El riesgo de visitar afluentes para actividades recreativas en invierno

Noviembre 08, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País

Familiares de las cinco víctimas del río Meléndez dijeron que se trataba de un paseo habitual. "Le teníamos confianza al río", dicen.

Dice que tenía un mal presentimiento. Dufay Rodríguez no quería ir ese domingo al río. Pero su hermana, Faisury Rodríguez, la convenció para que fueran junto a sus hijos a bañarse en las aguas del río Meléndez.Entonces, esa mañana, hace tres días, armaron el paseo que horas después se convertiría en tragedia en la que una empalizada cobró la vida de cinco personas, cuatro de ellos menores de edad.Dufay y nueve miembros más de su familia subieron a un sector conocido como Las Palmas II, en La Choclona, para disfrutar de un charco que ya les era familiar. “Cuando menos pensamos, sentimos la fuerza del agua. Nos tomó por sorpresa. El agua iba arrastrando todo a su paso”, cuenta con dolor esta joven de 21 años, quién vio como la enfurecida corriente se llevó al pequeño Carlitos, su hijo de 5 años.Y es que poco pudo hacer para salvarlo, porque justo cuando llegó la empalizada ella estaba en la orilla. Su niño reposaba en una piedra, en la mitad del río, junto a sus primos de 4, 6 y 7 años, acompañados por Felipe Rodríguez, hermano de Dufay.“Cuando se vino el agua mi hermano se tiro sobre los niños y los abrazó para protegerlos. Yo no sé con qué fuerza lo hizo. Pero resulta que él no alcanzó a coger a mi bebé, porque si lo agarraba los otros niños también se ahogaban”, contó Faisury.Sentada frente a la puerta de la sede de Medicina Legal, y rodeada de familiares y compañeras de trabajo, siguió narrando, con la mirada perdida, esos minutos de horror. “Y entonces una de las niñas se le zafó a mi hermano y se alcanzó a prender de las piernitas del otro niño. Yo le gritaba desde la orilla ¡no se suelte mamita, no se suelte. Téngase duro! ”.Dufay reaccionó de inmediato y, sin pensarlo, corrió cuesta abajo por la orilla del río, para salvar al pequeño Carlitos. Se abrió paso en medio de palos, ramas y maleza que había traído el agua desde la parte alta, pero sus esfuerzos fueron en vano.A la joven le quedaron en su cuerpo las marcas de la búsqueda. Dice que las decenas de rayones que tiene en sus brazos, espalda, piernas y pies no le duelen tanto como haber perdido a su hijo.Pero el dolor fue múltiple. Su hermana, Faisury Rodríguez, de 27 años, la misma que le insistió para irse a bañar al río el domingo pasado, murió ahogada al tratar de rescatar a Hellen, su hija de 6 años. “Le teníamos confianza al río”, expresó Dufay, a quien se le cumplió su mal presentimiento.El otro rescateDice que se amarró una soga a la cintura y se tiró al agua. Didier Mampusay es habitante de la zona de Brisas del Río, ubicada varios metros después del sitio donde el agua arrasó con los bañistas.Entonces se lanzó para atravesar las aguas enfurecidas del Meléndez, las mismas que arrastraron a la pequeña Camila Andrea Vera, de 9 años, hasta la otra orilla pasando el río. Su objetivo era auxiliarla, pese a que la pequeña no se movía. Didier cuenta que lo primero que pensó era que estaba desmayada. Su esperanza se acabó cuando vio a la pequeña llena de golpes y con una herida en su cabeza.Cargo el cuerpo de la menor, y con la soga atada a un árbol y a su cintura, Didier de nuevo se metió al río. “Ya luego pasamos y yo subí a la niña y la puse en un pupitre del colegio de aquí cerca (el Técnico Juvenil del Sur). los familiares llegaron y la reconocieron”, dijo este hombre, uno de los tantos que se lanzaron al rescate de las víctimas.“Es que la gente se tuvo que tirar porque aquí los organismos de socorro se demoraron una hora en llegar. Los primeros en llegar fueron los de la Policía. Ellos siempre son los que llegan más rápido”, dijo Sandra Magín, líder comunitaria de La Choclona.Dicen los habitantes de la zona que el domingo “cayó un aguacero en la loma”. Ese fue el detonante de la tragedia.

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