El infierno de la obesidad: el 17% de los caleños padecen este problema

Septiembre 22, 2013 - 12:00 a.m. Por:
Evelyn Rosero Ramírez | Subeditora Elpais.com.co
El infierno de la obesidad: el 17% de los caleños padecen este problema

Este es Leonardo Esquivel, un caleño que alcanzó los 161 kilos de peso. Hoy, después de practicar el atletismo a diario y cambiar dieta por una vegetariana, logró ganar la peor batalla contra la obesidad. Ha participado en dos medias maratones y se siente un campeón.

Cali está frente al principal problema de salud pública del país: la obesidad, que ya afecta al 17% de los ciudadanos. Instituciones de salud lanzan llamado de alerta.

Primer caso: Leonardo Esquivel. 39 años. Profesional en ventas y mercadeo. Durante los últimos cuatro años su menú diario se basó en frituras, mucho pan y gaseosas. Peso: 161 kilos. Diagnóstico: riesgo de daño renal severo. En noviembre del 2012 los médicos le dieron dos posibilidades: bajar de peso o morir. Y sólo en ese momento decidió cambiar sus placeres por las frutas, las verduras y el deporte. Ha bajado 45 kilos. Dice que se salvó de milagro.Segundo caso: Claudia Perdigón. 36 años. Instrumentadora quirúrgica. Menú diario los últimos dos años: pizzas y hamburguesas. Peso: alcanzó los 77 kilos con apenas 1.54 metros de estatura. Diagnóstico: problemas vasculares y de tiroides y lesiones en las rodillas. Sólo cuando la gordura puso en riesgo su relación empezó a cambiar la dieta y a ejercitarse un día de por medio. En dos meses perdió 9 kilos. Sigue luchando para recuperar “lo que era antes”.Tercer caso: Augusto*. 45 años. Médico. Menú favorito: buñuelos, empanadas, fritos y churrasco. Consumía más de 3 mil calorías diarias. Peso: 108 kilos. No hacía ejercicio. Trabajaba de 6:00 a.m. a 8:00 p.m. Diagnóstico: infarto. Murió en marzo pasado.Colombia está inundada de historias como estas. Pequeñas historias que se resumen en pocas líneas, pero ocultan enormes dramas. Algunas de ellas con desenlace fatal, como la de *Augusto. Otras llenas de dolor y lágrimas, como las de Leonardo y Claudia. Y muchas más, marcadas por la humillación y la vergüenza. Familias de luto, matrimonios que se separan, insatisfacción sexual, soledad, depresión, suicidio. La lista de problemas que viene detrás de unos kilos de más es gigante. Si algo le está haciendo daño a la salud de los colombianos es la obesidad.Pero nadie parece prestarle suficiente atención a lo que el Gobierno ya califica como el principal problema de salud pública del país. Quizá porque no hay protestas de gordos que bloqueen carreteras, o tal vez porque no generan etiquetas populares en Twitter, las cifras del sobrepeso no generan alarma entre los ciudadanos. Pero son críticas: el 51,2% de los adultos colombianos entre los 18 y 64 años de edad tiene exceso de peso. Y de esos, el 16.5% ya tiene problemas de obesidad.Dicho de otra forma: la mitad de los habitantes de este país está en riesgo de morir por enfermedades como hipertensión, diabetes o infarto. Ni siquiera la violencia derivada del conflicto se compara con una amenaza de ese tamaño.Probablemente el panorama es mucho peor, pues esas cifras corresponden a la última Encuesta Nacional de la Situación Nutricional, que se realizó en el 2010.El problema es tan delicado, que incluso el Ministerio de Salud ya piensa en adoptar un Estatuto Tributario Terrorial, a través del cual se genere un impuesto a las bebidas azucaradas, de 40, 50 o 100 pesos por unidad. Estos recursos serían destinados a financiar programas de salud pública de promoción y prevención para estimular hábitos saludables. Una medida de esa naturaleza, anticipan analistas, generará una polémica nacional, porque se tocarán los intereses de grandes conglomerados industriales.El asunto tiene otro efecto grave: el sobrepeso de los ciudadanos se ha convertido en una vena rota para las finanzas del Estado, que debe gastarse miles de millones de pesos para evitar que las personas mueran por los excesos con la comida. Solamente en el 2011, el Estado gastó $2.519 millones en medicamentos, consultas con médico general y especialistas, programas de educación individual y grupal, hospitalizaciones y atenciones de urgencias para 25.000 caleños que fueron diagnosticados con obesidad por las EPS afiliadas a la Asociación Colombiana de Empresas de Medicina Integral. También se practicaron 23 cirugías para bajar de peso por $30.719.470.En Colombia, durante el mismo año, se destinaron casi 19.300 millones de pesos para atender a 321.422 personas con problemas de obesidad. Con esa cifra, el Estado habría podido construir más de 480 casas de interés social prioritarias para los más pobres del país. Definitivamente, en Colombia la gordura dejó de ser un asunto cosmético y ahora es un problema de salud pública.Dentro de ese panorama, los caleños son un caso crítico: según la misma encuesta del 2010, en esta ciudad’, el 53,6% de las personas con edades entre los 18 y 64 años de edad viven el infierno del exceso de peso. De ellos, un 36,5 % tiene sobrepeso y un 17% es obeso.Las autoridades de salud no logran que los caleños entiendan que sus malos hábitos constituyen un coctel mortal: en la dieta típica local abunda la fritanga y escasean las frutas, reinan las harinas y los dulces, y poco se ven las verduras.Leonardo era el caso típico: “un desayuno podía ser dos huevos fritos en mantequilla, pan, arepa, café en leche, queso, jugo con azúcar, pandebono; un almuerzo era chuleta o costilla de cerdo con papas fritas o una bandeja paisa acompañada de gaseosa y en la noche las comidas eran también muy condimentadas”.Según la nutricionista Sandra Alfaro, quien lleva la dieta de Leonardo, “estaba consumiendo entre 3 mil y 3.500 calorías diarias cuando requería 1.900 calorías. Entonces eso va haciendo que el cuerpo transforme el exceso calórico en grasa”. Era como si se tomara diez tragos de aguardiente al día. Para su estatura, casi 1.85 metros, Leonardo debía mantenerse en 90 kilos. Su báscula alcanzó a marcar 161.Resultado: estuvo a punto de perder los riñones por exceso de proteína en la orina debido a la obesidad. Estaba durmiendo mal, se agitaba con facilidad y no tenía el mismo nivel de concentración. Pero, ¿por qué los colombianos están perdiendo la guerra contra la obesidad? Simplemente, por falta de conciencia. Los malos hábitos alimenticios no sólo están presentes en la familia, sino también en escuelas y colegios, y empresas.Tal como alerta la misma Encuesta de Situación Nutricional, el 6.8% de los niños menores de 5 a 17 años en Cali son obesos, gracias al consumo desmedido de dulces, harinas y carnes frías, y al poco tiempo que dedican al ejercicio. Además, preocupa el tiempo excesivo que están frente a un televisor y el que dedican a los videojuegos.La nutricionista Ruby Castellanos, especialista en Administración Pública, indica que no hacer ejercicio pone a los niños en riesgo de padecer también enfermedades crónicas como la diabetes. La especialista ve con preocupación, que “a la materia de educación física en los colegios de primaria no se le da prioridad y uno de los argumentos más comunes es el relacionado con la falta de recurso económico. Se fomenta así el sedentarismo y como consecuencia la energía que se consume en la dieta no es quemada por el organismo”.Y en los comedores de las empresas ocurre algo similar. Según la Sociedad Colombiana de Medicina del Trabajo aún no existe un estudio minucioso sobre la obesidad desde el punto de vista del trabajador en Colombia, pero sí están identificadas conductas inadecuadas que generan empleados con sobrepeso.El doctor Harold Rosero, médico cirujano y magíster en salud Ocupacional, recuerda que “hace 10 años cuando evaluamos a través de los exámenes periódicos el estado de salud de la población trabajadora en empresas de producción y aún en empresas de índole comercial, encontramos tasas del 22% al 26% de sobrepeso u obesidad. Hoy esas cifras se han disparado, llegando incluso en algunas empresas al 49%”.Un estimativo similar tiene el doctor Eduardo Buendía, médico magíster en salud ocupacional y jefe del área de Salud Ocupacional de laboratorios Baxter en Cali: “Entre un 30 y 40% de la población vinculada laboralmente en Cali está en riesgo de desarrollar una enfermedad cardiovascular debido al sobrepeso”.Para Mirella Delgadillo, nutricionista especializada en el tema, el sedentarismo es causa número uno del mismo. Y a ello se suma que los comedores o restaurantes en las empresas tienen una oferta alimenticia cargada de carbohidratos.¿Y por qué no hay avances en ese frente? Por la idiosincrasia del colombiano. “Si vas a un casino de una empresa donde el trabajador se ha acostumbrado a comer yuca, plátano y arroz y optas por balancear, te hacen huelga, porque la gente está acostumbrada a comer para llenarse, más que para alimentarse”, dice Delgadillo.Muchos trabajadores atribuyen sus males al estrés. Pero los expertos creen que si bien ese es otro factor que incide en el problema, la realidad es que las personas se llenan de excusas para no seleccionar bien lo que comen. En el frente de batallaMientras el grueso de los ciudadanos viven en el régimen del placer y el exceso, un grupo de personas e instituciones lucha en diferentes frentes contra la obesidad y su principal cómplice, la apatía.El Hospital Universitario del Valle, HUV, tiene un programa especializado para el manejo de pacientes obesos, desde hace cuatro años, integrado por psicólogos, psiquiatras, nutricionistas, fisioterapeutas y especialistas. Recibe un promedio de 46 pacientes al mes. “Muchos de ellos son personas con síntomas depresivos que los llevan a comer desmedidamente. Otros llegan con problemas de tiroides o desórdenes en su metabolismo”, dice la psicóloga Isabel Cristina Giraldo de la Unidad de Salud Mental.Aquí, el paciente comienza un proceso de acompañamiento con la nutricionista y el psicólogo para cambiar su forma de alimentación y es remitido a fisioterapia para que comience un programa de entrenamiento físico dos o tres veces a la semana.El tratamiento va de 1 a seis meses, pero los resultados no son siempre satisfactorios. El 40% logra responder el tratamiento, los otros se rinden. Muchos pierden de nuevo la fuerza de voluntad. En otros casos, sorprendentemente, la culpable es la familia, que no entiende el beneficio del cambio.En la EPS Salud Total, cerca de 500 caleños luchan contra el exceso de peso a través de una iniciativa similar que se extiende por nueve meses. Sin embargo, añade el coordinador del programa de obesidad, Jorge Gámez, “en muchos casos el paciente se queda en el intento y se rinde de nuevo ante las viejas costumbres”.En empresas privadas se trabaja, ante todo, en generar conciencia entre los trabajadores. “Estamos educando a la gente a través de publicidad visual en los comedores, ilustrados con imágenes de frutas y verduras, e incluso acompañando al trabajador cuando selecciona sus alimentos a la hora del almuerzo para recomendarle qué debe comer. También se trabaja a través de juegos para que la persona establezca cuántas calorías ingiere a través de los alimentos que consume y conozca el riesgo de pasarse en la alimentación”, explica el médico Eduardo Buendía, jefe del área de Salud Ocupacional de laboratorios Baxter en Cali.Pero, según los especialistas, la mejor estrategia es educar a quienes todavía tienen una oportunidad de elegir buenos hábitos de vida: los niños.En el año 2007 la Secretaría de Salud de Cali puso en marcha el programa de Tiendas Escolares Saludables, que dio formación al 100% de las instituciones públicas. Hoy 125 sedes educativas, de más de 300 que existen en Cali, ofrecen alimentos de alto valor nutricional.“La estrategia no es la prohibición de alimentos riesgosos, porque todo lo prohibido genera reacciones contrarias. La metodología consiste en aumentar la oferta de alimentos sanos como frutas y verduras en las tiendas escolares. Así, se deja en libertad al niño para que empiece a escoger la mejor opción de alimentarse. Eso nos permite acercarnos a un cambio de comportamiento”, explicó Manuel Sánchez, especialista en salud pública vinculado al programa.El colegio Primitivo Crespo, del barrio Brisas de Limonar, es un modelo de esta estrategia. Allí, lo inusual es ver a unos pocos niños pagando unos pesos por un paquete de papas fritas. La mayoría, con edades entre los 5 y los 11 años de edad, hace fila para comprar una manzana, un banano o unas uvas. La zona de juegos tiene sembrados árboles de guanábana, mandarina, guayaba, limón y chirimolla. En el salón de profesores, el centro de mesa es una bandeja también llena de frutas. Los lunes y martes se celebra el ‘día de la fruta’, lo cual significa que los alumnos deben llevar una en su lonchera. Y todos los días, en el descanso de las 9:30 a.m., suena de fondo una canción que habla de la escuela saludable.Desde el 15 de marzo de este año, la Ley No. 16.20 exige que este tipo de proyectos pedagógicos no sean una opción, sino una obligación en Colombia.Pero la norma no se cumple en el grueso de las instituciones. Y al interior de muchos hogares, padres permisivos o desentendidos de sus responsabilidades, premian a sus hijos con perros, hamburguesas, gaseosas, grasas, harinas y dulces.Es un enorme círculo vicioso que amenaza con perpetuarse, porque nadie quiere escuchar. Según un estudio realizado por la Universidad del Valle y la Secretaría de Salud Pública en el 2007, de cada 100 caleños, 82 se alimentan mal.Con un agravante: de esos mismos 100, 79 son sedentarios, es decir, no hacen ningún tipo de ejercicio. Muchos sólo se dan cuenta de la necesidad de cambiar cuando ya queda poco por hacer, y la muerte les pasa la factura por los excesos en la mesa.*Nombre cambiado.

CONTINÚA LEYENDO
Publicidad
VER COMENTARIOS
Publicidad