El estereotipo de la mujer caleña, un tema que aún levanta ampollas

El estereotipo de la mujer caleña, un tema que aún levanta ampollas

Mayo 29, 2011 - 12:00 a.m. Por:
Redacción de El País
El estereotipo de la mujer caleña, un tema que aún levanta ampollas

Las caleñas se destacan por su belleza, pero también por su dedicación, profesionalismo y alegría.

Como mujeres 'bullosas' y estrafalarias algunos describen a las caleñas. Claves para echar por tierra los imaginarios que, aún hoy, siguen vendiendo una idea desdibujada y mal informada de ellas.

Una columna de la revista Soho, titulada ‘Contra las caleñas’, ha tenido estos días un movimiento inusitado en las redes sociales. El escrito, firmado por la bogotana Andrea Díaz, asegura que basta con oír música con una caleña “para notar que su mundo se reduce a cuatro canciones”, como ‘Cali Pachanguero’, que cantan a “grito herido” como si fuera “un cántico de libertad después del fin de una guerra”. Ignora la columnista que, no en vano, la ministra de Cultura es caleña (y qué decir de la alcaldesa encargada de Bogotá, María Fernanda Campo que también es vallecaucana), pues históricamente la movida cultural de Cali ha sido tan activa en el ballet, el cine, el teatro y las artes, que cuando subestima la cultura de las caleñas se está metiendo en terrenos hondos. Sobre el arraigo de las caleñas a la gastronomía de su región, asegura la columnista que “Pueden estar comiendo sushi, langosta o fritanga, siempre cierran los ojos y se saborean anhelando un sancocho valluno, una lulada, un cholado, un manjar blanco, o los perros calientes de Mario Bross, así, con doble 's'”. La mejor respuesta la da Julián Estrada, el antropólogo y gastrónomo antioqueño, quien le pregunta a la columnista: “¿Y qué tiene de malo que una caleña ame el champús? El amor de los vallecaucanos por su gastronomía es un ejemplo a seguir para los demás colombianos, que deberían estar orgullosos de los platos típicos de sus regiones”. Y según la periodista Isabella Prieto, varias caleñas “desde la provincia, como nos dicen en Bogotá, mandan la parada como promotoras, investigadoras y chefs. Sonia Serna sacó la gastronomía a la calle, la difundió y la volvió show; Catalina Vélez y Vicky Acosta, con su talento y labor social, se han ganado un puesto importantísimo en el mundo gourmet”. La columnista de SoHo se metió incluso con la incuestionable habilidad de las caleñas para el baile; acepta que con éste cautivan muchas miradas, pero “de hombres con mucha plata y poco gusto”. A lo que responde Gloria Castro, fundadora de Incolballet: “Las caleñas tienen un gusto extraordinario por el baile, bailan lo que les pongan, no sólo salsa. Son hábiles, sensuales, tienen lindas y sanas figuras. Las bailarinas caleñas son número uno en prestigiosos ballets, como Diana Catalina Gómez, que es una figura en EE.UU., y las mellizas Alejandra y Andrea Salamanca que se acaban de ir para Nueva York y Canadá”. Cali es una ciudad de bailarines naturales, agrega Andrea Buenaventura, gestora cultural, “el baile está presente en todas las esferas de su vida, el caleño se reafirma a través del lenguaje del cuerpo y de la música”. Para el periodista Poncho Rentería hay mucha ignorancia en la visión estereotipada que se tiene de las caleñas. “Son alegres, vitales, parlanchinas y de una belleza excepcional. No son tímidas, pero de allí a llamarlas ‘ofrecidas’ hay mucho trecho. Son agradablemente coquetas, les gusta gustar”. Y que sean las mejores bailarinas de salsa de todo el país no debe ser censurable, sino digno de admirar: “Más que una mala costumbre es una prueba atlética”, dice él. “¿Bullosas? ¿Superficiales? ¿Lanzadas? ¿Mostronas? Se cuecen habas en todos lados, dice Isabella, que defiende a “las caleñas de avanzada, contestatarias, aunque horroricen las mentes estrechas, poco acostumbradas a la franqueza”. Sobre su estilo y clase, sostiene la columna de la discordia que “caleña que se respete siempre viste blusa manga sisa de color vistoso, apretada y con escote que deja ver el brasier que es casi siempre de encaje, y lo más importante: color beige oscuro, parecido al champús”. Pero hasta su contoneo de caderas tiene su ciencia, según el diseñador Fernando Salazar: “Son las más femeninas del país. La cercanía con el Pacífico hace que la manera como sienten la vida sea más alegre, que sean más expresivas con su cuerpo y con su ropa, que caminen y bailen diferente”. Acusadas de usar los “‘jeans symbol’ y ‘magic up’” para aumentar sus curvas, las caleñas tienen defensora: la diseñadora Silvia Tcherassi. Dice que están entre sus clientas más elegantes y las admira por su estatura, porte, clase y gracia al caminar. El diseñador Salazar añade que el cliché sobre el estilo de las caleñas al vestir es argumento de “telenovela de horario ‘prime time’”. Para la muestra, una modelo de proyección internacional, Daniela Botero, imagen de CaliExposhow 2011, totalmente distante del estereotipo de la caleña voluptuosa y mostrona. “En el Valle tenemos a los mejores cirujanos plásticos, pero eso no nos convierte en operadas. Somos deportistas por naturaleza, nos encanta cuidarnos y comemos muy sano”, dice Daniela. Ante otras afirmaciones fuertes contra las caleñas, las protestas no se hicieron esperar. Como las de la presentadora y empresaria Carolina Cruz, quien no se siente identificada con los estereotipos de “aletosas”, “lobas” y “fáciles” que les atribuye a las caleñas la columnista. Daniel Samper Ospina, director de dicha revista, ha dicho que “esta clase de artículos hay que saberlos leer” y que es una columna vieja que hay que olvidar. Así le respondió vía Twitter al periodista caleño Juan Carlos España, quien cuestionó, como tantos otros, la pertinencia de artículos provocadores que agranden la brecha entre regiones.

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