En Cali, el espacio público tiene sus propios ‘dueños’

Marzo 27, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Zonas como el Centro, la galería Santa Elena y los semáforos son comercializados ilegalmente. Tres metros de espacio público puede costar un millón de pesos.

Aunque no lo crea, muchos de los andenes de Cali tienen dueño. Así sean catalogados como espacio público y ello signifique “de dominio y uso público, lugar donde cualquier persona tiene el derecho de circular”.Pero Germán Gómez sabe que cualquier espacio que usted ve en la calle, tiene dueño. Él desde hace ocho meses —por ejemplo— ‘compró’ una acera en el oeste de la ciudad. El espacio de tres metros de ancho por diez de largo le costó un millón de pesos y ahí cuadra carros. Le genera hasta $80.000 en un día.Aclara que no se lo vendieron los dueños de los establecimientos aledaños. Explica que “aquí antes trabajaba otro muchacho. Lo hizo durante quince años. Se cansó, entonces me ofreció el andén y yo le dije que ‘listo’”. Cerraron el negocio con un apretón de mano.Sostiene que cada andén vale dependiendo la afluencia de personas y el prestigio de sus visitantes. Agrega que en inmediaciones del Museo de Arte Moderno hay un “buen espacio” y que si alguien se lo ofrece es capaz de pagar hasta ocho millones de pesos por él. Julián Mendoza trabaja en la Calle 14. Ahí un espacio de un metro cuadrado vale entre $200.000 y $500.000. Pero en barrios como Granada y Centenario hay andenes que se han negociado hasta por diez millones de pesos.DeambulandoPara hacerse acreedor de un puesto en el Centro no es suficiente tener voluntad. Se necesita astucia. Fernando Marín dice que también se requiere un poco de suerte. “Hay gente que se hace el vendedor ambulante y todos los días camina en la misma cuadra, entonces se hace conocer hasta que alguien le ofrece un ‘cuadrito’”, comenta.Luego, explica, esta persona amplía su negocio y en vez de quedarse todo el día bajo el sol, ofrece su puesto. “Generalmente, en épocas como el Día de la Madre, del Padre, Amor y Amistad y en Navidad los paisas y los ecuatorianos dan buena plata. Pagan hasta $800.000 por quedarse un mes”.En el Centro se escuchan otras historias a las que es mejor no ponerles rostro, por cuestiones de supervivencia. “El empleo está de por medio y hay familia qué mantener”, dice un vendedor.Señala que la comercialización del espacio público no es sólo de la gente que se ve por ahí, ocupando un andén. También hay dueños de establecimientos comerciales que para mejorar sus ingresos alquilan sus andenes. “El que acepta, paga el arriendo mensual y además, está obligado a comprar la mercancía de la persona con la que hizo el negocio”, cuenta el hombre.La Secretaría de Gobierno de Cali durante los operativos de desalojo que hace cada día, tiene detectados varios sitios donde también está en venta el espacio público. La galería Santa Elena es otro de ellos.Allí la metodología de negociación es similar. “Si alguien quiere poner una mesa con frutas o verduras tiene que pagarle al dueño de la bodega”, comenta uno de los agentes de Policía que acompaña los procesos del Municipio para recuperar el espacio. Leonora Mazuera, subsecretaria de Convivencia Ciudadana, sostiene que estas personas no sólo se apoderan del espacio público, sino que además “hacen conexiones fraudulentas de agua y energía”.Indica que todos los días la dependencia hace operativos para recuperar las zonas invadidas por ventas y negocios ambulantes, pero el trabajo es difícil.La funcionaria cuenta que en la ciudad existen 2.500 vendedores con permiso para ocupar el espacio. Estas licencias, señala, datan desde antes de 1991, cuando la Constitución lo permitía.“Esos permisos son intransferibles. No se pueden vender, no se pueden prestar y tampoco alquilar. Con la muerte del dueño se muere la licencia”, sentencia.Sin embargo, otra cosa es la que ocurre. James Prado confirma que la ley se la salta el que quiere. “Mi esposa tenía permiso para vender lotería en la Plaza de Caycedo. Ella se murió hace diez años y una hermana vendió el puesto. En esa época le pagaron $250.000”.Desde aquel entonces —narra James— el puesto ha pasado por las manos de tres personas.Unas cuadras más abajo. Exactamente en la Calle 14, entre carreras 7 y 8, otro negocio se gesta y le deja graves pérdidas a las Empresas Municipales de Cali. Un hombre gordo y con bigote cuenta que en esa zona los espacios se marcan con pintura amarilla y el valor se incrementa dependiendo el tipo de servicio que tiene: agua, energía o ambos.Esa situación, explica Alfredo Reyes, gerente de energía de Emcali, le deja a la empresa pérdidas por $616 millones mensuales.Agrega que el conteo hace parte de un estudio realizado en el cuadrante de las calles 5 y 18 y carreras 1 y 10. “No sólo se trata de unos 1.500 kioskos. Incluye otro tipo de establecimientos comerciales”.Rojo-amarillo: VendidoAlgunos ‘calibradores’, quienes controlan tabla en mano la frecuencia de los buses urbanos, no sólo están en los semáforos haciendo su trabajo. El concejal Carlos Clavijo, quien en diciembre pasado realizó una investigación sobre trabajo informal en la ciudad, encontró que en algunas zonas ellos son los que ofertan los cruces viales para la venta de jugos, fritanga o cascos y chalecos para motociclistas.“Encontramos gente, por ejemplo, que trabaja de lunes a sábado y los domingos alquila su pedazo de andén para que otro haga lo propio. El día cuesta $15.000”, agrega el cabildante.Sentencia que la falta de civismo y de cultura han contribuido a que la ilegalidad se fomente. “Es necesario abrir oportunidades para que el Gobierno local brinde garantías a la legalización de muchas de las ventas ambulantes del Centro, evitar la convivencia de los sectores que pagan sus tributos con el alquiler de unos espacios que no pagan impuesto”, afirma.En ese sentido, un líder gremial del centro, quien pidió la reserva de su identidad, sostiene que la permisividad y complicidad de dueños de locales perjudica a sus vecinos. “Todos necesitamos trabajar, pero esa gente no paga impuestos, no aporta a la seguridad social, ni a las cajas de compensación familiar y además, tiene negocios versátiles. Si no les funciona la ropa, venden cd o zapatos y arreglan el día”, alega el comerciante.El loboTres operativos diarios, en promedio, hace la Secretaría de Convivencia Ciudadana de Cali. En ellos arrasa con todo lo que esté invadiendo el espacio que es considerado público.La tarea no es sencilla. Los hombres que hacen cumplir la ley se lanzan sorpresivamente de camiones y vuelven a ellos con pendones, mesas, parrillas, licuadoras, frutas, pescado y todo tipo de cosas que son utilizadas en la venta estacionaria. La acción no dura más de cinco minutos.Mientras, los dueños de los productos atacan con piedras, palos, sus herramientas de trabajo e insultos.Leonora Mazuera, directora de la dependencia, indica que “entiende que la gente necesita trabajar, pero muchos son reincidentes y además, tiene que hacer cumplir la ley”.En efecto, los vendedores reconocen a los funcionarios y hasta el procedimiento. Se enojan, pero insisten en continuar con el negocio. “Acá no pago impuesto, me sale más barato pagar la multa”, dice un hombre que ha sido procesado por ocupar un amplio sector del barrio Floralia, en la venta de frutas.

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