En el Valle hay 224 niños a la espera de ser acogidos por una familia

En el Valle hay 224 niños a la espera de ser acogidos por una familia

Noviembre 02, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
En el Valle hay 224 niños a la espera de ser acogidos por una familia

4393 menores han sido adoptados por colombianos entre el 2010 y 2015.

Cifras de adopción han disminuido en el departamento en comparación con años anteriores, cuando se asignaban más de 200 menores al año.

Mientras usted lee estas líneas, 224 niños están en los hogares de protección del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar del Valle del Cauca, ICBF, aguardando por una familia. Muchos de esos menores la tienen, pero por situaciones de maltrato, violencia sexual, negligencia u otros factores llegaron hasta el Instituto  junto a otros niños que se transformaron en sus hermanos, así no compartan lazos de sangre.

En esas pequeñas familias, hay 22 niños cuyas edades oscilan  entre 0  y 2 años, 135 están entre los 3  y 8  años  y los 67 restantes son mayores de esa edad.

El año pasado en el Valle del Cauca se entregaron 68 menores en adopción, de los cuales 23 fueron asignados a familias colombianas  y 45 a extranjeras. Cifras que tienden a disminuir respecto a temporadas anteriores, si se tiene en cuenta que hasta hace cuatro años el departamento asignaba 220 niños anualmente.

El descenso en el número de adopciones se remonta al 2011, cuando un fallo de la Corte Constitucional obligó al ICBF a que antes de dar a un niño en adopción, debe buscar a sus parientes hasta el sexto grado de consanguinidad y constatar si sus familiares son aptos y se quieren hacer cargo del menor. 

Para determinar este procedimiento, la Corte estudió el caso de una niña de 9 años, que tras haber sido dejada por su madre al cuidado de sus familiares, éstos la entregaron al instituto y el organismo la dio en adopción sin consultar a otros parientes si podían cuidarla.

El director regional del ICBF, John Arley Murillo, explica que en muchos casos esta búsqueda se extiende a otras regiones, para confirmar que los familiares sean aptos y garanticen el cuidado del niño.

“Ese es un ejercicio importante y ha demorado mucho los procesos de asignación en el país, porque si el niño está ad portas de ser declarado en adoptabilidad y aparece un tío en La Guajira, toca buscarlo; porque los menores tienen el derecho a estar con su familia biológica”, argumenta.

Este año la cifra de niños adoptados en el Valle va en 58, de los cuales 19 han sido entregados a parejas nacionales y 39 a extranjeras. Además, hay siete casos adicionales en posible asignación y un total de 121 niños perfilados para adopción, lo que hace pensar a Murillo que en lo que resta del 2015 se podría superar la barrera de los 100 menores adoptados en el departamento.

Actualmente hay setenta solicitudes de adopción en curso en el Valle, seis familias están en el proceso de preparación para quedarse con un niño y otras diez están en lista de espera.

De acuerdo con Murillo, los principales adoptantes son parejas de los estratos 2, 3, 4 y 5, que tienen entre 30 y 50 años y han tenido dificultades para concebir. Por lo general, la mayoría de las solicitudes tienden a buscar niñas muy pequeñas, pues consideran que son “más dóciles y fáciles de criar que los hombres”.

Eso concuerda con el pensamiento de Dora, una mujer que desde siempre anheló ser mamá de una niña y aunque lo intentó durante años, una endometriosis acabó con el sueño de toda una vida.

Sin embargo, hace ya diez años que tiene a su lado a Lina*, una niña que a pesar de llegar a sus brazos con 18 meses de vida parecía ser su hija biológica.

“Tuvimos que esperar dos años para que nos asignaran una niña, pero cuando me dijeron que la habían encontrado y la conocimos fue un momento muy especial. Me atrevo a decir que sentí lo mismo que una madre cuando le entregan su bebé después de haber dado a luz”, comenta Dora, quien asegura que, aunque parezca inverosímil, Lina heredó sus cejas y el color de piel cobrizo de su esposo.

Lorena Salazar, sicóloga de La Casita de Belén, un hogar de protección de Cali, señala que “los niños que tienen 3  o más años aceptan más fácilmente su integración a la familia, porque desean tener ese afecto que solo la familia les puede dar y del que han estado tan apartados. Esto hace que los niños se adapten muy rápido a sus nuevos parientes, porque sienten que están creciendo y es la última oportunidad que tienen de hacerse a una familia”.

En la Casita de Belén hay 55 niños entre 0 y 6 años, de los cuales diez fueron declarados en adoptabilidad y dos más están en proceso. Este año, de allí han salido nueve menores. Uno de ellos es David*, un niño que pasó tres de sus 4 años en este centro de protección y hace veinte días fue adoptado por una pareja italiana, que se lo llevó a vivir a Monza.

Pero otros no cuentan con tanta suerte. Kelly* es una niña de 8 años con discapacidad cognitiva que desde hace un año está en La Casita de Belén esperando una familia que le brinde el calor que solo puede brindar un hogar.

 Ella hace parte del grupo de 4850 niños con necesidades especiales que aguardan por una adopción, en el país. En este grupo se encuentran los niños mayores de 8 años, los que pertenecen a un grupo de tres o más hermanos, aquellos que tienen una discapacidad física o mental y los que tienen enfermedades permanentes, como VIH.

La directora nacional del ICBF, Cristina Plazas, expresó su preocupación porque esta población no tiene tanta demanda de adopción como aquellos menores que están sanos o tienen menos de 8 años, lo que está generando que cada vez más haya jóvenes en los hogares de protección y no tengan acceso a una familia. De hecho, el 69 % de este grupo tiene entre 13 y 18 años de edad y el 31 % restante es  menor de 12 años.

En el país hay 368 solicitudes de adopción de familias colombianas que esperan por niños sanos, con edades entre 0 y 6 años de edad. Asimismo, hay 2281 solicitudes de familias extranjeras en lista de espera, de las cuales 123 estarían dispuestas a aceptar niños con alguna condición leve o recuperable de salud.

Para el subdirector de adopciones del ICBF, Eduardo Franco, “hay una gran diferencia entre la mentalidad de la familia colombiana con las familias extranjeras. Las colombianas no están abiertas a niños o niñas con características especiales o diferentes. Rara vez están abiertas a la tipología física y suelen establecer condiciones desde sus expectativas. Si Colombia no los diera en adopción a familias extranjeras, tendríamos muchos más niños y niñas que necesitan una familia y que no serían adoptados”.

Para los pequeños considerados con características especiales, el tiempo y los prejuicios juegan en su contra, pues estar por encima de los 8 años hace que las familias no los tengan en cuenta para adopción, dado que su personalidad está más desarrollada y serían más difíciles de “moldear”.

Ellos, por ley, son protegidos por el ICBF hasta los 18 años. No obstante, Murillo explica que esto no significa que al cumplir la mayoría de edad sean expulsados de los centros de protección a la calle.

Aquellos que egresan sin un hogar se les denomina ‘hijos del Estado’. Los jóvenes que no tienen discapacidades inician un ‘proyecto de vida’, en el que se tienen oportunidades de formación hasta los 21 años. Algunos escogen ser cocineros, otros sicólogos, maestros, deportistas. Las opciones son infinitas.

Hoy, en el Valle del Cauca hay 460 muchachos bajo esta modalidad, de los cuales 76 están cursando una carrera técnica o universitaria.

Ese es el caso de Pedro, un joven de 18 años proveniente de Bocas de Satinga (Nariño), quien desde hace siete años quedó bajo protección del ICBF después de haber sido rastreado en un semáforo de Cali mientras ‘calibraba’ las llantas de los carros con un palo.

Él cursa primer semestre de Administración de Empresas en la Universidad Autónoma y, aunque admite haberse sentido perdido durante las primeras jornadas de estudio, sabe muy bien que no tiene chance de desistir, que esa es su oportunidad de “tener un cartón y hacer cosas importantes”.

Otro que está definiendo su futuro es Jean Carlos, un muchacho de 21 años que estudiará Nutrición en la Universidad del Valle, tras estar seis años bajo protección del instituto.

“Yo quería jugar fútbol profesional y aunque tenía la disciplina, no encontré la oportunidad de hacerlo. Ahora bailo salsa, que es algo de lo que podría vivir en un futuro, porque podría dar clases y quizá tener una escuela”, dice.

Jean Carlos y Pedro, junto a otros dos ‘hijos del Estado’, hacen parte del grupo Imperio Juvenil que en el X Festival Mundial de Salsa ganó el primer puesto en la categoría de Grupo Cabaret Amateur.

“Ese momento fue indescriptible, porque concursamos frente a equipos que llevan diez años bailando y les ganamos. Esos eventos hacen que uno se sienta importante, porque la gente siempre tiene la vista sobre el bailarín. La atención es chévere”, confiesa Jean Carlos, quien encontró en ese grupo algo más que compañeros de baile. Él halló una familia.

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