El Manantial, la antigua balastrera que fue transformada en una granja ambiental

El Manantial, la antigua balastrera que fue transformada en una granja ambiental

Octubre 12, 2016 - 12:00 a.m. Por:
María Teresa Arboleda Grajales | Reportera de El País
El Manantial, la antigua balastrera que fue transformada en una granja ambiental

El nombre de El Manantial hace honor al nacimiento de agua de la granja donde antes de 2004 se extraía rocamuerta para carreteras de las veredas vecinas.

El nombre de El Manantial hace honor al nacimiento de agua de la granja donde antes de 2004 se extraía rocamuerta para carreteras de las veredas vecinas.

En La Leonera hay una granja para extasiarse con la naturaleza. Tiene certificación ambiental.

Clemencia Perafán Valencia transformó una antigua balastera del   corregimiento La Leonera, en terrenos que hoy le producen  hortalizas y varias cosechas  orgánicas en su huerta. 

Como la pendiente del terreno tenía un 80% de inclinación, utilizó  la bioingeniería,  usada por  los Incas y los Mayas,  que consiste en llenar costales con tierra, y aplanó las  faldas  de la  finca para que pudieran caminar estudiantes de  escuelas,  colegios y universidades; grupos de adultos mayores, de instituciones, científicos y todo aquel que quiera impregnarse de naturaleza.

En su mapa de sueños dibujó  un quiosco en el  bosque para avistar las aves, una piscina con agua natural, flora, fauna, sistemas de tratamiento de agua, adecuacion de terrenos, mariposario natural;   nacederos, leucadenas, yarumos, higuerones... Y ese  mapa pasó de los planos a la realidad y se llama Granja El Manantial, en  la vereda El Porvenir. Comprado en 2004, el predio  está a  22 kilómetros por la Vía al Mar desde la Portada. 

La anfitriona de este ecosistema asegura que su esposo  “ha sido un colaborador incondicional”  y destaca la labor del joven César Lucio, al mencionar que “en tres años diseñamos el sueño de la granja. A  esto le llamamos Disoñar”. 

También han trabajado en  recuperación de  suelos, lombricompostera y reforestación con plantas nativas en este pulmón verde que se ubica en la cuenca del río  Cali y está en la zona de amortiguamiento del Parque Nacional Farallones de Cali. Allí las  temperaturas    oscilan entre 18 y 20 grados y se perciben dos  microclimas, al contar con  bosque  seco tropical y tropical húmedo.   

Del suelo del bosque húmedo  brota   una fuente que  “estaba a punto de extinguirse  cuando  adquirimos la granja”, cuenta Clemencia. 

Solo que la mística con la que esta abogada cuida los recursos naturales hizo  que el nacimiento pasara de tener  3 litros por segundo a 12 litros por segundo, hoy día. 

[[nid:585123;http://contenidos.elpais.com.co/elpais/sites/default/files/imagecache/563x/2016/10/clemencia.jpg;full;{}]]Foto: Aymer Andrés Álvarez | El País" />

Sus aguas cristalinas abastecen la finca, otra parte cae en  chorrera a la piscina y luego  tributa al  río Felidia, que aguas abajo se llama  río Cali.

Lo suyo por la ecología es un compromiso que la llevó en  2008 a iniciar un exigente  proceso para certificar la granja bajo la  Norma ISO 14001, con la  Universidad Santiago de Cali, USC, por parte de la  Maestría en Educación   Ambiental y Desarrollo Sostenible.

Dicha norma  tiene como objetivo  apoyar la aplicación de un plan de manejo ambiental en una  organización  pública o privada y fue creada por la Organización Internacional para Normalización (International Organization for Standardization,  ISO). Entre las exigencias, está un plan de manejo ambiental que incluya objetivos y metas, políticas y procedimientos para lograrlos, responsabilidades definidas, capacitación del personal, documentación y un sistema para controlar  cambios y avance realizados.

Todo esto  se  cumple  a cabalidad en este proyecto, sostiene  Luis Antonio González Escobar, director de la mencionada maestría de la USC, institución que hace seguimiento cada año, por lo cual recientemente recibió la recertificación,  la cual se puede obtener también de otras entidades.

Un aspecto relevante, dice el docente, es la construcción de sabiduría a partir de una educación profunda, que permitió convertir un predio que carecía de  capa vegetal,  en uno con abundandantes   recursos naturales.

“Allí hay todo un modelo para enseñar y replicar”, indica el profesional, “pues Clemencia  aplica herencias culturales indígenas,   sustentabilidad, y tiene un patrimonio cultural que es  el más antiguo de la zona”, agrega el Director,  al decir que es la única granja que cuenta con dicho reconocimiento por parte de la Universidad, en tanto que otra está en el proceso.

Con lo anterior se  refiere a la  vivienda de hospedaje para seis personas, un   referente de la arquitectura pastusa, que data de 1936. Hecha en  bahareque, tiene  piso de madera, techo de teja de barro y está apuntalada en piedra.  

Clemencia es caleña y su  proyecto de vida es El Manantial, por eso construyó  una cabaña en la  granja para  atender  a los visitantes. “Díganme que vienen para morirme de la dicha”, le dijo a los reporteros de El País antes de la  visita, pues le encanta compartir con otros la  naturaleza que la rodea.

Hace poco estrenó un  auditorio para 50 personas que también estaba en su mapa de sueños. Allí  proyectará cine comunitario  los viernes.  

Y quiere hacerle una terraza al cedro rosado de 110 años, el único que sobrevive  en el sector, para acercarse y abrazar la especie cuyas flores son de   madera.

Sin duda, este planeta aquejado por fenómenos como el calentamiento global, necesita miles de Manantiales preservados por gente como Clemencia, que custodie y abrace la naturaleza.

VER COMENTARIOS
CONTINÚA LEYENDO
Publicidad