En Cali hay 21.665 personas con problemas para oír

En Cali hay 21.665 personas con problemas para oír

Agosto 24, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Luz Jenny Aguirre Tobón | Editora de Cali
En Cali hay 21.665 personas con problemas para oír

Marcela Cubides, directora Instituto Nacional de Sordos.

Marcela Cubides, directora del Instituto Nacional de Sordos, afirma que el país sigue siendo indiferente ante esta población. Niños llegan muy tarde al aprendizaje del lenguaje de señas, siendo la desventaja en la escuela.

Los niños sordos están aprendiendo el lenguaje de señas incluso después de los 8 años. Este, entre otros factores, los pone en desventaja en el mundo escolar, a lo que se suma la falta de docentes capacitados para la enseñanza o traducción en su lengua y la escasa comprensión de los oyentes sobre el mundo del silencio. Lea también: Así se capacitan los jóvenes sordos de Cali para hacer empresa. En Cali hay 21.665 personas con problemas para oír. Marcela Cubides es politóloga de la Universidad Javeriana, con máster en Ciencia Política de la Universidad de Salamanca, España. Hace mes y medio ocupa el cargo de directora  del Instituto Nacional de Sordos. Previamente trabajó en el Congreso, en el Pnud, Naciones Unidas y la  Unidad Nacional de Protección. La líder de esta organización  habló con El País sobre la situación de esta población y la misión de empezar a revisar qué pasa con la educación de estos niños y jóvenes, que tienen todas las capacidades cognitivas para ser buenos profesionales. Usted viene a Cali para poner en marcha un plan que  revisará qué tipo de educación reciben los estudiantes sordos. ¿Por qué esa preocupación? Surge porque la calidad de la educación que se está dando a las personas sordas no es la que esperamos. Una de las evidencias es que en las Pruebas Saber las personas sordas tienen resultados en nivel bajo, mientras que las oyentes están en nivel medio. Esto significa que los sordos no están llegando ni siquiera al nivel cero de los oyentes. Muchos creen que esto es normal, que los sordos no pueden aprender y eso no es cierto. Tienen toda la capacidad para aprender, como cualquier otro, pero necesitan una educación pertinente. Lo que decidimos es concentrarnos en diez ciudades con la mayor cantidad de personas sordas y en unos colegios. En el modelo de inclusión e integración tenemos muchos niños sordos en muchos colegios. Y para nosotros como instituto es difícil hacer acompañamiento cuando están muy dispersos. Hemos decidido escoger colegios para hacer un acompañamiento muy concreto y poder generar escuelas modelo en materia de educación para sordos. ¿Cuáles instituciones eligieron en Cali y por qué? Asorval, que tiene concentración en primaria, y el José María Carbonel, en bachillerato. Cuatro personas se quedarán en los colegios haciendo un diagnóstico para establecer unos planes de mejoramiento concreto por colegio. ¿Qué es lo que está pasando con la calidad de la educación para esta comunidad? Esta discapacidad tiene una diferencia y es que ellos tienen una lengua distinta. Necesitamos generar unos espacios de adquisición natural de la lengua, que es la de señas, y eso no está pasando. Al niño sordo lo estamos diagnosticando muy tarde, no hay una obligatoriedad de detección. El papá se da cuenta a los cuatro años que el niño no habla, pero siempre hay un pediatra que le dice que espere, que hay niños que se demoran y por ahí a los seis o siete años se dan cuenta que de verdad hay un problema. Algunos papás reaccionan a tiempo, otros no. En ese proceso se pierde un tiempo preciado. Como no se adquirió la lengua de señas se llega con una desventaja a los colegios y entran a instituciones donde el modelo integrado no les garantiza todos los espacios de lengua de señas. Creemos que poner un intérprete o una persona que sepa lengua de señas sirve, pero ¿quién le enseñó al niño antes la lengua de señas? ¿A qué edad  llega el niño sordo a tener manejo de la lengua de señas? El ideal sería que empiece al año, pero la realidad es que la están adquiriendo entre los 8 y 12 años, muy tarde. Te encuentras con realidades muy tristes, como llegar a primero de primaria en un salón y que haya niños sordos de 12 años. Chicos de 15 años en tercero de primaria, que además repiten y repiten los años. Otra realidad es que a algunos de esos niños los detectaron y les pusieron implante coclear, cuando tienen implante oyen bien y aprenden a hablar, pero eso no significa que desarrollen la capacidad de comprensión del lenguaje. ¿Cómo está el sistema escolar frente a estos alumnos? ¿Hay el personal capacitado para atenderlos? Los que entran al modelo de primaria pueden estar dentro uno de los esquemas, que se llama aula multigrado. En Cali hay una en José María Carbonel. En una sola aula están los estudiantes de 1 a 5 de primaria, con un intérprete de señas. Ellos están en el mismo colegio, con niños oyentes, pero en un aula separada. ¿Esta es la inclusión que queremos? Porque en realidad no es que estén juntos. Cuando entran a bachillerato pasan a un salón con oyentes y un intérprete. Allí tenemos muchas dificultades porque el intérprete no siempre tiene las capacidades que necesitamos, el 70 % tiene solamente bachillerato. Un intérprete que no tiene la competencia tiene que terminar siendo el docente de un niño sordo para explicarle álgebra y trigonometría, para lo que necesitas un nivel de competencia mayor. Además, la escuela va mucho más allá y tiene que ver con la relación del día a día de los alumnos y el intérprete jamás va a poder alcanzar a traducir los chistes o las preguntas o las respuestas, es una escena bastante triste porque están en la misma aula, pero no están comprendiendo lo que requerirían del mundo. Además, no todos tienen la posibilidad de un intérprete… Debería ser, pero es imposible con el nivel de dispersión. Pasa mucho en los municipios pequeños. En Cali uno creería que en su mayoría pueden tener intérprete. Pero nos pasa lo de los niños que no son completamente sordos sino que tienen implante coclear, los mandan a un colegio de oyentes, pero no tienen intérprete ni la educación pertinente. El ejercicio que queremos hacer es ir a ver  esos colegios que tienen alta concentración de niños sordos y generar escuelas modelo. Queremos ver cuál es la inclusión que estamos generando y la que queremos. Inclusión no es tener un niño sordo sentado al lado de uno oyente. ¿Cuál es ese modelo ideal? Es un modelo que llamamos bilingüe y bicultural. Un poco como funciona con las comunidades indígenas. Las comunidades tienen derecho a tener educación en su primera lengua. En este caso es la lengua de señas, que les enseñen así. Bilingüismo no es inglés y español, sino primera lengua, las señas, segunda, el castellano oral y escrito. Bicultural porque por supuesto la diferencia en materia de lengua les implica una cultura y una manera de comprender el mundo distinta. ¿Qué está pasando a nivel de educación superior? Son los mismos problemas. La posibilidad de tener intérprete es escasa, solo las universidades públicas tienen la obligación. Lo otro es que un estudiante sordo pase el examen de ingreso, ahí hay otro gran embudo. Entonces los sordos están estudiando lo que les toca y no lo que quieren estudiar, cuando pasan en una universidad privada algunas pocas ponen la plata para el intérprete. Luego está el otro tema, que es la cualificación de la lengua. Así como en el español van apareciendo palabras, en la lengua de señas también, entonces para estudiar medicina, ingeniería o diseño el intérprete y el sordo terminan inventándose palabras al momento de la clase para aproximarse a la comprensión. También está el enfrentamiento cultural. Una persona sorda que trabaja conmigo presentó su examen final, el profesor no le creía, afirmaba que lo que había dicho lo había dicho el intérprete, que no era posible que ella estuviera respondiendo tan bien. Esos son los retos culturales de la comprensión del mundo oyente, como ellos lo dicen, de sus verdaderas capacidades. Cuando dice que las personas sordas estudian lo que les toca y no lo que quieren, ¿qué carreras les son más difíciles de acceder y en cuáles terminan? Terminan mucho en pedagogía, en carreras relacionadas con docencia, lengua o lingüística. Pero por ejemplo, tienen altísimas capacidades para lo visual, muchos quieren estudiar diseño, comunicación, son impresionantemente valiosos en el sentido visual, pero acceder a esas carreras les es mucho más difícil. ¿Tenemos los suficientes intérpretes calificados? El país tiene el 17 % de los intérpretes que necesitaría y no hay oferta verdadera y pertinente. Solo la Universidad del Valle tiene una oferta en nivel tecnológico de formación de intérpretes. Sin embargo, hicimos una alianza con el Sena y vamos a ofrecer esta posibilidad de formación. Uno cree que un intérprete aguanta todo un día. Interpretar es agotador y difícil. Una persona interpreta 40 minutos máximo, para uno saber que de verdad están traduciendo la información y aún así nuestros porcentajes nos dan que traducen el 80 % de la información. ¿Colombia es un país más cercano a la indiferencia o a la comprensión de las personas sordas? Tenemos una comprensión muy baja y especialmente nos preocupa el hecho que de en los niveles técnicos de personas que conocen la discapacidad, la siguen agrupando con las otras y el hecho de que haya una lengua distinta nos da un factor diferenciador. Uno podría ver hacia atrás  que estamos un poco mejor, pero todavía hay mucha indiferencia. ¿Qué proporción de la población colombiana tiene problemas de audición? Tenemos 560.000 personas, sin embargo estos datos se actualizarán con el nuevo censo. Creemos que son más, porque antes se decía en el censo que si una persona tiene audífono o implante no se considera sordo. ¿Cómo se distribuye esa población? El 15 % está ente cero y 18 años y más del 50 % está en más de 60 años. En Cali tenemos 21.665 personas sordas, de las cuales 3000 aproximadamente están entre los 0 y 18 años, 700 entre 0 y 6 años. ¿Quiénes están en edad escolar lo hacen o hay gran deserción? Una mirada las cifras dice que hay 3000 personas entre los 0 y 18 años y en los colegios hay apenas registradas 320. Así que no están y los que llegan, no logran acomodarse al sistema educativo.

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