El segundo ganador de #DeCaliSeHablaBien es un cucuteño enamorado de Cali

El segundo ganador de #DeCaliSeHablaBien es un cucuteño enamorado de Cali

Julio 04, 2015 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

John Fabio Hernández, el segundo ganador del concurso De Cali se Habla Bien, ama las callecitas de San Antonio y recorrer el río.

[[nid:440177;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2015/07/ganador_de_cali_se_habla_bien.jpg;full;{John Fabio Hernández, es estudiante de séptimo semestre de contaduría pública y llegó a Cali cuando tenía 17 años. Foto: Hroy Chávez | El País}]]

John Fabio Hernández hizo unas veinte tomas con su celular. Era un   miércoles de junio al medio día y el sol a esa hora castigaba en lo alto. A él no le importó. Y  comenzó a disparar la cámara del aparato hasta lograr lo que quería: congelar en un solo  instante ese extraño retrato de una Cali que es capaz de poner a dialogar al calor más aplastante con el verde de sus parques y la frescura de sus fuentes de agua.

 La de esta foto se levanta a pocos pasos del CAM. John Fabio —contratista del Municipio que trabaja en el área de impuestos— pasa frente a ella todos los días, justo a esa hora, rumbo al restaurante donde almuerza siempre. 

Ese miércoles se detuvo un momento en el camino, sacó su celular del bolsillo y ensayó varios ángulos hasta dar con la imagen que finalmente subió a @antolinez25, su cuenta de Instragram, acompañada de un mensaje sentido: “#DeCaliSeHablaBien porque la belleza de sus parques nos refresca el alma. Gracias, mi Cali bella”. 

 Es que ese verde de todos los tonos que recorre la ciudad y su clima  es lo que aún sigue enamorando a este cucuteño de 34 años que hace 18 salió de la capital de Norte de Santander buscando tiempos más gratos. Recién graduado como bachiller, a su llegada a la capital del Valle lo recibió el barrio El Ingenio con sus casas  y parques generosos. Y una Cali que poco se parecía a su ciudad natal:  “con centros comerciales, con puentes, con comercio, con oportunidades”. 

Quien le dio la bienvenida en ese entonces   fue Carmen Antolinez, su tía, quien pronto le ayudó a John Fabio a conseguir un empleo en la empresa de su esposo. Así, durante dos años, John se ganó la vida con un oficio en desuso: llenar de gas las pipetas que luego la gente alquilaba o compraba en las calles.

  Hoy es un estudiante de séptimo semestre de contaduría pública que ya sabe bien qué responder cuando su familia, desde Cúcuta, le pregunta con insistencia cuándo piensa regresar. Si no cree que acaso no ha pasado mucho tiempo. Que allá lo extrañan: “yo les respondo que yo ya soy un caleño más, que se me olvidó el camino de regreso, que aquí es donde quiero hacer mi vida”.

 En realidad, no siempre lo creyó. Al comienzo, cuenta, extrañaba a sus padres, sus amigos, su barrio. Era un muchacho nostálgico que se sentía demasiado lejos y demasiado solo. “Pero con el tiempo me fui amañando porque fui descubriendo varias cosas, una de ellas el clima.  Si bien Cali es de altas temperaturas no es tan calurosa como Cúcuta. Este calor de acá es más sabroso, más agradable”.

 También lo amañó la amabilidad de su gente. “El caleño es abierto por naturaleza, es como si siempre estuviera buscando dónde hacer nuevos amigos; ser agradable con los demás  se le da con mucha facilidad”.

[[nid:440179;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2015/07/foto-ganadora.jpg;left;{Esta fue la foto con la que concursó John Fabio Hernández en #DeCaliSeHablaBien. Foto: Tomada de redes sociales}]]

Con varios de esos caleños que hoy son sus compañeros más entrañables es que aprendió a bailar salsa. Y a disfrutar, por ejemplo, de la tradicional colina de San Antonio, hasta donde suele subir las noches de sábado para gozar con las historias de los cuenteros o simplemente para comer empanadas o marranitas en alguna esquina o una de esas pizzas hechas en fogón de leña que tanta fama tienen.

Otras veces se escapa con su novia a comer cholados en la Calle 9 o a disfrutar de un domingo en Pance. Y otras más, bien temprano, antecitos de las seis de la mañana, sale a trotar. Comienza en el Boulevar del Río y llega hasta la escultura del Gato de Tejada. Eso, el río, es una de las cosas que más disfruta de esta Cali que lo adoptó hace casi ya dos décadas.

 Confiesa que no esperó la llegada de una campaña para hablar  bien de la ciudad. Que lo  hace todo el tiempo. “Y la razón es simple: Cali me lo ha dado todo, trabajo, futuro. Y me duele mucho que a veces los propios caleños no se den cuenta de la belleza de ciudad en la que viven. Que uno salga a la calle y vea a un señor arrojando un vaso plástico desde la ventana. Eso me da rabia. Por fortuna somo más los que la queremos”.

Aún quedan dos iPhone 6 para entregar a quienes participen de la campaña de El País #DeCaliSeHablaBien. Se premiarán las fotos más votadas por los lectores en la web.
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