El pleito que enfrenta a los vecinos de San Antonio

El pleito que enfrenta a los vecinos de San Antonio

Abril 17, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Alda Mera | Reportera de El País
El pleito que enfrenta a los vecinos de San Antonio

San Antonio es uno de los barrios incluidos en el plan de seguridad anunciado este jueves.

Vecinos, enfrentados por uso y conservación de las construcciones tradicionales de uno de los barrios más atractivos de Cali.

Esa convivencia casi familiar entre vecinos, que formaba parte del paisaje de San Antonio, está alterada. Moradores nativos del barrio icónico de Cali y quienes llegan atraídos por la opción de abrir negocios, están enfrentados.

Los primeros, integrantes del grupo Vigías del Patrimonio, propenden una conservación total de la arquitectura y las costumbres del único barrio caleño antiguo que ha sobrevivido a la modernidad. Los segundos, comerciantes y  restauranteros, plantean   contribuir posicionando al sector como un sitio turístico con sus desarrollos gastronómicos y de industrias culturales.

Es curioso, pero ambos  defienden el rescate del barrio,  cada uno a su manera y ese  punto de desencuentro hace que unos y otros se cambien de andén cuando se cruzan por las calles empinadas donde otrora se saludaban y conversaban sobre los hechos del día.

Martha Scafidi, nativa del barrio  y   miembro  de los vigías,  lidera desde 2009 las  denuncias contra  demoliciones, lo que consideran intervenciones inadecuadas, vaciamientos (dejan la fachada y demuelen las  paredes internas) y englobes (unión de varios predios con fines comerciales). Acciones  no permitidas por el POT de 2014 e incluso   el del 2000, que   cataloga al barrio como bien patrimonial urbano y de uso residencial.

Los ánimos se caldearon el pasado 8 de abril,  cuando los vigías organizaron  “un acto simbólico” de desfile fúnebre frente a los inmuebles que consideran  afectados y que luego  marcaron  con una estrella negra.

Los dueños o administradores de los predios “señalados” se sienten estigmatizados y arguyen que si hay mesas de concertación y/o conciliación, no tenían porqué recurrir a ese método “tan agresivo”. Pero los vigías ripostan que “agresivas” son las transformaciones que están acabando con  los inmuebles y que, según dicen, violan todas las normas.

[[nid:527606;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/04/san-antonio-denuncia.jpg;left;{La casa esquinera en la Calle 4 con Carrera 4, entrada a San Antonio, fue demolida. Allí se proyecta construir un teatrino.Foto: Oswaldo Páez | El País}]]

Martha Scafidi  dice  que acudieron a este ‘performance’ cansados de entablar derechos  de petición por las violaciones a las normas urbanísticas  en 28 predios, sin respuesta. Y  muestra la   carpeta de 120 páginas de los radicados en Ordenamiento Urbanístico, Planeación Municipal, Secretaría de Gobierno, entre otras dependencias. 

“Es un peligroso acto de corte fascista vestirse de negro y pintar estrellas negras, como usaron los nazis para marcar a los judíos; ese es un lenguaje de odio, de conflicto”, dijo Carlos Cuervo, que  nació en  el barrio.

Carlos Gálvez, quien tiene una biblioteca en el sector, no  justifica  “las vías de hecho”, pudiendo expresar la inconformidad de otra forma.

María Elena Ochoa, residente por 50 años en el barrio, y gestora de la Calle del Arte, dijo que el barrio estaba olvidado y que con esa actividad, hace más de 25 años, se fortaleció la vocación cultural y artística del sector.  

“Apostamos porque   no se llenara de prostíbulos, ventas de chance y talleres de carros, como pasó en San Nicolás”, dijo. Rechazó con vehemencia el acto de los vigías y acusó a  la familia que lidera la protesta de ser la que hace años promovió la venta de predios, a través de una inmobiliaria propia.  

Un caso denunciado por los  vigías es el de un restaurante con almacén de muebles y objetos decorativos, propiedad de  un restaurador y decorador que hace siete años unió tres predios y los remodeló al estilo hindú.  Los vigías reprochan el ‘englobe’ con fin comercial, argumentando que el uso del suelo aquí es  residencial.

María Virginia Borrero, subdirectora de Ordenamiento Urbanístico, dijo que “aquí autorizamos el uso del suelo, pero no los englobes, eso lo hace la curaduría”. Añadió que  los usos del suelo no vencen.  

[[nid:527607;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/270x/2016/04/san-antonio-denuncia-2.jpg;right;{Obra suspendida por Ordenamiento Urbanístico. Según los vigías, la casa esquinera fue demolida por dentro.Foto: Oswaldo Páez | El País}]]

Carlos  Cuervo, vecino del sector,  cuenta que hace 70 u 80 años  las propiedades allí fueron gigantescas, de 700 o 900 metros cuadrados  y más tarde  fueron divididas por las herencias. “Entonces, ¿es delito unir lo que antes fue un solo predio?”, pregunta.

De ese tamaño era  la casa de los Varela, que tenía entrada por la Carrera 5 y por la Calle 3. “Era como un museo, muy bien conservada, tenía un gran  solar con piscina donde iban a jugar los niños de la cuadra y donde don Jorge Varela entraba su Mercedes Benz cola de pato”, rememora Marta Quintana. Luego funcionó allí un club,  pero cuando murieron los dueños, los herederos la vendieron y fue demolida.

En la lista de los vigías  está también  la obra de la Carrera 6 No. 2-116 y 2-130, por vaciamiento interior de dos predios, que se pretenderían englobar con un tercero,  propiedad del mismo restaurador y decorador de uno de los casos anteriores. Según los denunciantes la obra fue suspendida.

John Jairo Maldonado, dueño de un almacén de artesanías en la Carrera 10, frente a la Colina de San Antonio, criticó “la estigmatización” hecha por los vigías y contó que  él compró la casa hace doce años y ya estaban unidos los dos predios. “Era exagerada, tenía la arquitectura  de los 90: puertas automáticas, ventanas de aluminio y hasta spa. La fachada era de piedra y yo  la puse más indigenista y con un alero más colonial”, dijo.

Sin embargo, los vigías denuncian que tras   la tienda artesanal hay “camuflado un bar donde ponen música”. Maldonado  le hizo una terraza en el segundo piso, acondicionada como bar. Él  dijo que es un restaurante. Ordenamiento Urbanístico le envió la comunicación de investigación preliminar el pasado 22 de febrero, pero   no ha respondido.

En esa cuadra hay una obra  de tres pisos en  cemento, que según el Municipio no respetó “el régimen de altura ni el lenguaje de llenos y vacíos según el contexto”.  El predio pertenece a Luis Maldonado,  padre del propietario de la tienda artesanal. 

La demolición que estremeció a los vecinos fue la de la Calle 4 con Carrera 4. Era una casa esquinera, de “ventanas arrodilladas” (alféizar) que según los vigías era de interés patrimonial. Pero fue vendida y un día amaneció y la casa ya no estaba. “La demolieron en una noche,  no hubo tiempo de  quejarse ni nada; en el sótano estaba el  zapatero que nos remendó los zapatos a todos, y en el otro, un pintor”, cuenta Marta Quintana.

Ahora solo está el lote y los vecinos la llaman “la casa del muerto” porque  el  dueño  apareció  allí  desmembrado.

Un nuevo propietario presentó un proyecto para construir un teatrino y le fue aprobado. 

“Este señor  hizo  todo el proceso, pasó como cinco veces por el comité de patrimonio, trajo los planos de acuerdo con las exigencias del entorno, ahora solo falta hacer el seguimiento para que se construya lo que se aprobó”, dijo María Virginia Borrero.

Pero los vecinos cuestionan que si va a ser un establecimiento público generará bulla y caos vehicular porque no incluyó parqueadero, ya  que está sobre  la vía de  ingreso a San Antonio.

A eso se refieren los vigías: a que el POT permite negocios solo en el 25% del predio, que el propietario viva allí y que sean de impacto de barrio, no de ciudad. 

“Se ha venido dando una comercialización del barrio de una forma agresiva y no hay dónde parquear tanto carro”, dice Jorge Gamboa, residente.

A esto responde Carlos Gálvez  que “San Antonio es patrimonio de los caleños y todos tienen derecho a venir a disfrutarlo; les parece bonito, agradable, hay casas muy bellas y bien conservadas y preguntó a los vigías por qué no se ponen  a resaltar las buenas acciones de conservación, en vez de ponerse a señalar y a estigmatizar”.

Los vigías reconocen a quienes, según ellos,  han respetado la arquitectura de las casas y mencionan a  hospedajes  La Posada y La Casa del Poeta,  restaurantes La Cocina de Francisco Prado y  La Trattoría de Tomasso Bernardi y Derly Castro; La Báscula, tienda de especias de Joaquín Llorca y Marisol Marín, entre muchos otros.    

María Virginia Borrero dice que sí han atendido las denuncias de vecinos como  Jaime Benavides y Piedad Martínez, y algunas de los vigías, pero que los técnicos revelan que les impiden ingresar a los predios con el argumento de que “el dueño o el maestro de obra no está”. Entonces los informes muestran la foto de la fachada  intacta y concluyen: “no hay proceso  constructivo, escombros ni obreros en el sitio”.

Como en  la Carrera 5 No. 2-97,  colindante con la casa de Martha Scafidi. Ella dice que desde su patio interior ha constatado que ya fue arrasada, verificación imposible para los técnicos y arquitectos de Ordenamiento Urbanístico. “Si tomamos la foto desde un predio vecino, nos cuestionan la idoneidad de la prueba. Estamos limitados”, reconoció la Subsecretaria.

 Apuesta tradicional

Margarita Polanco, el  arquitecto Ramiro Bonilla;   Gustavo Muñoz Roa,  René Ochoa, Adelina Abadía, Emma Arango de López, Alicia Benítez, entre otros, tienen sus casas con los techos, paredes de adobe, puertas y ventanas de madera y pisos, siguiendo el estilo original.

El beneficio es reducción de impuestos y servicios estrato uno.

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