los discapacitados visuales también pueden apreciar del cine

Julio 13, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
En Cali los discapacitados visuales también pueden apreciar del cine

Sandro Buitrago y Marisol Jordán son profesores del área audiovisual de la Facultad de Comunicación y Publicidad de la Universidad Santiago de Cali.

Gracias a dos profesores de la Universidad Santiago de Cali, personas con discapacidad visual podrán disfrutar cine colombiano.

El profe Sandro Buitrago, alguna vez, lo sintió en carne propia mientras estudiaba producción audiovisual: esa extraña sensación de tener los ojos cerrados y construir imágenes solo con recuerdos y sonidos. Escuchar cine, no verlo como sería lo habitual.  La imaginación puesta al servicio de la adversidad.

Vino a recordarlo ahora, pocos días después de haber ganado junto a la docente Marisol Olmos, una de las Becas de Formación de Públicos del programa ‘Colombia de Película’ del Ministerio de Cultura para dictar talleres sobre séptimo arte y  proyectar películas nacionales entre población con discapacidad visual.

No era la primera vez, sin embargo, que ambos enfrentaban un reto como este. El año pasado, por esta misma época, y bajo este mismo programa, asumieron la tarea de hacer lo propio, pero con personas de Cali que no podían escuchar. 

Fueron en total 65, entre ellos un nutrido grupo de alumnos del Colegio Santa Librada. Apoyados por un intérprete de señas —Jorge Tobón— y por la Facultad  de Salud de la Universidad Santiago de Cali, donde ambos enseñan, los maestros comenzaron a hablarles a los discapacitados cómo llegó el cine a nuestro país; la primera institución pública en la que pudieron apoyarse los realizadores colombianos, Focine;  los nombres que han hecho historia y, claro, esa época dorada de nuestra cinefilia que aún emociona a esta ciudad hasta los huesos: el Caliwood.

Ocho proyecciones en una misma semana. Películas como ‘Los actores del conflicto’, de Lisandro Duque, y ‘Locos’, de Harold Trompetero. Y delante de la gran pantalla, decenas de rostros dichosos que, junto a sus familias, finalmente podían vivir la experiencia de sentir una película. Era —lo cree el profe Sandro— una de las escenas más felices de sus vidas.

Algunas veces, los propios asistentes eran quienes proponían los temas para el taller. El profe Sandro recuerda, emocionado, la clase en la que les enseñaba sobre los inicios del séptimo arte, del llamado cine mudo. La época de las películas de Charles Chaplin y de Buster Keaton. “Reían como niños”, cuenta el docente. “Sentían una gran fascinación. Fue como si de pronto hubieran descubierto que el cine, en algún momento de su historia, había sido pensado solo para ellos. Porque, claro, al tener limitaciones auditivas se vuelven visuales y entienden más rápido”. 

 Explica Marisol Jordán, comunicadora social que completa ya   dos años en la docencia,  que la experiencia representó para ella y su colega aprender también el lenguaje de señas y enfrentarse en ocasiones a la difícil tarea de traducir a ese  lenguaje conceptos técnicos del cine relacionados con el movimiento de las cámaras y los planos.

 Al final, lo que les quedó fue una reflexión triste: “La industria del cine es muy excluyente. No está pensada para personas con limitaciones físicas. No es democrática. Por eso la importancia de este programa que imaginó que se podía ir en contra de eso para que el cine colombiano pudiera ser disfrutado sin distinciones”, asegura Sandro, comunicador social de la Universidad del Valle que trabaja como profesor desde hace 17 años y que ha sido realizador de Telepacífico y Señal Colombia.

El reto ahora es un poco distinto. De lo que se trata, explican, es llegar a una población que ha desarrollado durante toda su vida justo el sentido contrario: la audición. 

Las películas que les proyectarán a las 65 personas a las que esperan llegar  son lo más parecido a los audiolibros. Funcionan a través de la ‘audiodescripción’. Así que mientras se proyecta la película, una voz les irá contando a los espectadores lo que  ocurre. “Entre cada dialogo de los actores se escucha a  un narrador que explica la escena, describe el contexto de la misma, el movimiento de cámara, ubicación, gestos, actitudes, paisajes y vestimenta de los actores” cuenta Marisol. 

El miedo, el amor, la angustia, la alegría. Películas que solo son posibles a través del soberbio poder de la palabra.    

Para sacar adelante esta iniciativa, que comenzará en septiembre, contarán no solo con el apoyo de la Usaca, sino con Instituto de Niños Ciegos y Sordos y la sala Hellen Keller de la Biblioteca Departamental.

“La gran lección que nos queda como realizadores, que creíamos conocer todo de este oficio, es que hay nuevos espacios para lo audiovisual. Y otros espectadores que también están ávidos de que les cuenten historias, pero que no son tenidos en cuenta”, asegura Buitrago. 

La buena noticia es que ambos maestros intuyeron que el cine es capaz de lograr milagros insospechados: ¿acaso pensaron los hermanos Lumière que podía ‘verse’ el cine con los ojos cerrados?

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