El 'profe' que dicta clases en una estación del MÍO Cable

El 'profe' que dicta clases en una estación del MÍO Cable

Octubre 29, 2017 - 11:44 p.m. Por:
Valentina Parada Lugo / Semillero UAO - El País
Augusto Castillo

Sus conocimientos y experiencia de más de 35 años en electrónica, Augusto los quiere compartir con jóvenes que se sientan atraídos por este campo, como los constructores, que tanto necesitan de estos saberes.

Giancarlo Manzano / El País

Si a Augusto Cubillos le preguntan por una de sus grandes pasiones en este momento, se le dibuja una sonrisa noble mientras responde: enseñar.
Pues es por medio de la educación que este caleño de 64 años ha logrado cambiar, al menos un poco, la vida de varios hombres que participan del Curso Básico de Electrónica que dicta gratis cada martes y jueves en el barrio Siloé.

A las 5:30 p.m. Augusto sale de su casa en Ciudad 2000 hacia la estación Brisas de Mayo, lugar que desde el 10 de enero de este año se convirtió en su espacio de trabajo. Pasan cerca de 45 minutos hasta que llega al salón de clase. Mientras aborda el teleférico va observando las calles y casas de uno de los barrios más marginados de Cali. Este es el recorrido que realiza para llegar hasta la última estación del MÍO Cable, en la que, con algunos pupitres y un tablero, ofrece sus saberes a todos los que deseen aprender sobre los misterios de la electrónica.

Desde hace nueve meses, Augusto Cubillos conoció de cerca las necesidades de la comuna 20 gracias a su hijo, Carlos, quien había empezado a visitar Siloé con el fin de realizar un trabajo académico en el barrio. Fue en ese momento que Augusto, quien acompañó este proceso, comenzó con el sueño de brindar un curso gratuito para las personas que estuvieran interesadas.

 En un principio la clase era en la estación de MÍO ‘Tierra blanca’, pero después decidieron trasladarse a ‘Brisas de Mayo’.

Al principio, expresa, no sabía ni cómo iban a empezar. “Yo les dije que consiguieran la gente, no les dije nada más, ni búsquenme dónde hacer las clases. Yo estaba pensando ya en dictar clases en alguna terraza que nos prestaran y comprar un tablero o escribir en las paredes”. Pero fue gracias a Alexánder Guerrero, uno de los líderes comunitarios, que pudo gestionar los pupitres, el tablero y el espacio.

Cubillos, caleño, quien tiene más de 35 años de experiencia en su campo, es técnico electricista egresado de la Institución Educativa Antonio José Camacho y licenciado en Electrónica y Electricidad de la Universidad del Valle. Comenta entre risas que desde los 12 años de edad comenzó a enamorarse de la electrónica, a pesar de que una de sus frustraciones es la carpintería.

Augusto, ‘el profe’, como le dicen, cuenta que en enero contaba con 35 estudiantes. La mayoría eran hombres que trabajaban en el área de la construcción en el sector; pues en un inicio, ellos eran su público objetivo. “A los que están metidos en el tema de la construcción esto les conviene mucho. La mayoría de constructores se creen electricistas y no cuentan con unas bases teóricas y prácticas importantes para ejercer la labor”, expresa. Y a pesar de que ahora sean solo regularmente entre cinco y diez alumnos, su sonrisa, disposición, amabilidad y servicio siguen siendo los mismos. “Mi compromiso es con 35 o con 1 solo que quiera terminar el curso”, comenta.

El profesor llega una hora y media antes de la clase programada. Prefiere tomarse su tiempo para preparar todo y poder atender a algún estudiante, en caso de que llegue antes. Al bajarse del MÍO Cable, adentro de la misma estación, se dirige al segundo piso en donde, en un rincón, le adecuaron el salón. Alexánder, el líder comunitario, consiguió que le donaran cerca de 30 pupitres desde Manizales para que Augusto pudiera comenzar el curso.

Todos los recursos para la clase los aporta el profesor Augusto, por lo que está en busca de personas que puedan donar materiales y elementos propios de la electrónica para él utilizarlos en sus clases.

Son las 7:00 p.m. y aún faltan algunos estudiantes para iniciar. Todos hacen un gran esfuerzo para llegar, labor que el mismo Masivo Integrado de Occidente, MÍO, les reconoce regalándoles los pasajes de cada martes y jueves para que puedan transportarse sin costo alguno.

En el transcurso de los meses se han unido otras personas y él se ha encargado de nivelarlos a todos. Este es el caso de Julián Cano, un joven de 27 años que llega al salón con una mochila y un cono azul donde coloca diferentes manillas tejidas a mano que él mismo hace y vende. Su lugar de trabajo son los buses del MÍO y colectivos. Cuenta que un día se bajó en esta estación y vio de lejos la clase, lo que llamó su atención y decidió unirse a pesar de que desde hacía varios meses habían comenzado.

Augusto Castillo

Aunque muchos han desertado, el ‘profe’ Augusto no se desanima y los alumnos más persistentes le agradecen su desinteresada, pero importante labor social.

Giancarlo Manzano / El País

“Aunque muchos de ellos trabajan en la construcción, otros vienen por curiosidad”, comenta Cubillos. mientras espera que sus alumnos lleguen al salón. El estudiante más joven que ha tenido es Juan Esteban, un chico de 14 años que asistió a varias sesiones, pero, que al parecer, por cuestiones familiares no pudo continuar.

Minutos más tarde llega Luis Fernando Méndez, uno de los estudiantes que menos tiempo lleva, pero que considera las clases como una oportunidad de crecimiento y aprendizaje muy importante. “A mí me gustaba estudiar. Yo hacía cursos en el Sena y todo, pero después llegó la época de la rumba y hasta ahí llegué con todo eso”. El hombre de 40 años comenta que para él esta experiencia es muy valiosa, pues opina que la electricidad “es lo mejor que hay”.

Baja la mirada y se le corta la voz cuando es preguntado sobre lo que más valora de su maestro. “Eso que hace él no lo hace nadie. Uno va a la universidad o a cualquier lado y si no tiene plata, te sacan, pero él… él es un verraco”. Entre sonrisas, le agradece en silencio al maestro por la labor que hace con él y sus compañeros.

Dicen por ahí que uno siempre vuelve a sus raíces y este parece ser el caso de Augusto. Mientras observa las calles de Siloé, recuerda que cuando sus padres llegaron a Cali fue este barrio el que los acogió. Allí nació y creció. Se le pierde un poco la mirada mientras se acuerda que tenía apenas 8 años cuando corría por las calles de todo el barrio sin tener que preocuparse por la seguridad. No se olvida tampoco de los helados de mora tradicionales de la comuna que le encantaban y se le escapa una carcajada cuando habla de las travesías que debía pasar para subir la loma y llegar hasta su casa. Él mismo reconoce que quizá por eso ahora esté allí, brindándoles una mano amiga a quienes pudieron ser sus vecinos. Dándole un tinte de esperanza al barrio que lo vio nacer y que tanto lo necesita.

Comienza la clase casi a las 8:00 p.m. En esta ocasión asistieron seis personas. Augusto reparte varias copias que él mismo imprime desde su casa, para que todos puedan tener un material de estudio. Llena el tablero de fórmulas matemáticas y comienzan los estudiantes a participar. Distante a lo que pueda pensarse, una clase nocturna como esta tiene más participación por parte de los estudiantes que quizá otra tradicional.

A pesar de que la mayoría son nuevos en el curso, quedan algunos que iniciaron desde enero, como Eduardo López, un constructor de 39 años que vive en la ladera, siendo de los pocos que continúa asistiendo. “A mí me gustaría ser como él (Augusto) en un futuro”. También menciona que muchos no valoran el esfuerzo que hace ‘el profe’ de manera gratuita, y por eso no volvieron.

Augusto y los estudiantes coinciden en que la razón por la que muchos no quisieron volver al curso fue por la complejidad del primer módulo, matemáticas. Sin embargo, Cubillos recalca que aunque fue insistente con todos en que podían continuar con las clases sin problema, los números fueron la razón de muchos para desertar.

Y aunque muchos no tengan recursos para suplir los costos de un programa educativo, ellos valoran y recompensan a su manera la labor social que hace el maestro. De hecho, Eduardo cuenta que en ocasiones hacen un compartir de gaseosa con pastel como símbolo de agradecimiento con el docente. “Ojalá con puros pasteles pudiéramos pagar todo lo que él nos está enseñando”, menciona López, mientras sonríe.

No es desconocido que Siloé ha sido uno de los barrios con más violencia, pandillas y otras problemáticas sociales; sin embargo, este tipo de espacios educativos han contribuido a que jóvenes y adultos puedan formarse en otras áreas. Así lo menciona Víctor Hugo Gaviria, un joven de 23 años, habitante del sector y guarda de seguridad del MÍO Cable que por curiosidad se animó a participar y hoy es otro de los estudiantes que comenzaron desde enero el curso.

Todos ellos en el módulo práctico comenzarán aprendiendo sobre circuitos electrónicos. Este curso finalizará en diciembre de este año y el sueño de muchos es recibir un diploma académico por primera vez en sus vidas. Por eso, Augusto Cubillos solicitó al Sena la certificación de los estudiantes para formalizar el proceso. Por el momento, están a la espera de la respuesta.

Son las 9:00 p.m. y la clase termina. Todos recogen sus pertenencias mientras el profesor les recuerda las tareas para la próxima sesión. Augusto aborda el MÍO Cable y mientras visualiza la ciudad, expresa que esto lo hace feliz. Así, este personaje se ha convertido en un modelo a seguir que, sin darse cuenta, está marcando la diferencia en un barrio históricamente olvidado al que él decidió servir.

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