El exceso de ruido tiene 'de tropel' a muchos caleños

El exceso de ruido tiene 'de tropel' a muchos caleños

Junio 05, 2016 - 12:00 a.m. Por:
Andrés Felipe Salazar | Reportero de El País
El exceso de ruido tiene 'de tropel' a muchos caleños

Estas son las amenazas que fueron hechas al reportero gráfico Christian Escobar en la fachada del edificio en que vive en Normandía, oeste de Cali.

En amenazas, daños en inmuebles y mudanzas terminan muchos de los líos. ¿Qué nos pasó como vecinos? ¿qué dicen las autoridades?

La pelea estaba casada tres años atrás. Rubén*, el vecino ruidoso del apartamento 201, no esperaba al fin de semana para encender su equipo de sonido a todo volumen para escuchar rancheras de Vicente Fernández que después se mezclaban con la delgada voz de Romeo Santos y terminaban con los clásicos de Rammstein. Comenta Camila*, la vecina del 402, que el  ruido era tal que las puertas y vidrios de las ventanas de su apartamento en El Caney, en el sur de Cali, empezaban a vibrar a las 5 de la tarde y no paraban de moverse hasta las 6 de la mañana del día siguiente.  Los que lograban dormir eran pocos. Álvaro*, el vecino de enfrente, también se cansó de reclamarle, de gritarle, de insultarlo y después, de suplicarle que le bajara al volumen. Lo mismo pasó con María Antonia* del 302, el del 301, la del 401... todos se quejaban desesperados.  De hecho, cuenta María Antonia que no bastaron las llamadas a los porteros, a la Administración, a la Policía; pues a los dos primeros los echaba despavoridos con insultos y amenazas de puñaladas y a los uniformados solo les hacía caso durante su visita. Cuando la puerta se cerraba, volvía el bullicio. Rubén logró congeniar con vecinos que tenían sus mismos gustos musicales y las parrandas se arman desde el año pasado en su apartamento. Allí las fiestas persisten de jueves a domingo, comenta María Antonia, y el ruido es aún mayor que en los días en que solían quejarse a diario, denuncias que se fueron diluyendo y ahora son casi inexistentes, ante el temor de una amenaza o una represalia por parte de Rubén y sus amigos, que superan en número a los que se quejan. Los ruidosos son siete, mientras los que se sienten agredidos son solo cinco. La situación logró dividir a ese edificio entre los que quieren rumbear todos los días a lo que diera la perilla del volumen y los que no pueden dormir. Hoy, los saludos entre los residentes de esa edificación son fríos y las miradas esquivas. En Ciudad Jardín, una familia cansada del ruido que cada ocho días salía de una casa en la que hacían eventos sin licencias, denunció el caso  ante Policía, Secretaría de Gobierno y Dagma. Días después de que los vecinos ruidosos fueran visitados por las autoridades, dos hombres en motocicleta dañaron con un ariete la puerta principal de la casa de los denunciantes. Ante esto, los afectados tuvieron que cambiar el portón y reforzar la seguridad de la vivienda, mientras que la bulla y las fiestas en la casa vecina continuaron. En el Oeste, en el barrio El Peñón, Ricardo Hincapié alcanzó a vivir diecinueve años en paz en una zona que solía ser residencial y desde hace algunos años se divide entre viviendas y establecimientos comerciales. Dice que la dinámica del barrio cambió drásticamente desde la llegada de una discoteca a la Carrera 2, porque también arribó el ruido no solo de ese sitio, sino de los clientes borrachos, taxis, vendedores ambulantes y cuidadores de carros.  Su madre, de 56 años, empezó a tener problemas de salud, desde los jueves no conciliaba el sueño y tuvo episodios de estrés y pérdida de la memoria. Hincapié tampoco podía dormir y le tocó acudir a usar tapones para intentar contar ovejas y no borrachos.  “Inicié un proceso ante Secretaría de Gobierno para el cierre de ese establecimiento porque, según el POT, en ese lugar no puede haber una discoteca y el uso de suelo que tienen es falso. Hasta ahora no ha habido actuación del Municipio, por lo que empecé una campaña de desprestigio contra ese establecimiento a través de redes sociales, diciéndole a la gente que no acudieran  allá porque nos estaban afectando. A cambio, recibí comentarios hostiles y amenazas por parte de los colaboradores de ese sitio, que decían que mi mamá era una ‘perra’, que ‘no dejaba trabajar’, que era ‘un hijo de puta’ y que ‘me fuera del barrio’”, dijo Hincapié, quien para evitar problemas optó por abandonar el sector en el que vivió toda su vida.    Hace una semana, la fachada de la casa de Christian Escobar cambió de ser completamente blanca a tener  grafitis amenazantes, en los que es tildado de “cerdo” y se le advierte que “no te queremos aquí”,  tras denunciar el exceso de ruido por parte de un bar vecino en el barrio Normandía. Por más de seis años, asegura Escobar, hubo cerca de 50 conversaciones formales con los dueños del lugar, 200 denuncias a través de Twitter y otras 200 llamadas a la Policía para pedir moderación en el volumen, pero el ruido persistió. En este caso, la Policía y la Secretaría de Gobierno adelantan una investigación para constatar la procedencia de las amenazas. Problema de convivencia Los líos entre vecinos por exceso de ruido son más comunes de lo que parece, comenta Carmen Elisa de la Cruz, jueza de paz de la Comuna 17, quien señaló que de 30 casos que atiende bajo la figura de la Justicia de Paz, 10 son por problemas entre vecinos, generalmente ocasionados por el ruido de los equipos de sonido, el  que generan las mascotas y la mala tenencia de los animales domésticos. “En ocho  de esos casos hay conciliación entre las partes y los otros dos no asisten a las audiencias. Los acuerdos se logran porque la gente entiende que está violentando el derecho que tiene su vecino a descansar y sabe que no moderar el volumen tiene una sanción social, pues empiezan a marginarle”, señala. De acuerdo con el informe de percepción ciudadana Cali Cómo Vamos 2015, el 14 % de los caleños se siente insatisfecho con su barrio por la contaminación auditiva y el exceso de ruido. Sin embargo, para evitar reacciones adversas entre vecinos por fenómenos como el ruido, María Isabel Gutiérrez, directora de Cisalva, dice que hace falta trabajar más en la regulación de parámetros de convivencia ciudadana a partir de las autoridades para prevenir que la gente tome justicia por su cuenta. Cabe anotar que el Congreso de la República está a punto de aprobar el nuevo Código de Policía que contempla medidas restrictivas para quienes alteren la tranquilidad en los barrios y les da la potestad a los uniformados para  que, después de una advertencia, le corten la energía  a una vivienda para evitar que el ruido que esta emite siga perturbando la tranquilidad del vecindario. La asesora de Cultura Ciudadana de la Alcaldía, Carolina Campo, dijo que para evitar que el ruido siga afectando la convivencia entre los caleños se realizarán a partir de la última semana de junio  visitas a las comunas 2, 3, 17 y 19 (que son las que más reportan exceso de ruido) para determinar la resolución de problemas de impacto por bulla a través del diálogo.   “Queremos que la gente reconozca el sentido de la vecindad, que resuelva los conflictos hablando. También, que el actor afectado y el que está afectando expongan sus puntos de vista y que cada uno reconozca su responsabilidad para solucionar la situación”, dijo Campo. De acuerdo con Mónica Duque, líder del grupo de impactos comunitarios del Dagma, en los primeros cinco meses del año los caleños reportaron ante la entidad 475 quejas por ruido, de las cuales 154 correspondieron a establecimientos nocturnos. La funcionaria remarcó que se han realizado 381 operativos de control de ruido, de los cuales 183 han sido en zonas priorizadas como Juanambú, Granada, El Peñón, la Carrera 66 y el Parque del Perro.  “Hasta el 31 de mayo pusimos 44 medidas preventivas, 42 agravantes, hicimos 10 decomisos de equipos, 7 amonestaciones escritas y 12 tasaciones de multa, que oscilan entre $2 millones y $6 millones y están en proceso jurídico y la idea es que se cobren en lo que resta del año. Esto está dando resultados en barrios que solían estar impactados y ahora son zonas más tranquilas”, advirtió Duque, quien dijo que aunque todavía no hay sellamientos  de establecimientos nocturnos por exceso de ruido, en los próximos meses “vienen varios cierres temporales”.

 

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