En el barrio Granada hay preocupación por el aumento de indigentes

Agosto 08, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Karen Daniela Ferrin/ Reportera de Vivir Oeste
En el barrio Granada   hay preocupación por el aumento de indigentes

La Junta de Acción Comunal de Granada está a la espera de respuestas de parte de las secretarías de Bienestar Social y Salud Municipal para adelantar un proyecto que les permita disminuir el número de indigentes. Entre tanto, trabajan de la mano de con agentes de la Estación de Policía de La Flora para retirarlos de establecimientos privados y de los andenes.

Vecinos y comerciantes de este barrio del Oeste denuncian el incremento de los habitantes de la calle. Ser catalogado como zona rosa y las obras que adelanta Emcali serían algunos de los atractivos que llaman la atención de los indigentes.

No recuerda dónde nació, dónde vive ni cómo se llama, pero le dicen 'El paisa', otros 'El flaco' e incluso 'Feo'. No recuerda su número de cédula y no está seguro si alguna vez la tuvo: “Tal vez tengo 40 años, qué se yo”. Lleva consigo un costal que alguna vez fue verde, pero que el mugre ha teñido de algo que oscila entre el café y el gris. No se baña todos los días y “le tengo miedo a la lluvia”. De vez en cuando come y todos los días se droga en un rincón de la Avenida 9A Norte con Calle 15, en Granada, “donde duermo”. En realidad se droga donde la ansiedad lo encuentre. Dos cosas no le pueden faltar: su costal, donde almacena todo lo que encuentra en la calle y considera útil, y una botella de la gaseosa que promete la felicidad. En ella ha vertido esa sustancia amarilla verdosa que le “suspende el hambre” y le destroza los ‘retazos’ de conciencia de los que de vez en cuando goza. Conciencia que le permite permanecer en silencio, de lo contrario, grita. Lo tildan de loco, vicioso, plaga. Otros, habitante de la calle, “casi todos me dicen indigente”. La otra cara... Hans Lenus es propietario de una casa en la Avenida 9A con Calle 18 Norte. Trabaja como carpintero y hace un par de años levantó una cerca alrededor de la entrada principal de su vivienda.“Los indigentes se me estaban llevando los contadores y los bombillos, arrancaban los cables del teléfono y también intentaban meterse a robar”, denuncia. El ebanista ha sido testigo del deterioro de los locales que quedan vacíos y a merced de los habitantes de la calle, quienes “con piedra, rompen los cristales, se meten a robar las instalaciones eléctricas, todo lo que esté a su alcance”.Por su parte, Consuelo Hernández se declara “agobiada” cada vez que sale a la calle y se encuentra a una persona durmiendo en el andén de su casa.“Se me parte el alma de ver a un ser humano en esas condiciones, cuando veo mujeres con niños tan pequeños pero, ¿quién me quita el miedo que me producen estas personas?”, se cuestiona.“Son estas obras las que nos tienen invadidos de estos personajes. Y la rumba, no podemos olvidar que somos una zona rosa y ellos vienen a ‘trabajar’ acá, a buscar un plato de comida y plata”, señala Carlos Eduardo Salamanca, otro vecino del tradicional barrio del Oeste.“El problema existe, lo vemos a diario y algunos hasta lo toleran, pero cuando te encuentras con basura revuelta frente a tu puerta y, como si fuera poco, excremento humano, pues revientas de cólera”, denuncia el comerciante Miguel García Micolta. “No estamos colaborando” Algunos de los moradores de Granada reconocen que ciertas actitudes ayudan a que el problema de la indigencia en la zona se agudice. “No estamos colaborando, nos quejamos de ellos, pero los buscamos para que vigilen nuestros carros o boten nuestras basuras”, reclama Gerardo Torres. A su vez, Javier González León, presidente de la Junta de Acción Comunal, denuncia que “hay ciertos restaurantes que les dan comida para que les tiren la basura hacia la Avenida Sexta”.Según él, esto sucede después de las 2:00 a.m. y “el tema ya se ha denunciando ante Salud Pública y con la Policía se ha hecho lo propio”. Problema de ciudad La Secretaría de Bienestar Social del Municipio, en convenio con la Fundación Samaritanos de la Calle, atiende cada día a 80 personas en situación de indigencia. Así lo indica Mabel Pastrana, coordinadora de Grupo Social de dicha dependencia, quien señala que “el de ellos es un problema de ciudad”.Según datos de esa Secretaría, en Cali hay alrededor de 3.620 personas habitando en la calle, a las que desde mayo pasado atienden con $232.952 millones que les deben durar hasta agosto.“Actualmente, el secretario de Bienestar Social, Jaime Quevedo, está haciendo las diligencias pertinentes ante la Secretaría de Hacienda del Municipio para obtener el prosupuesto del programa hasta el final del año”, explica.Un compañero suyo agrega que “tratar este asunto es difícil y el trabajo por hacer bastante grande, cuando el Consejo de Cali aprueba muy pocos recursos para tratar la problemática”. Un desayuno con lucidez Sentado en un pedazo de andén, soplando un café para no quemarse y vigilando su botella, ‘El paisa’, como más le gusta que le llamen, reflexiona con notable dificultad.“Yo sé que la gente nos mira como si fuéramos poca cosa, porque nos ven con la ropa sucia y los zapatos rotos y yo también tuve plata, pero fue el hachís y el aguardiente los que me dejaron así”. Las obras, el otro ‘pero’ Otro de los problemas que afectan a los habitantes de Granada se derivan de los trabajos que se adelantan en varias de sus calles. Según cuenta Claudia Lorena Guzmán, “a cada rato nos fallan los servicios públicos, interrumpen el servicio de internet y eso, cuando es esporádico, uno lo pasa por alto, pero es que ya se están pasando”.Igual opinión tiene Andrés Benítez, quien denuncia que “a pesar del mal servicio que nos están brindando las Empresas Municipales de Cali, los recibos llegan como si nada, casi con el mismo monto de siempre. Ahí sí no rebajan nada y no resuelven nada. Pague y luego se queja, eso es lo que dicen”.Entre tanto, un vocero de la compañía le indicó a Vivir Oeste que “es entendible el malestar de los vecinos, solo se les pide un poco de paciencia, pues siempre que se hacen adecuaciones, como el cambio de tuberías, es inevitable interrumpir por un par de horas el servicio”.

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