El trueque cultural que se dio en el oriente de Cali con extranjeras

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Cuatro extranjeras hablaron de liderazgo y aprendieron español con acento caleño.

El trueque cultural que se dio en el oriente de Cali con extranjeras

Mayo 06, 2012 - 12:00 a.m. Por:
Luis Eduardo Bustamante | Especial para El País

Cuatro extranjeras hablaron de liderazgo y aprendieron español con acento caleño.

De repente, el coliseo de la Ciudadela Educativa Nuevo Latir se llenó de música. Sus estudiantes, entre tímidos y divertidos, seguían la coreografía de las cuatro muchachas extranjeras que danzaban delante de ellos. “Bailar también permite que las culturas se comuniquen”, le exclamó con marcado acento boricua a la multitud Sofía López, joven de 20 años, estudiante de Literatura en Nueva York.Esta puertorriqueña, junto a sus compañeras Susanne, Katherine y Caroline, decidieron embarcarse desde hace dos meses en la aventura de conocer la cultura caleña, con la dificultad en la mayoría de ellas de hablar a duras penas un poco de español. Bailando, y de muchas otras maneras, estas estudiantes de intercambio le contaron en 60 días a los 1.500 niños y adolescentes de esta institución educativa del oriente de la ciudad cómo es la vida en sus países. A cambio, ellas aprendieron a conocer la forma de ser de los caleños a través de la mirada de los estudiantes.El proyecto conocido como EduAction, patrocinado por la empresa de aceros Diaco, lo hicieron gracias a una alianza entre la Asociación de Estudiantes Universitarios de origen francés, Aiesec, y la empresa privada que permitieron que, por primera vez, estas cuatro voluntarias universitarias foráneas visitaran la capital del Valle.“Nosotras vinimos acá a enseñarles temas sobre diversidad cultural, desarrollo y autosostenibilidad y, al mismo tiempo, ellos me enseñaron a bailar ‘choque’ y palabras nuevas como ‘recochar”, explicó Caroline Lópes, estudiante brasileña de 25 años, quien quiso que su primer intercambio internacional fuera en un lugar del mundo similar a su país natal para no sentirse tan alejada de los suyos.Luego de danzar frente a todos, Sofía López ríe cuando recuerda todas la veces que los niños le preguntaron si conocía al cantante Daddy Yankee.“Una barrera para mí, pese a que hablo el idioma, fue el mismo español porque, por ejemplo, a lo que aquí se conoce como bus, en Puerto Rico se llama guagua. Cuando decía: ¡Hey, debo coger la guagua porque se me hace tarde!, todos se reían de mí y luego entendí que debía decir bus”, contó la muchacha.En el caso de Susanne Menke, alemana de 23 años, ojos azules y cabello casi anaranjado, no dejó de impresionarla que los niños no pudieran evitar asombro ante su pálida figura y la detuvieran por los pasillos para preguntarle cómo se dice tal o cual palabra en alemán.“Me llamó mucho la atención que estos niños sólo conocen su barrio. Nuestro aporte en cada uno de los talleres que dictamos les ayudarán a que amplíen sus fronteras del mundo”, dijo Menke.En cambio, Katherine Naud, estudiante canadiense de 21 años, dijo que llegó a Cali porque en su país le hablaron de la difícil situación social. “Quise que mi intercambio fuera de provecho a alguien”, comentó Naud. “Lo que se quiere con esta visita es motivar a los estudiantes, a través de los ejemplos de vida de ellas cuatro, para que hagan sus sueños realidad”, indicó Laura Ríos, vocera de Aiesec.Sara Balanta, estudiante de noveno grado de la Ciudadela Nuevo Latir, dice que aprendió, por ejemplo, a decir ‘buenos días’ (Guten morgen) en alemán. “Yo les enseñé que las habichuelas no son fríjoles y a bailar salsa, porque ellas bailan muy lento en sus países”, agregó en medio de risas.El pasado viernes, las cuatro voluntarias se despidieron de sus alumnos. Ellas, con una sonrisa, aseguraron que la experiencia terminó transformándoles la vida.

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